Emilse tiene 15 años. Nunca bailó el vals. Ni siquiera tuvo una fiesta soñada como cualquier quinceañera. Ella debe responder a otras urgencias. Está embarazada de tres meses. Como no tiene dónde vivir pasa las horas en la casa de su suegra, que es la madre de José Palavecino, el chico adicto al paco al que mataron a balazos en La Costanera. Casi nadie sabe de la existencia de Emilse y mucho menos de su bebé que viene en camino. Esta adolescente de mirada perdida tampoco parece haber tomado conciencia de que ya es madre. Así como nadie se ocupó de José Palavecino, el padre del bebé por nacer, ahora nadie se ocupa tampoco de Emilse.
El sacerdote Melitón Chávez criticó ayer al Estado por su falta de respuestas a las familias más vulnerables, por la escasa o nula ayuda social a los adictos. El sacerdote habló con la bronca de un vecino cualquiera. Cuestionó a los gobernantes por la ausencia de políticas inclusivas y se preguntó cómo hay plata para hacer un fastuoso edificio de la nueva Legislatura, pero no hay fondos para implementar programas eficientes de recuperación de los adictos a las drogas, especialmente las víctimas del paco. Mientras hablaba por teléfono en el programa de Omar Nóblega por televisión, el padre Melitón Chávez dijo que justamente estaba pasando por el hotel Hilton en la zona del ex Abasto. Cómo puede haber plata para construir estos edificios, pero el Estado no puede ayudar a los más débiles, se preguntó el cura.
Las visitas de media mañana
Al gobernador le gusta hacer gala de sus recorridas matinales. Cada día elige un sitio para caminar entre vecinos y recibir aplausos, loas, y algunos mimos en forma de mate en bombilla. En lo que va de esta semana, antes de viajar a Buenos Aires, José Alperovich continuó con sus recorridas habituales a media mañana. El lunes visitó el flamante, moderno, coqueto y alfombrado hotel Hilton del ex Abasto. Ayer; en cambio, eligió a Yerba Buena para caminar entre sus adeptos hasta que un presuroso vecino lo invitó a pasar a su casa y le ofreció una taza de café. Tal vez llegó la hora de preguntarse qué pasaría si Alperovich decide recorrer las callecitas de tierra, cargadas de barro y mezclada de olores nauseabundos por donde vive la familia Palavecino. No es una tarea fácil, porque en La Costanera la gente lo único que hace es pedir, después pide más y al final sigue pidiendo. Recorrer La Costanera no es sencillo, porque es la realidad más dura, la que alguna vez Tomás Eloy Martínez supo describirla en "Los soles oscuros de Tucumán", un texto que en noviembre de 2005 advertía sobre la extrema pobreza en los sinuosos bordes del río Salí. Aquella vez, hace siete años, el escritor y periodista fue descalificado como un "ex tucumano" por haber escrito aquel artículo periodístico que mostraba el lado más pobre de este territorio. Pero la rueda siguió girando y el tiempo le dio la razón a Tomás Eloy Martínez por aquellas palabras que quedaron escritas en las páginas del diario La Nación.
En agosto pasado, hace dos meses, la periodista Lucía Lozano publicó en LA GACETA el caso de la madre que encadenaba a su hijo para evitar que saliera a robar y drogarse. Fue un grito desesperado para pedir ayuda, pero tampoco tuvo respuesta. El sábado, la periodista Silvia de las Cruces entró a La Costanera para cubrir el crimen de José y volvió a la redacción con una mirada extraña como quien ha estado en el infierno. No es fácil entrar, porque hay tanta pobreza que el dolor se queda adentro del alma. José Palavecino ya no está, lo mataron por las drogas, pero todavía queda Emilse y un bebé que viene en camino...
El sacerdote Melitón Chávez criticó ayer al Estado por su falta de respuestas a las familias más vulnerables, por la escasa o nula ayuda social a los adictos. El sacerdote habló con la bronca de un vecino cualquiera. Cuestionó a los gobernantes por la ausencia de políticas inclusivas y se preguntó cómo hay plata para hacer un fastuoso edificio de la nueva Legislatura, pero no hay fondos para implementar programas eficientes de recuperación de los adictos a las drogas, especialmente las víctimas del paco. Mientras hablaba por teléfono en el programa de Omar Nóblega por televisión, el padre Melitón Chávez dijo que justamente estaba pasando por el hotel Hilton en la zona del ex Abasto. Cómo puede haber plata para construir estos edificios, pero el Estado no puede ayudar a los más débiles, se preguntó el cura.
Las visitas de media mañana
Al gobernador le gusta hacer gala de sus recorridas matinales. Cada día elige un sitio para caminar entre vecinos y recibir aplausos, loas, y algunos mimos en forma de mate en bombilla. En lo que va de esta semana, antes de viajar a Buenos Aires, José Alperovich continuó con sus recorridas habituales a media mañana. El lunes visitó el flamante, moderno, coqueto y alfombrado hotel Hilton del ex Abasto. Ayer; en cambio, eligió a Yerba Buena para caminar entre sus adeptos hasta que un presuroso vecino lo invitó a pasar a su casa y le ofreció una taza de café. Tal vez llegó la hora de preguntarse qué pasaría si Alperovich decide recorrer las callecitas de tierra, cargadas de barro y mezclada de olores nauseabundos por donde vive la familia Palavecino. No es una tarea fácil, porque en La Costanera la gente lo único que hace es pedir, después pide más y al final sigue pidiendo. Recorrer La Costanera no es sencillo, porque es la realidad más dura, la que alguna vez Tomás Eloy Martínez supo describirla en "Los soles oscuros de Tucumán", un texto que en noviembre de 2005 advertía sobre la extrema pobreza en los sinuosos bordes del río Salí. Aquella vez, hace siete años, el escritor y periodista fue descalificado como un "ex tucumano" por haber escrito aquel artículo periodístico que mostraba el lado más pobre de este territorio. Pero la rueda siguió girando y el tiempo le dio la razón a Tomás Eloy Martínez por aquellas palabras que quedaron escritas en las páginas del diario La Nación.
En agosto pasado, hace dos meses, la periodista Lucía Lozano publicó en LA GACETA el caso de la madre que encadenaba a su hijo para evitar que saliera a robar y drogarse. Fue un grito desesperado para pedir ayuda, pero tampoco tuvo respuesta. El sábado, la periodista Silvia de las Cruces entró a La Costanera para cubrir el crimen de José y volvió a la redacción con una mirada extraña como quien ha estado en el infierno. No es fácil entrar, porque hay tanta pobreza que el dolor se queda adentro del alma. José Palavecino ya no está, lo mataron por las drogas, pero todavía queda Emilse y un bebé que viene en camino...







