Líderes invisibles
El alperovichismo intentó pasar inadvertido el 8N, pero fue puesto en la picota. La oposición no la sacó mejor: fue ninguneada. La reforma, briosa antes del viaje a Dubai, podría archivarse. La inseguridad sigue siendo materia pendiente. La gente abre un camino sin dirigencia Federico van Mameren | LA GACETA fmameren@lagaceta.com.ar
El jueves pasado, cuando las calles de las ciudades se fueron despoblando, empezaron las mil y una interpretaciones de los mensajes que quedaron esparcidos en las plazas de todo el país.
La gran madurez demostrada por toda la sociedad para sobrellevar alegrías, broncas, frustraciones y esperanzas con hidalguía y respeto. El 8N ayudó a desentrañar que se puede estar en favor o en contra y decirlo sin que pase nada.
A los políticos -para ellos fue el mensaje central de los ciudadanos- les deben haber quedado anotados en la agenda una serie de temas que reclaman atención más rápido que otros.
Cada una de esas preocupaciones dejó a opositores y oficialistas pensando que una de las llaves para el futuro es la re-reelección. Sostener el modelo -convicción que ratificó la Presidenta, el día después- o cambiarlo está atado, antes que nada, a la reforma constitucional que podría habilitar una reelección indefinida de los jefes de gobierno. La "re-re" es un tema tanto nacional como provincial.
A los pies del Obelisco o a la vuelta de la estatua de la Libertad en la plaza Independencia se declamó la necesidad de respetar la Constitución y ello lleva intrínseco un no a la "re-re". Avanzar con la reforma de la Carta Magna para la perpetuación en el poder de algunas figuras va a ser más difícil después de la marcha del 8N.
En Tucumán, los manifestantes tenían puesta la mirada -y la protesta- sobre el Gobierno nacional y prácticamente obviaron al mandatario tucumano. No obstante, dejaron el mensaje de que un intento reformista no le augura tranquilidad a José Alperovich. Pero esta idea fuerza que se materializó el jueves pasado indigesta a muchos legisladores e intendentes, y al mismísimo Alperovich. Los que quedan afuera de la reelección empiezan a perder la voz de mando. El poder se les diluye como agua entre las manos a medida que se acerca el fin del mandato.
Todo es exactamente a la inversa para Beatriz Rojkés de Alperovich, para el ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur y para Domingo Amaya, quienes el jueves deben haber tenido sentimientos encontrados. Cualquiera de los tres podría terminar ocupando el lugar más alto del poder en Tucumán.
La "re-re" no es el único tema que salió a la palestra. La inflación fue otro de los argumentos que se blandieron para salir a la calle. La queja fue contra Cristina Fernández de Kirchner, pero Alperovich no puede salir indemne de ese reclamo. Él mismo se preocupa por quedar pegado a la Presidenta cada vez que puede y en esta cuestión no puede mirar para otro lado, aunque él pueda pensar lo contrario.
La seguridad y la profundización de la agresividad de la droga fueron dos puntos débiles en la gestión nacional y especialmente en la provincial.
En Tucumán, el alperovichismo buscó hacerse invisible para que el 8N pasara sin pena ni gloria para la provincia. En todo caso era un problema de la Nación. Se equivocaron los hombres y las mujeres que siguen a José. Todo estuvo organizado para apuntar a la Presidenta, pero Alperovich también fue puesto en la picota. Ni el viaje a Dubai le sirvió para pasar inadvertido. Para peor, desde la Casa Rosada no van a ver con buenos ojos esta ausencia en un momento crítico.
Quedó una palabra en las calles. La peor de todas porque es la que más daña: miedo. Esta sensación que además viene asociada a las noches luctuosas y a los días oscuros de épocas violentas del país, paraliza o despierta incertidumbre y violencia. Sin embargo, la protesta deja al descubierto que la multitud está perdiendo el miedo a lo que dice temerle. Por eso no llamó la atención que por la plaza Independencia dieran vueltas y pusieran su cara algunos empresarios que suelen protestar en voz baja, pero que jamás levantan la voz pública porque les tienen terror a los inspectores de Rentas o a las represalias del Ejecutivo. A ellos, en estos nueve años, les venía dando resultado pasar inadvertidos; este jueves cambiaron de parecer.
Reelección, inflación, inseguridad, droga y miedos es un combo desagradable para cualquiera. Los que salieron a la calle fueron contundentes. Cristina jamás aceptará públicamente nada que la haga retroceder en sus pasos, pero sabe que se han encendido luces amarillas y que hay que circular con precaución hasta que pueda retomar la ruta y circular tranquila. La oposición, en cambio, sigue recibiendo un mensaje complicado, porque la gente la ha ninguneado. Así como la Presidenta elige la cadena nacional para decir lo que le parece, las clases media y alta que protestaron el jueves obviaron totalmente a la dirigencia política de la oposición. Podrán haber habido ayudas y acompañamientos, pero sus líderes no pudieron poner la cara.
El 9N y el 10N
El kirchnerismo se desesperó el día después para despotricar y marcar las contradicciones en la oposición y para minimizar la potencia de las marchas. Lo cierto es que ni falta hacía, porque los dirigentes opositores pueden haber sentido beneplácito con la masividad, pero la brújula no les indica hacia dónde ir. Tanto es así que el debate mayor sobre lo ocurrido ignoró a los líderes y se instaló en las redes sociales que estuvieron al rojo vivo durante el 9N y el 10N. Está claro que las nuevas generaciones no se dejan llevar como rebaños ni confían mucho en las promesas. Sólo les preocupa diseccionar cada hecho hasta la médula. Por eso aún no hay quien capitalice el 8N ni tampoco aparece el líder que discuta el poder al oficialismo.
El camino lo ha abierto la gente sin dirigentes.
Lectora 2001
Ese jueves, después de la marcha y antes de que den las 12 campanadas, una lectora vinculada al turismo confesaba -a través de un e-mail- su alegría por haber ido a la plaza. "Lo único que lamento es que no encontré ningún político. Me hubiera encantado cruzarme con alguno para decirle unas cuantas cosas. Pero muy educadamente", aclaró.
El 2001 pasó hace más de una década, por eso es importante que aquellos a los que se les delegaron las responsabilidades se preocupen por descifrar y responder los mensajes sociales.
Marchando por Dubai
En Dubai los que marchan tampoco tienen líderes, son líderes, que optaron por hacer realidad aquella novela de H.G. Wells donde el protagonista encontraba la forma de volverse invisible. Cuando el gobernador Alperovich y la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich y sus compañeros de descanso (Carlos Rojkés, el senador Sergio Mansilla, el ministro Osvaldo Jaldo y el súper ministro Jorge Gassenbauer) estén de vuelta en Tucumán lo peor ya habrá pasado. El 8N ya tendrá sesudas conclusiones entre los asesores del matrimonio. Las posibilidades de pasar papelones o quedar mal parados con la Nación -preocupación principal- se habrá reducido al mínimo. No obstante, el escenario político será diferente al que dejaron la semana pasada. Los radicales se sienten fortalecidos después de la audiencia pública en la que apuntaron contra el titular del Epret, Sergio Sánchez, a quien lo hicieron quedar muy mal al pedir que no se haga la planta transformadora de calle Ayacucho. Por otra parte, cuando se tomaron el buque aéreo la reforma para lograr una nueva reelección había tomado fuerza. Ahora, después de la manifestación popular del jueves pasado, da la sensación de que la "re-re" va a quedar guardada en el arcón de los recuerdos. La gran oportunidad de hacerla la perdió el propio Alperovich cuando levantó el pie del acelerador en diciembre del año pasado, cuando estaba todo listo para realizarla. Ahora, mientras vaya observando cómo se le puede diluir su poder, tendrá que empezar a decidir quién lo sucederá.
Aunque no estuvo en la provincia, Alperovich sabe que la seguridad y las cuestiones vinculadas a la droga siguen siendo temas que no pueden controlar y, lo que es peor, no sabe cómo. Esta semana el ministro de Seguridad, Mario López Herrera, siguió entregando cámaras para que en el interior vean de otra manera a los delincuentes. También repartió medio centenar de celulares para que llamen a la Policía. En una sociedad "hipercelularizada" no parece la solución más acertada cuando los vecinos esperan que los delitos se eviten y que no haya que llamar a los efectivos, o en todo caso, esperan que los llamados sean atendidos y los agentes lleguen a tiempo.
Los nuevos tiempos virtuales han ayudado a canalizar un descontento a través de una convocatoria cuyo líder es invisible. La oposición sabe que tiene o puede conducir una masa de gente pero esa persona es invisible o no existe. El gobernador de Tucumán ha optado porque no se lo vea en estos días. Ya es hora de que se empiecen a ver, aunque los costos sean perder votos.
La gran madurez demostrada por toda la sociedad para sobrellevar alegrías, broncas, frustraciones y esperanzas con hidalguía y respeto. El 8N ayudó a desentrañar que se puede estar en favor o en contra y decirlo sin que pase nada.
A los políticos -para ellos fue el mensaje central de los ciudadanos- les deben haber quedado anotados en la agenda una serie de temas que reclaman atención más rápido que otros.
Cada una de esas preocupaciones dejó a opositores y oficialistas pensando que una de las llaves para el futuro es la re-reelección. Sostener el modelo -convicción que ratificó la Presidenta, el día después- o cambiarlo está atado, antes que nada, a la reforma constitucional que podría habilitar una reelección indefinida de los jefes de gobierno. La "re-re" es un tema tanto nacional como provincial.
A los pies del Obelisco o a la vuelta de la estatua de la Libertad en la plaza Independencia se declamó la necesidad de respetar la Constitución y ello lleva intrínseco un no a la "re-re". Avanzar con la reforma de la Carta Magna para la perpetuación en el poder de algunas figuras va a ser más difícil después de la marcha del 8N.
En Tucumán, los manifestantes tenían puesta la mirada -y la protesta- sobre el Gobierno nacional y prácticamente obviaron al mandatario tucumano. No obstante, dejaron el mensaje de que un intento reformista no le augura tranquilidad a José Alperovich. Pero esta idea fuerza que se materializó el jueves pasado indigesta a muchos legisladores e intendentes, y al mismísimo Alperovich. Los que quedan afuera de la reelección empiezan a perder la voz de mando. El poder se les diluye como agua entre las manos a medida que se acerca el fin del mandato.
Todo es exactamente a la inversa para Beatriz Rojkés de Alperovich, para el ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur y para Domingo Amaya, quienes el jueves deben haber tenido sentimientos encontrados. Cualquiera de los tres podría terminar ocupando el lugar más alto del poder en Tucumán.
La "re-re" no es el único tema que salió a la palestra. La inflación fue otro de los argumentos que se blandieron para salir a la calle. La queja fue contra Cristina Fernández de Kirchner, pero Alperovich no puede salir indemne de ese reclamo. Él mismo se preocupa por quedar pegado a la Presidenta cada vez que puede y en esta cuestión no puede mirar para otro lado, aunque él pueda pensar lo contrario.
La seguridad y la profundización de la agresividad de la droga fueron dos puntos débiles en la gestión nacional y especialmente en la provincial.
En Tucumán, el alperovichismo buscó hacerse invisible para que el 8N pasara sin pena ni gloria para la provincia. En todo caso era un problema de la Nación. Se equivocaron los hombres y las mujeres que siguen a José. Todo estuvo organizado para apuntar a la Presidenta, pero Alperovich también fue puesto en la picota. Ni el viaje a Dubai le sirvió para pasar inadvertido. Para peor, desde la Casa Rosada no van a ver con buenos ojos esta ausencia en un momento crítico.
Quedó una palabra en las calles. La peor de todas porque es la que más daña: miedo. Esta sensación que además viene asociada a las noches luctuosas y a los días oscuros de épocas violentas del país, paraliza o despierta incertidumbre y violencia. Sin embargo, la protesta deja al descubierto que la multitud está perdiendo el miedo a lo que dice temerle. Por eso no llamó la atención que por la plaza Independencia dieran vueltas y pusieran su cara algunos empresarios que suelen protestar en voz baja, pero que jamás levantan la voz pública porque les tienen terror a los inspectores de Rentas o a las represalias del Ejecutivo. A ellos, en estos nueve años, les venía dando resultado pasar inadvertidos; este jueves cambiaron de parecer.
Reelección, inflación, inseguridad, droga y miedos es un combo desagradable para cualquiera. Los que salieron a la calle fueron contundentes. Cristina jamás aceptará públicamente nada que la haga retroceder en sus pasos, pero sabe que se han encendido luces amarillas y que hay que circular con precaución hasta que pueda retomar la ruta y circular tranquila. La oposición, en cambio, sigue recibiendo un mensaje complicado, porque la gente la ha ninguneado. Así como la Presidenta elige la cadena nacional para decir lo que le parece, las clases media y alta que protestaron el jueves obviaron totalmente a la dirigencia política de la oposición. Podrán haber habido ayudas y acompañamientos, pero sus líderes no pudieron poner la cara.
El 9N y el 10N
El kirchnerismo se desesperó el día después para despotricar y marcar las contradicciones en la oposición y para minimizar la potencia de las marchas. Lo cierto es que ni falta hacía, porque los dirigentes opositores pueden haber sentido beneplácito con la masividad, pero la brújula no les indica hacia dónde ir. Tanto es así que el debate mayor sobre lo ocurrido ignoró a los líderes y se instaló en las redes sociales que estuvieron al rojo vivo durante el 9N y el 10N. Está claro que las nuevas generaciones no se dejan llevar como rebaños ni confían mucho en las promesas. Sólo les preocupa diseccionar cada hecho hasta la médula. Por eso aún no hay quien capitalice el 8N ni tampoco aparece el líder que discuta el poder al oficialismo.
El camino lo ha abierto la gente sin dirigentes.
Lectora 2001
Ese jueves, después de la marcha y antes de que den las 12 campanadas, una lectora vinculada al turismo confesaba -a través de un e-mail- su alegría por haber ido a la plaza. "Lo único que lamento es que no encontré ningún político. Me hubiera encantado cruzarme con alguno para decirle unas cuantas cosas. Pero muy educadamente", aclaró.
El 2001 pasó hace más de una década, por eso es importante que aquellos a los que se les delegaron las responsabilidades se preocupen por descifrar y responder los mensajes sociales.
Marchando por Dubai
En Dubai los que marchan tampoco tienen líderes, son líderes, que optaron por hacer realidad aquella novela de H.G. Wells donde el protagonista encontraba la forma de volverse invisible. Cuando el gobernador Alperovich y la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich y sus compañeros de descanso (Carlos Rojkés, el senador Sergio Mansilla, el ministro Osvaldo Jaldo y el súper ministro Jorge Gassenbauer) estén de vuelta en Tucumán lo peor ya habrá pasado. El 8N ya tendrá sesudas conclusiones entre los asesores del matrimonio. Las posibilidades de pasar papelones o quedar mal parados con la Nación -preocupación principal- se habrá reducido al mínimo. No obstante, el escenario político será diferente al que dejaron la semana pasada. Los radicales se sienten fortalecidos después de la audiencia pública en la que apuntaron contra el titular del Epret, Sergio Sánchez, a quien lo hicieron quedar muy mal al pedir que no se haga la planta transformadora de calle Ayacucho. Por otra parte, cuando se tomaron el buque aéreo la reforma para lograr una nueva reelección había tomado fuerza. Ahora, después de la manifestación popular del jueves pasado, da la sensación de que la "re-re" va a quedar guardada en el arcón de los recuerdos. La gran oportunidad de hacerla la perdió el propio Alperovich cuando levantó el pie del acelerador en diciembre del año pasado, cuando estaba todo listo para realizarla. Ahora, mientras vaya observando cómo se le puede diluir su poder, tendrá que empezar a decidir quién lo sucederá.
Aunque no estuvo en la provincia, Alperovich sabe que la seguridad y las cuestiones vinculadas a la droga siguen siendo temas que no pueden controlar y, lo que es peor, no sabe cómo. Esta semana el ministro de Seguridad, Mario López Herrera, siguió entregando cámaras para que en el interior vean de otra manera a los delincuentes. También repartió medio centenar de celulares para que llamen a la Policía. En una sociedad "hipercelularizada" no parece la solución más acertada cuando los vecinos esperan que los delitos se eviten y que no haya que llamar a los efectivos, o en todo caso, esperan que los llamados sean atendidos y los agentes lleguen a tiempo.
Los nuevos tiempos virtuales han ayudado a canalizar un descontento a través de una convocatoria cuyo líder es invisible. La oposición sabe que tiene o puede conducir una masa de gente pero esa persona es invisible o no existe. El gobernador de Tucumán ha optado porque no se lo vea en estos días. Ya es hora de que se empiecen a ver, aunque los costos sean perder votos.







