Los comedores barriales y la educación

26 Octubre 2012
La frase "La unión hace la fuerza" a fuerza de ser tan repetida y tan poco llevada a la práctica, en particular en nuestro país, corre el riesgo de perder su significado profundo. Afortunadamente, hay muchas excepciones a la regla y tienen que ver con juntarse y caminar hacia un objetivo común, hacia el bienestar. Las acciones conjuntas promueven la solidaridad y permiten enfrentar las adversidades que cualquier índole. Seguramente ello descubrieron las mujeres del centro comunitario "Carballito", de Villa Muñecas que les brindan almuerzo y merienda a 110 chicos, aunque a veces los comensales suman 200 porque se suman ancianos y madres.

Ellas se definen como piqueteras que decidieron organizarse y combatir la desnutrición, la falta de trabajo, el analfabetismo y la violencia en la debacle económica de 2001-2002. Hasta ese entonces eran amas de casa, víctimas de violencia física o estaban confinadas a seguir criando hijos de hombres que no las querían.

En nuestra edición del miércoles, dedicamos un amplio espacio a la labor de estas 50 mujeres que lograron organizarse y en 2002 pudieron levantar las paredes del local que ocupan, pidiéndoles a los vecinos la donación de un ladrillo. A través del Programa de Trabajo Autogestionado lograron el funcionamiento de un taller de apoyo escolar, una panadería y dentro de poco tiempo confeccionarán delantales para escuelas. Muchas de las mujeres eran analfabetas; no sólo dejaron de serlo, sino que pueden leer el cuaderno que sus hijos traen de la escuela. Otras terminaron el secundario y una está estudiando enfermería. No todo lo hicieron solas; contaron con el apoyo de asistentes sociales.

Esta esforzada tarea comunitaria despertó el interés de alumnos de la escuela Congreso de Tucumán que, asesorados y estimulados por su profesor, prepararon participaron con un trabajo en las Olimpíadas Nacionales de Historia y llegaron a la final. "Nos impactó la organización de estas mujeres, que lucharon para conseguir un plato de comida solas, sin ayuda de los varones", dijo una de las estudiantes. La investigación de los chicos se denominó "De la olla al trabajo autogestionado".

Experiencias similares a las de "Carballito" constituyen el comedor del barrio Ampliación Los Fresnos (Banda del Río Salí) o el comedor Los Lapachos, que funciona en El Sifón y dirige doña Irma Monroy. Como hemos señalado en alguna oportunidad, se trata de valiosas organizaciones, con un espíritu cooperativista, que han permitido a estos sectores de la comunidad golpeados por la pobreza, la miseria y el desempleo a enfrentar una realidad desfavorable.

A esta última, se suma el interés de los estudiantes por un emprendimiento social. Es un ejemplo de la importancia que podría tener en la educación de niños y adolescentes, si se los acercara a conocer realidades como estas o se los llevara a hospitales y se los pusiera en contacto con víctimas de accidentes viales o tuvieran acceso a los testimonios de adictos a las drogas que luchan por recuperarse. De ese modo, crecerían con una conciencia diferente y tal vez se les despertaría el deseo de comprometerse con alguna acción solidaria. Si ese objetivo se lograra, tendríamos quizás una sociedad más humana. "Juntarnos por nuestros sueños... bien desde abajo... tantas esperanzas... unidos todo es posible. Juntarnos es el camino", dice una canción del cantautor tucumano Lucho Hoyos.

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