11 Noviembre 2012 Seguir en 
Las ampliaciones de una línea de producción de una fábrica de disyuntores en Bella Vista y de las nuevas infraestructuras de una embotelladora de gaseosas en El Manantial han permitido conocer de primera mano la visión y el pensamiento de la Presidenta de la Nación y de la ministra de Industria sobre la situación de la economía y la industria nacional. La jefa de Estado habló a través de una videoconferencia y la responsable de la cartera de Industria estuvo de visita en nuestra provincia y recorrió varias empresas. "A diferencia de los años 90 cuando la renta financiera era utilizada como método de expansión y acumulación, hoy, la Argentina basa su actividad en la economía real, genera protección social y tiene como eje de crecimiento profundizar el modelo de reindustrialización para crear más y mejores empleos", planteó la presidenta Cristina Fernández, a través de un mensaje por videoconferencia, al dejar inaugurada las nuevas instalaciones de la compañía de origen sueco-suizo ABB Group, que está radicada en el este tucumano y que es una de las líder en tecnologías eléctricas y de automatización.
La ministra Débora Giorgi, comparó a la industria actual, "sólida, diversificada y competitiva", con la "destrucción del aparato productivo en la década neoliberal, cuando la Argentina sufrió una baja del 6% anual promedio de la industria y la desaparición de 13.000 empresas industriales". Aseguró también que "los empresarios invierten en el país porque es rentable, atractivo y por el mercado interno pujante que tenemos". La funcionaria habló desde la planta de Arca Continental -la segunda embotelladora de Coca-Cola más grande de América Latina, de capitales mexicanos-, ubicada a la salida de San Miguel de Tucumán, por la ruta 38.
Con inversiones de $45 millones en Bella Vista y $190 millones en El Manantial, ambas empresas incrementarán sus actividades (ABB destina el 60% de su producción a la exportación y Arca consolida su presencia en el mercado interno), modernizarán sus plantas e incrementarán el personal. Está claro que se tratan de emprendimientos auspiciosos, importantes para Tucumán y de valor en la perspectiva general de la economía, aunque también debe decirse que el mensaje transmitido se pareció bastante a una versión edulcorada de la realidad, a tal punto que no fueron planteadas la difícil problemática que atraviesa el sector, derivada de la propia gestión oficial. La Presidenta y la ministra han omitido referirse a las trabas a las importaciones que el Gobierno implementa y que dificulta el desenvolvimiento de las industrias, a la progresiva pérdida de competitividad por el atraso cambiario, además de los trastornos que provoca la escalada inflacionaria -negada torpemente-, a la caída que viene experimentando el sector este año y al cepo cambiario. Es que la falta de autocrítica y la sobrevaloración de las iniciativas conducen a desatinos institucionales.
La Presidenta y la jefa de la cartera de Industria han presentado estos emprendimientos como un éxito de la gestión y los directivos de las compañías han explicitados sus mensajes en esa línea de confianza con el modelo. Sin entrar en valoraciones y comparaciones (las condiciones históricas y las coyunturas no tienen similitudes verdaderamente) este ciclo económico ha permitido a los gobiernos nacionales y provinciales administrar recursos como nunca antes que sirvieron para combatir la desocupación, la indigencia, la pobreza y las grietas sociales. Pero lo que ha ido quedando en entredicho es la sustentabilidad y el destino del modelo, en especial, el lugar estratégico que se busca para la industria, en un mundo cada vez más integrado, demandante y convergente. Una serie de incertidumbres han alejado a la Argentina del boom de inversión extranjera en la región, realidad que no puede soslayarse a pesar algunas operaciones de circunstancias. Reconocer cabalmente la situación es un atributo de responsabilidad.
La ministra Débora Giorgi, comparó a la industria actual, "sólida, diversificada y competitiva", con la "destrucción del aparato productivo en la década neoliberal, cuando la Argentina sufrió una baja del 6% anual promedio de la industria y la desaparición de 13.000 empresas industriales". Aseguró también que "los empresarios invierten en el país porque es rentable, atractivo y por el mercado interno pujante que tenemos". La funcionaria habló desde la planta de Arca Continental -la segunda embotelladora de Coca-Cola más grande de América Latina, de capitales mexicanos-, ubicada a la salida de San Miguel de Tucumán, por la ruta 38.
Con inversiones de $45 millones en Bella Vista y $190 millones en El Manantial, ambas empresas incrementarán sus actividades (ABB destina el 60% de su producción a la exportación y Arca consolida su presencia en el mercado interno), modernizarán sus plantas e incrementarán el personal. Está claro que se tratan de emprendimientos auspiciosos, importantes para Tucumán y de valor en la perspectiva general de la economía, aunque también debe decirse que el mensaje transmitido se pareció bastante a una versión edulcorada de la realidad, a tal punto que no fueron planteadas la difícil problemática que atraviesa el sector, derivada de la propia gestión oficial. La Presidenta y la ministra han omitido referirse a las trabas a las importaciones que el Gobierno implementa y que dificulta el desenvolvimiento de las industrias, a la progresiva pérdida de competitividad por el atraso cambiario, además de los trastornos que provoca la escalada inflacionaria -negada torpemente-, a la caída que viene experimentando el sector este año y al cepo cambiario. Es que la falta de autocrítica y la sobrevaloración de las iniciativas conducen a desatinos institucionales.
La Presidenta y la jefa de la cartera de Industria han presentado estos emprendimientos como un éxito de la gestión y los directivos de las compañías han explicitados sus mensajes en esa línea de confianza con el modelo. Sin entrar en valoraciones y comparaciones (las condiciones históricas y las coyunturas no tienen similitudes verdaderamente) este ciclo económico ha permitido a los gobiernos nacionales y provinciales administrar recursos como nunca antes que sirvieron para combatir la desocupación, la indigencia, la pobreza y las grietas sociales. Pero lo que ha ido quedando en entredicho es la sustentabilidad y el destino del modelo, en especial, el lugar estratégico que se busca para la industria, en un mundo cada vez más integrado, demandante y convergente. Una serie de incertidumbres han alejado a la Argentina del boom de inversión extranjera en la región, realidad que no puede soslayarse a pesar algunas operaciones de circunstancias. Reconocer cabalmente la situación es un atributo de responsabilidad.







