Aleardo F. Laría - Columnista de DyN
BUENOS AIRES.- La convocatoria al 8N ha sido una iniciativa lanzada desde las redes sociales. Se trata de plataformas virtuales, como Facebook y Twitter, en la que ciudadanos de diversas ideologías y extracción política intercambian opiniones. Excepcionalmente, cuando se alcanza suficiente "masa crítica" alrededor de un tema o un problema, se atreven a lanzar una convocatoria. Como no se está en presencia de un espacio homogéneo, similar al que tradicionalmente han venido representando los partidos políticos, surgen dudas acerca del significado y el alcance político que pueden llegar a tener estas convocatorias.
Los ultrakirchneristas reaccionaron frente a una iniciativa que venía a disputar el control sobre la "plaza pública" -que desde siempre el populismo entendió como su propiedad- ha sido la destemplanza. Como expresión representativa de esta mirada, valen las palabras del locuaz senador Aníbal Fernández, quien aseguró que el 8N "lo organizan sectores ligados a la extrema derecha". Un burdo intento de descalificación. Desde sectores intelectuales, no oficialistas, ha surgido la preocupación de que estas manifestaciones, más allá de las sanas intenciones, puedan ser instrumentadas hacia una postura "antipolítica", sustentada por aquellos que piensan que todos los políticos "son corruptos e ineptos".
Otros, con similar escepticismo, consideran que estas protestas sólo sirven para expresar la frustración y la desesperanza de cada ciudadano. Sin embargo, en las circunstancias por las que atraviesa el país, cuando algunas instituciones sufren las presiones inauditas, como el Poder Judicial, o ante los intentos de usar la Ley de Medios para limitar el derecho a la libre expresión de las ideas; o frente al desvío de recursos públicos con fines partidistas, la protesta puede tener un efecto disuasorio. Es una clara advertencia que, si es leída correctamente, contribuirá a que el Gobierno tome conciencia de que traspasó ciertas líneas rojas. No debe extrañar a nadie, entonces, que haya una creciente masa ciudadana dispuesta a expresar su deseo de poner límites a los excesos del poder.









