Divide y reinarás

Juan Manuel Montero
Por Juan Manuel Montero 19 Octubre 2012
El grito resonó minutos después de que apareció el Lucero y tuvo sabor a amenaza: "¡che, esto es zona liberada!". Lo escucharon todos los vecinos y, acostumbrados a vivir tras las rejas, sólo atinaron a entrar presurosos en sus casas. El destinatario de la advertencia estaba parado en la esquina de 12 de Octubre y Perú y vestía de azul. No era un simple traje. Tenía puesto el uniforme de la Policía y el que había hecho correr a los que viven allí iba en moto y todos lo conocen como uno de los asaltantes más peligrosos del lugar. El delincuente dejaba en claro que no había oportunidad para la ley y que los dueños de hacer y deshacer eran él, y los que trabajan con él.

La historia se cuenta con temor desde hace una semana en barrio El Bosque. Sobre todo porque el incidente no quedó en una simple bravuconada. Minutos después del grito, sucedió lo peor. Para dejar en claro quién mandaba realmente, los ladrones... le robaron la moto al policía. Por suerte (para el uniformado), no fueron lejos. Otros agentes los persiguieron y tuvieron que dejar tirado el rodado y se perdieron entre los pasillos de El Sifón. Así estamos hoy.

La inseguridad ha hundido a la provincia en un letargo peligroso. Ya estamos acostumbrados. Cuando nos encontramos a alguien que nos cuenta que cayó en manos de los delincuentes las frases son siempre las mismas: "qué bárbaro", "así no se puede vivir", "ya nadie está seguro" y por supuesto "¿y el Gobierno qué está haciendo?" Por desgracia, la respuesta a esta última pregunta es desalentadora: poco.

El gobernador José Alperovich deja en manos de sus subordinados todo lo que tenga que ver con la seguridad. No se mete. Casi ni opina y sólo suele prestar el oído cuando durante alguna de sus caminatas por la provincia alguien logra filtrarse entre su guardia pretoriana y le cuenta que hay muchos robos. "Estamos trabajando fuerte" suele ser su salida más elegante. Ahora se vanaglorian de que "enseñará" en Antofagasta cómo se utilizan las cámaras de seguridad, pero no registraron nada del asalto que hace dos días sufrió una agencia de turismo frente a la Casa Histórica.

Es un secreto a voces que los hombres a los que se eligió para que condujeran la fuerza no se dan ni la hora. Jorge Racedo y Luis Pedraza juegan para distintos bandos dentro del gobierno. El primero es hombre leal al ministro de Seguridad Ciudadana Mario López Herrera, a quien le debe haber llegado al máximo nivel dentro de la Policía. El segundo tiene mayor afinidad con el secretario de Seguridad, Eduardo Di Lella, pero no deja de recibir consejos de quien fue uno de sus mentores y amigos, el ex jefe de Policía, Hugo Sánchez. Sus allegados contaron discusiones a los gritos entre Racedo y Pedraza, sobre todo cuando no se ponen de acuerdo con el servicio de adicionales que hacen los subordinados, y que en algunas dependencias (como en la Patrulla Urbana) están bajo investigación judicial. Pero Alperovich, aunque no sabe de seguridad, hace un culto de la lealtad. Sólo así se entiende que tanto Sánchez como quien fuera su segundo, Nicolás Barrera, e incluso los dos primeros conductores de la fuerza durante su gestión, Pedro Ledesma y José Melián, estén aún hoy adscriptos al Poder Ejecutivo a pesar de que fueron separados de sus cargos por diversos motivos. Las divisiones se dan aún más abajo, como en la Dirección de Investigaciones, donde primero y segundo responden a distintos jefes y no tienen buena relación entre ellos. Y algunos responsables de las regionales hacen la venia ante el subjefe de la fuerza, y se ríen ante el jefe, o viceversa.

Por esto, tal vez el gobernador no sepa que hoy la Policía está quebrada al medio, dividida y, cuando eso sucede, otro reina. Y más que rey, hoy es tirano.

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