21 Octubre 2012 Seguir en 
Pese a las dificultades que enfrentan los países de mayor desarrollo relativo, los precios internacionales de materias primas y alimentos se mantienen elevados. Este es un dato importante para los países productores de esos bienes. Esta situación se explica en el hecho de que en varios países emergentes se ha reducido la pobreza y ha mejorado la calidad alimentaria. Si bien se trata de una gran oportunidad para países como la Argentina, al mismo tiempo plantea desafíos. ¿Cómo aprovechar la oportunidad? Un indicador de que los vientos siguen siendo favorables para la Argentina es lo que se denomina "términos de intercambio". Se trata de una relación entre los precios de las exportaciones y los de las importaciones. Tomando en cuenta la evolución de este indicador, en los últimos 60 años se verifica que es la primera vez que se mantienen en niveles tan favorables. En efecto, con breves oscilaciones, la tendencia positiva se mantiene desde el segundo semestre de 2002.
Esto demuestra que si bien la economía internacional ha disminuido su ritmo de crecimiento, aún continúa jugando a favor de economías similares a la de Argentina. Por eso, los planteos de fondo deberían pasar por responder: ¿cómo está el país aprovechando esta situación?, ¿cómo están las economías regionales?, ¿cómo lo aprovecha Tucumán?
¿Aprovechar, en qué sentido? En el sentido de sentar bases sólidas que permitan el desarrollo económico y social. Es central para ello abordar algunas cuestiones: ¿se fortaleció la competitividad genuina?, es decir, aquella basada en mejoras en el sistema tributario, en infraestructura, en logística, en modelos asociativos para exportar, en la construcción de un adecuado marco institucional, en la atracción de inversiones de largo plazo en sectores fundamentales -como el energético-, y en el desarrollo del crédito de largo plazo que mejore la calidad del financiamiento, entre otras. La ventaja competitiva basada en el tipo de cambio alto, se sabe, es efímera. Es un disfraz de competitividad. Sirve para el corto plazo, para un proceso de reactivación, pero no para mejorar estructuralmente la competitividad. De hecho, el problema de base que tiene por estos días la economía argentina es, precisamente, que se debilitó la competitividad cambiaria. Esto está afectando la rentabilidad de varios sectores exportadores. Entonces ¿qué se hizo mientras se mantuvo la ventaja cambiaria? ¿Se derogaron impuestos altamente distorsivos como las retenciones, el impuesto al cheque?, ¿disminuyó la presión fiscal?, ¿mejoró la productividad de la economía?, ¿se abrieron nuevos mercados para exportación?, ¿se ampliaron las cadenas productivas?, ¿mejoró el acceso a fuentes de financiamiento bancario y mediante el mercado de capitales? A juzgar por indicadores de producción, por ejemplo, en el sector de la carne, el stock ganadero es 12 millones menor al de 2008; se han cerrado frigoríficos; ha caído el consumo interno de carne vacuna de 68 a 58 kilos por persona y por año; han caído las exportaciones, y aumentó el precio de la carne en el mostrador.
Cerca del 90% de la producción de limones en el país radica en Tucumán, el 65% del azúcar, el 7% de pasta celulósica, 5% de papel y 5% de tabaco. Es claro que la provincia tiene una importante diversificación productiva, puesto que a los productos mencionados hay que agregar frutillas, arándanos, palta, garbanzos, soja, maíz, lechería, por citar los más relevantes. ¿Contribuyen las actuales políticas provinciales a potenciar el desarrollo de estos sectores? ¿Ha mejorado la competitividad y la rentabilidad de los sectores productivos? ¿Han bajado los costos de transporte?, ¿se han mejorado los caminos del interior? La respuesta no pasa por si o por no, se trata, simplemente de observar y evaluar los resultados en el tiempo. Eso sí, el mundo sigue jugando a favor.


