17 Septiembre 2003 Seguir en 
Buenos Aires.- Sólidas actuaciones, escenas de alto impacto y una lograda carga poética constituyeron el trípode sobre el que se apoyó el capítulo inaugural de la miniserie "Sol negro", que el lunes comenzó a emitirse por América.
El producto, una nueva entrega de la productora Ideas del Sur (de Marcelo Tinelli), continuó la estética inaugurada por dos de sus otras realizaciones como "Okupas" y "Tumberos", pero adosándole atracciones propias ligadas, aparentemente, al volumen de producción en relación con la primera de ellas y con la solidez del relato en comparación con la trama carcelaria.
El primero de los 13 capítulos previstos sirvió para presentar la historia de Ramiro Bustos (Rodrigo de la Serna), un neurótico millonario que, tras ser artífice de un trágico accidente de tránsito en que muere su mejor amigo, como corolario de una desbordada fiesta de cumpleaños, es depositado en un neuropsiquiátrico como alternativa mejor a caer en prisión.
La llegada del joven al lugar genera una gran agitación entre los internos, no sólo porque se trata de un extraño, sino porque provoca que uno de ellos, Marito (el más mimado por el Lito compuesto por Carlos Belloso), deba cambiar de grupo de tratamiento.
De alguna manera, el rol de Bustos jugó el mismo papel que el personaje de Ulises Parodi que Germán Palacios animó en "Tumberos", al constituirse en una suerte de invasor, de aquel que aporta la mirada ajena y la de la mayoría de los televidentes a ese mundo con leyes propias y desconocidas. Pese a las características sórdidas de un manicomio, la trama no se regodeó en lo escabroso sino que priorizó la intensidad de un relato que, subrayado por los logrados efectos de sonido, alcanzó una carga poética verdaderamente transgresora en la lógica de la pantalla chica local. Pero además del dinámico guión y del gran despliegue de producción, "Sol negro" se sustentó en un notable elenco. (Télam)
El producto, una nueva entrega de la productora Ideas del Sur (de Marcelo Tinelli), continuó la estética inaugurada por dos de sus otras realizaciones como "Okupas" y "Tumberos", pero adosándole atracciones propias ligadas, aparentemente, al volumen de producción en relación con la primera de ellas y con la solidez del relato en comparación con la trama carcelaria.
El primero de los 13 capítulos previstos sirvió para presentar la historia de Ramiro Bustos (Rodrigo de la Serna), un neurótico millonario que, tras ser artífice de un trágico accidente de tránsito en que muere su mejor amigo, como corolario de una desbordada fiesta de cumpleaños, es depositado en un neuropsiquiátrico como alternativa mejor a caer en prisión.
La llegada del joven al lugar genera una gran agitación entre los internos, no sólo porque se trata de un extraño, sino porque provoca que uno de ellos, Marito (el más mimado por el Lito compuesto por Carlos Belloso), deba cambiar de grupo de tratamiento.
De alguna manera, el rol de Bustos jugó el mismo papel que el personaje de Ulises Parodi que Germán Palacios animó en "Tumberos", al constituirse en una suerte de invasor, de aquel que aporta la mirada ajena y la de la mayoría de los televidentes a ese mundo con leyes propias y desconocidas. Pese a las características sórdidas de un manicomio, la trama no se regodeó en lo escabroso sino que priorizó la intensidad de un relato que, subrayado por los logrados efectos de sonido, alcanzó una carga poética verdaderamente transgresora en la lógica de la pantalla chica local. Pero además del dinámico guión y del gran despliegue de producción, "Sol negro" se sustentó en un notable elenco. (Télam)







