Demorados entre el "ser" y el "deber ser"

Por Álvaro José Aurane 24 Octubre 2012
Pintaba tranquila la reunión de tapa, pero uno se indignó por la discriminación a dos chicas en un boliche. Y otro se designó "abogado del diablo" y, tras aclarar que aborrecía la discriminación, planteó que es todo un reflejo de la sociedad. "Muchos que repudian esas discriminaciones, no aceptarían ir a una bailanta: dirían que no les gusta la gente que va ahí". Un tercero agregó: "¿por qué no buscan un boliche donde no discriminen?". Un cuarto respondió: "porque es su derecho ir donde uno quiere". Y un quinto retrucó: "¿aceptarías mafiosos si tuvieras un bar?". Otro advirtió que la discriminación en cuestión era por apariencia física. Y otro más reparó en que todo es negocio: el que va a "esos" boliches y pasa, paga para sentir que él sí es apto. "Cuidado con los extremos teóricos", demandó uno. "Cuidado con resignarse", reclamó otro.

El encontronazo entre el "ser" y el "deber ser" dilató el encuentro. Pero esclareció que el asunto debía seguir en la portada. "Si los lectores también se enfrascan en estos debates, bien lo vale", alegó un jefe. Y por fin hubo un acuerdo.

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