La falta de agua, un viejo problema en Tucumán

10 Noviembre 2012
Con la llegada de las altas temperaturas amplios sectores de la población de Tucumán comienzan a vivir un drama que lamentablemente se viene repitiendo en estos últimos años: la escasez de agua potable. La problemática es particularmente crítica en lugares de Yerba Buena, San Javier, Raco, Tafí Viejo, en gran cantidad de barrios de nuestra capital y en otras zonas del interior. Imágenes, crónicas y videos en los que cientos de vecinos que buscan obtener el preciado líquido elemento ante la interrupción del suministro en sus domicilios, incluso hasta en horas de la madrugada, han ocupado profusamente las páginas de papel y la web de LA GACETA y de otros medios de comunicación en estas últimas semanas. El derroche de agua por parte de cientos de vecinos (una lamentable práctica de irresponsabilidad e insolidaridad que no viene teniendo solución), la precariedad, destrucción y obsolescencia de las cañerías, el elevado calor de esta época del año, el agotamiento de la mayoría de los pozos abastecedores, los problemas de suministros de energía eléctrica que muchas veces sufren daños por las tormentas, junto a una evidente falta de estrategia y planificación para la construcción de obras hídricas que incremente la provisión de agua en Tucumán, más el desarrollo urbanístico en gran medida desordenado y descontrolado conforman un cóctel de dramáticas consecuencias que impone serios padecimientos a miles de tucumanos.

El servicio de operación, provisión y mantenimiento del agua potable está a cargo de una empresa del Estado provincial: Sociedad Aguas del Tucumán (SAT). La compañía está desarrollando un plan de inversiones y de gestión para reconstruir, renovar y ampliar la red de provisión, mejorar la capacidad de la planta potabilizadora de El Cadillal y habilitar otras, repotenciar los pozos existentes, entre otros trabajos.

Los expertos han advertido no sólo respecto de la vejez de la red, sino que han hecho hincapié en la necesidad de impulsar una estrategia para el uso racional del agua, tanto en las viviendas como en la agricultura y en las industrias. Han hecho saber reiteradamente que el dique El Cadillal, el principal abastecedor del recurso para el Gran San Miguel de Tucumán, ya perdió entre el 40 y el 50 % de su capacidad, y que se hace necesario preservarlo y extender su vida útil, además de reclamar el mantenimiento y las reconstrucciones para los otros embalses proveedores: Escaba, El Cajón y Los Pizarros. Aunque no existe una opinión uniforme respecto de la construcción del dique Potrero de Las Tablas -más por una cuestión de oportunidad, y no sobre la importancia de la obra- no dejan de insistir en la necesidad de implementar un nuevo planeamiento hídrico y un régimen de aguas integral para todo el territorio tucumano.

Acaso sea posible revertir los malos usos mediante la implementación de medidores, o del reciclado del líquido usado y hasta modificar las técnicas de riego en la agricultura. Pero lo que está más claro es que la SAT debe redoblar sus esfuerzos para resolver los colapsos de la coyuntura, incrementar la oferta y apurar las obras de infraestructura en marcha. Se ha relevado que en algunas vecindades de Tucumán se utiliza 650 litros de gua por día, cuando la Organización Mundial de la Salud establece como adecuada una marca de apenas 300. Ese informe sobre la irresponsabilidad del uso debiera ser un disparador suficiente para encarar un cambio drástico de comportamientos y políticas.

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