El populismo, visto como un motor del cambio
El filósofo afirma que se trata de una forma de construir lo político basada en interpelar a los de abajo frente a las estructuras de poder. Conforme con el modelo kirchnerista, dice que se revirtió la política regresiva de distribución del ingreso y que hoy hay una diversificación productiva en Argentina y en la región.
Defensor del modelo del kirchnerismo, el filósofo y teórico político Ernesto Laclau pasó por Tucumán el miércoles y dejó sembrado el debate. Por un lado presentó el tercer número de la revista "Debates y combates" y por otro dio que hablar con su definición de la oposición como "una especie de bolsa de gatos deshilachada". Laclau no tiene dudas sobre el modelo y ante las críticas tiene una visión por lo menos ecléctica. Es un convencido.
- ¿Cómo ve la figura de Kirchner, a dos años de su muerte?
- Creo que Kirchner fue el estadista de mayor envergadura que produjo el país en los últimos 50 años. Lo puedo decir en forma taxativa. El tenía una visión de largo plazo que no es frecuente encontrar en los políticos. Y su pérdida ha sido realmente irreparable en muchos sentidos, aunque Cristina está haciendo muy bien las cosas.
Recordemos lo que era la Argentina en 2003. Veníamos de una crisis aguda, la del 2001; pero además las dos décadas anteriores no habían sido particularmente exitosas. Los años 80 fueron los años perdidos y se cerraron con la crisis que acarreó el alejamiento de Alfonsín del poder; y después los 90 fueron de un liberalismo rampante. Creo que la continuidad de la política de Martínez de Hoz en los 90 es algo que todo el mundo percibía. Y después eso terminó en la debacle. Kirchner rompe con esa imagen y con esa política. Gracias a que esa política no se ha seguido es que estamos sorteando la crisis de modo relativamente indoloro.
Creo que la política económica argentina tiene ciertas bases claras. En primer lugar una política de redistribución del ingreso que es absolutamente notoria. En los 90 habíamos tenido una política de distribución del ingreso regresiva y que hoy se ha revertido. Por otro lado, hay una tendencia a la diversificación productiva, y eso no sólo es una característica de la Argentina, sino de todos los gobiernos nacionales y populares de la región.
- También hay una tendencia a la re-reelección. ¿No sería beneficiosa la alternancia?
- Si un proceso está bien encaminado, ¿por qué hay que alterarlo o alternarlo?
- Usted habla del "fetichismo institucionalista" que traba los cambios.
- Debe distinguirse entre las instituciones y el institucionalismo. Este es una ideología que sostiene que las instituciones son sacrosantas per se. Es decir que por el hecho de ser instituciones están justificadas. Pero es que las instituciones no son neutrales; son siempre la cristalización de una relación de fuerzas entre los grupos y por consiguiente cualquier proceso de cambio va a chocar con las formas institucionales. Eso no significa que haya que evitar el momento institucional, sino que hay que crear instituciones nuevas.
-Usted ha cuestionado a quienes se aferran al institucionalismo.
- No necesariamente. Una sociedad en la cual la distinción de cambio o ruptura popular no estuviera para nada presente es una sociedad que no cambia. Ese es el mal institucionalismo; pero al mismo tiempo una sociedad en la que sólo hubiera corte con el pasado sería una sociedad caótica y eso tampoco es posible. Hay que buscar la fórmula para lograr equilibrio entre el momento populista de la ruptura y el momento institucionalista de la continuidad.
- ¿Percibe que en este momento hay sectores con crispación?
- Siempre va a haber crispación. Mover al país en una cierta dirección va a causar que haya sectores que afectados.
Los conflictos en la sociedad son esenciales para el mantenimiento del equilibrio democrático. Una sociedad sin conflictos seria una sociedad completamente unilateral, lo cual no ayuda al desarrollo de la democracia. - El populismo, ¿es bueno o malo?- No creo que sea una ideología; es una construcción de lo político, que puede ser de ideologías más diversas, ya sean de izquierda o de derecha. El populismo es una forma de construir lo político que se basa en interpelar a los de abajo frente a las estructuras de poder existentes. Ahora, eso se puede hacer desde el fascismo, desde el maoísmo, desde el peronismo, desde el gaullismo. O sea que el populismo en sí mismo no es ni bueno ni malo; eso depende de cómo se va a implementar una política al servicio de qué objetivos. Lo que sí estoy convencido es que no puede haber ningún proyecto de cambio de largo aliento sin una cierta dosis de populismo, por lo que decíamos antes; porque a las instituciones hay que cuestionarlas muchas veces en aspectos sumamente decisivos. O sea que con el populismo yo creo que podemos decir lo mismo que decía Groucho Marx acerca del sexo: es algo que va estar con nosotros durante cierto tiempo.
- ¿Cómo ve la figura de Kirchner, a dos años de su muerte?
- Creo que Kirchner fue el estadista de mayor envergadura que produjo el país en los últimos 50 años. Lo puedo decir en forma taxativa. El tenía una visión de largo plazo que no es frecuente encontrar en los políticos. Y su pérdida ha sido realmente irreparable en muchos sentidos, aunque Cristina está haciendo muy bien las cosas.
Recordemos lo que era la Argentina en 2003. Veníamos de una crisis aguda, la del 2001; pero además las dos décadas anteriores no habían sido particularmente exitosas. Los años 80 fueron los años perdidos y se cerraron con la crisis que acarreó el alejamiento de Alfonsín del poder; y después los 90 fueron de un liberalismo rampante. Creo que la continuidad de la política de Martínez de Hoz en los 90 es algo que todo el mundo percibía. Y después eso terminó en la debacle. Kirchner rompe con esa imagen y con esa política. Gracias a que esa política no se ha seguido es que estamos sorteando la crisis de modo relativamente indoloro.
Creo que la política económica argentina tiene ciertas bases claras. En primer lugar una política de redistribución del ingreso que es absolutamente notoria. En los 90 habíamos tenido una política de distribución del ingreso regresiva y que hoy se ha revertido. Por otro lado, hay una tendencia a la diversificación productiva, y eso no sólo es una característica de la Argentina, sino de todos los gobiernos nacionales y populares de la región.
- También hay una tendencia a la re-reelección. ¿No sería beneficiosa la alternancia?
- Si un proceso está bien encaminado, ¿por qué hay que alterarlo o alternarlo?
- Usted habla del "fetichismo institucionalista" que traba los cambios.
- Debe distinguirse entre las instituciones y el institucionalismo. Este es una ideología que sostiene que las instituciones son sacrosantas per se. Es decir que por el hecho de ser instituciones están justificadas. Pero es que las instituciones no son neutrales; son siempre la cristalización de una relación de fuerzas entre los grupos y por consiguiente cualquier proceso de cambio va a chocar con las formas institucionales. Eso no significa que haya que evitar el momento institucional, sino que hay que crear instituciones nuevas.
-Usted ha cuestionado a quienes se aferran al institucionalismo.
- No necesariamente. Una sociedad en la cual la distinción de cambio o ruptura popular no estuviera para nada presente es una sociedad que no cambia. Ese es el mal institucionalismo; pero al mismo tiempo una sociedad en la que sólo hubiera corte con el pasado sería una sociedad caótica y eso tampoco es posible. Hay que buscar la fórmula para lograr equilibrio entre el momento populista de la ruptura y el momento institucionalista de la continuidad.
- ¿Percibe que en este momento hay sectores con crispación?
- Siempre va a haber crispación. Mover al país en una cierta dirección va a causar que haya sectores que afectados.
Los conflictos en la sociedad son esenciales para el mantenimiento del equilibrio democrático. Una sociedad sin conflictos seria una sociedad completamente unilateral, lo cual no ayuda al desarrollo de la democracia. - El populismo, ¿es bueno o malo?- No creo que sea una ideología; es una construcción de lo político, que puede ser de ideologías más diversas, ya sean de izquierda o de derecha. El populismo es una forma de construir lo político que se basa en interpelar a los de abajo frente a las estructuras de poder existentes. Ahora, eso se puede hacer desde el fascismo, desde el maoísmo, desde el peronismo, desde el gaullismo. O sea que el populismo en sí mismo no es ni bueno ni malo; eso depende de cómo se va a implementar una política al servicio de qué objetivos. Lo que sí estoy convencido es que no puede haber ningún proyecto de cambio de largo aliento sin una cierta dosis de populismo, por lo que decíamos antes; porque a las instituciones hay que cuestionarlas muchas veces en aspectos sumamente decisivos. O sea que con el populismo yo creo que podemos decir lo mismo que decía Groucho Marx acerca del sexo: es algo que va estar con nosotros durante cierto tiempo.
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