Los episodios de violencia en la escuela

29 Octubre 2012
La realidad siempre refleja lo que está sucediendo en el seno de la sociedad. A menudo asume distintos ropajes y está presente en la vida cotidiana en mayor o menor medida. La violencia es inherente al ser humano y se convierte en noticia cuando sale a la luz. En el ámbito escolar, aunque son pocos los episodios que trascienden, no significa que no suceden. Hace unos días, en una escuela de Los Pocitos, una maestra de Matemáticas y Ciencias Sociales fue atacada por un chico de 13 años y luego amenazada por su madre.

La docente dijo que con un caño de PVC, el alumno intimidaba al resto de sus compañeros. Al intentar quitárselo, hubo un forcejeo y a la vista de los presentes, el chico le pegó una trompada en la nariz y le lastimó el labio superior. La maestra contó que el chico abre las mochilas de otros para dejar objetos robados. El agresor permaneció en la escuela hasta que llegó su madre que también amenazó a la maestra. La Policía informó que el menor tiene antecedentes por agresiones.

En un intento por encontrar un abordaje a este problema social, la Cátedra de Estrategias de Prevención Psicológica, de la Facultad de Psicología de la UNT, trabajó sobre la prevención con instituciones públicas y privadas de Yerba Buena. El equipo de profesionales indicó que el acto de violencia expresa lo que no se puede decir con palabras. La agresión física suele ser el punto de llegada de un camino que se inició mucho antes y que no ha sido registrado. Si un chico es violento es porque ha sufrido violencia previamente. Una de las integrantes del equipo comentó que cuando alumnos, docentes, directivos y funcionarios conceptualizaron la violencia, la sintetizaron en tres palabras: discriminación, intolerancia e indiferencia. Los especialistas hablan de la falta de límites a los chicos en el hogar. Uno de ellos indicó que muchos adultos viven como adolescentes, ensimismados. "Sus ideales pasan por la belleza, el dinero y el éxito, y no hay un trayecto de búsqueda, esfuerzo y construcción. Se quiere el éxito... y se lo quiere ya. En ese contexto, el saber que es lo que los maestros deberían poder transmitir, ha dejado de ser un valor", dijo.

La crisis de valores se ve reflejada en que el respeto por el educador ha entrado en franco retroceso. Décadas atrás era impensado que un padre fuese a amenazar o a golpear a un docente porque este hubiese reprobado o sancionado a su hijo. La sociedad se ha vuelto cada vez más materialista, superficial, competitiva y agresiva. La subsistencia cada vez más difícil lleva a los padres a estar ausentes del hogar varias horas. Sensaciones de desamor, de soledad, de angustia, desorientación, de ausencia de diálogo familiar, de estímulo, de exclusión pueden ser resortes de acciones violentas, y más aún si los niños viven en un ámbito familiar de agresión constante. El exceso o la ausencia de autoridad son también causas de la violencia.

Un primer paso para comenzar a trabajar este problema es aceptar que ocurre en la escuela. La negación lleva a que el fenómeno siga creciendo silenciosamente hasta estallar en algún momento. Es como tirar la tierra bajo la alfombra. Vivimos una realidad en constante crispación, que se vuelve cada vez más intolerante porque no se escucha al otro; se trata de imponer la propia verdad a través de la descalificación, de la agresión, de la prepotencia. Si los adultos se comportan de ese modo, ¿qué se puede esperar de los chicos?

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