Cuando el teléfono suena...

Por Fernando Stanich 08 Noviembre 2012
Aunque haya unos 14.000 kilómetros entre Dubai y Tucumán y siete horas de diferencia, ellos igual se pelean. Como esos matrimonios desgastados por la convivencia de años, el gobernador José Alperovich y el intendente, Domingo Amaya, ya ni siquiera conversan, pero igual encuentran motivos para pelearse.

El proyecto de titularización de unos 300 docentes municipales amenaza con dinamitar la tregua entre el jefe del oficialismo de la capital y el jefe del peronismo de la provincia. De hecho, el último encontronazo público lo tuvieron en agosto, cuando los amayistas denunciaron que el alperovichismo pretendía ahogarlos financieramente y no les había remitido parte de los fondos convenidos en el Pacto Social. En aquel momento, Alperovich tragó saliva y pidió disculpas.

Casi al mismo tiempo, el alfarismo salía al ruedo con su iniciativa para que todos los maestros de escuelas municipales sean confirmados en el cargo sin necesidad de rendir un concurso. Germán Alfaro, uno de los pocos referentes oficialistas que no habla con Alperovich desde hace casi un año y que no vota lo que el mandatario pide que se apruebe, fue cocinando a fuego lento un proyecto con aroma a campaña. De hecho, el sindicalista docente Carlos Arnedo integró el acople amayoalfarista y su gremio, la UDT, es el único que levanta la bandera del jubileo.

Y el escándalo, de una vez, explotó. La iniciativa no genera ningún gasto extra a la Municipalidad, pero sí un enorme rédito político para el amayismo. Ese es, según los aliados al intendente, la razón del freno que le impuso la Casa de Gobierno al proyecto. Es más, entre los ediles alperovichistas, que desde hace dos meses hacen malabares para eludir la discusión sobre este tema, circula la versión de que el propio Alperovich les dijo, hace un tiempo, que a "Alfaro no hay que darle nada". Y que, sumado a esto, "José" tampoco permitiría que el éxito de esa medida se lo lleve Arnedo, un dirigente que fue jurista y que ahora es amayista, pero que nunca fue alperovichista.

Alfaro, hábil para jugar a las escondidas, espera el tiempo que debe esperar. Sabe que, aunque la iniciativa no se convierta en ordenanza, él ya ganó porque entrampó a sus pares alperovichistas y al propio gobernador: será la Provincia la que deberá decir sí o no a la titularización, luego de "estudiar" que no viole el Pacto Social. Al menos, es la excusa que pusieron los ediles aliados al PE para no darle ayer dictamen en comisión.

En el medio, dicen que hubo llamadas desde y hacia Dubai. Según el alperovichismo, el hombre que hace lo que quiere, cuando quiere y porque quiere las cosas en Tucumán le mandó a decir al presidente del Concejo, el siempre dispuesto Ramón Cano, que le diga al intendente que los ocho concejales de su puño no votarán el proyecto. Y, como el Gobierno se jacta de su buena relación con parte de la oposición, que algunos ediles opositores se abstendrían en la votación. También aseguran los josesistas que el mensaje a Amaya llegó, y que por eso desde la Intendencia marcaron los dígitos necesarios para comunicarse con Dubai en la mañana del martes tucumano y la tarde árabe. Y que ante el único funcionario del PE con el que habla, el ministro Jorge Gassenbauer, Amaya se desligó del conflicto y aclaró que era una iniciativa del propio Alfaro.

En el alfarismo creen que el nuevo round se podría haber evitado si no hubiese intervenido el legislador Guillermo Gassenbauer, el nexo entre los ediles y la Casa de Gobierno y, según los amayistas, una suerte de concejal número 19. Por las dudas, ni en Dubai ni en San Miguel de Tucumán apagan los celulares. Pero aunque las líneas estén abiertas, hay 14.000 kilómetros de distancia y siete horas de diferencia. Lo que hay, entonces, es un teléfono descompuesto.

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