El principio de contradicción es ilógico a la hora de malcriar

Por Juan Manuel Asis 24 Octubre 2012
"Vos sos el que lo malcrías". Afirmación cierta. "Es imposible, si todo el día estoy fuera de casa, ustedes son lo que están más tiempo con él y lo malcrían, yo no". Sentencia también verdadera. ¿Cómo puede ser? ¿Quién se conduce de manera incorrecta frente a un inocente ajeno al debate? Uno de los principios de la lógica -el de contradicción- sostiene que de dos juicios opuestos sobre un mismo tema, uno, indefectiblemente, debe ser falso. O no verdadero. O uno de los dos es verdadero. Entonces, ¿quién es realmente el que malcría a "Santito"? ¿Ellos o yo? Claro, Santito, con sus tres cortitos años a cuestas, no sabe de lógica ni de argumentaciones a la hora de pedir; o mejor aún, de exigir con lágrimas que le caen fáciles. Y no es precisamente porque molesten sus grititos y caprichos por chocolates, juguetes o ir a la plaza con su pelota que los mayores terminan atendiendo prontamente todos los planteos. Es solo por ver una carita feliz, esa sonrisa pícara tras el brillo contagioso de sus ojitos marrones. ¿Quién no cede ante el "traeme" o "comprame" de una criatura cargada de inocencia? No, la lógica no sabe de malcriar, o por lo menos en este caso el principio se equivoca: no es que una de las afirmaciones sea falsa y la otra verdadera por ser contradictorias. Para nada. Todos tratan de darle con los gustos, con lo que las acusaciones para justificar que Santito hace lo que quiere vale para todos. La culpa la tiene esa genética debilidad por ver a esos infantes sonrientes y felices.

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