La suspensión del duelo Argentina-Brasil

05 Octubre 2012
Desengaño, decepción, impresión que se experimenta cuando alguna cosa no responde a las expectativas que se habían creado. Papel ridículo o desafortunado que desempeña una persona. La desilusión y el papelón sepultaron la fiesta que pudo haber sido el partido del Superclásico de las Américas entre Argentina y Brasil. El encuentro que debía jugarse en el estadio Bicentenario de Resistencia (Chaco), con capacidad para 25.000 personas, no se jugó finalmente por fallas eléctricas.

El gobernador chaqueño y presidente del club Sarmiento al que pertenece el estadio, Jorge Capitanich, dijo que había sucedido "una pérdida de aislación del cable de una torre que no se pudo aislar de otra forma, o sea una falla de carácter material". La empresa Secheep, distribuidora de energía, informó que el problema se produjo por un incendio en el tablero de las torres internas del estadio y que esa firma sólo se dedicó a "acondicionar y poner a disposición los grupos electrógenos con la potencia necesaria" y a corroborar el normal "suministro" del fluido eléctrico.

La prensa brasileña criticó la cancelación del partido. El canal SporTV dijo -no sin razón- que Brasil y Argentina fueron tratados como selecciones de quinta. "Llevaron el partido para un estadio que no tenía condiciones y tiraron a la basura una historia que Brasil y Argentina construyeron. Es lamentable, una falta de respeto con la historia y con el hincha. Eso sucede en el fútbol de potrero; no puede suceder en un clásico que involucra a dos de las mayores selecciones del mundo", sostuvo un comentarista. También cuestionaron a la Confederación Brasileña de Fútbol por haber permitido jugar a su seleccionado en ese lugar. "Lo que ocurre es que no se puede mandar a la selección brasileña, de tantas historias y conquistas, a un agujero de estadio sin la menor condición de recibir un partido de esa magnitud, sólo porque el gobierno argentino precisaba hacer publicidad con los políticos de la provincia", sostuvo un periodista del diario "O Estado de Sao Paulo".

No se sabe si el partido podrá jugarse en un futuro. Se dijo que se disputaría ayer a la luz del día, pero los brasileños debían estar de regreso en su país al mediodía y en el caso de los argentinos, los clubes que deben jugar el fin de semana se hubiesen quejado por no poder incluir a los jugadores cedidos a la selección.

Pese a que el gobernador chaqueño dijo que lamentaba lo acontecido y anunció que el lunes devolverían el dinero de las entradas, el episodio no deja de ser una vergüenza para nuestro país.

Si bien el estadio no estaba colmado, una gran cantidad de gente se frustró por no ver este clásico sudamericano muy promocionado. El público aguardó expectante durante siete horas el comienzo del duelo. También implicó una gran desilusión para los jugadores que aspiraban a que los viera el país y a ganarse un lugar en la escuadra nacional.

Bien conocida es la histórica rivalidad futbolística entre ambos países. Por más que se tratase de un amistoso, Brasil y Argentina se ubican entre los mejores seleccionados del mundo. Debieron extremarse todas las prevenciones del caso para que el encuentro fuese una fiesta deportiva. La Asociación del Fútbol Argentino debió haber supervisado de cerca la organización de este clásico sudamericano. Este bochorno debería servir para que no vuelva a ocurrir en el futuro y no se falte el respeto al público y a los deportistas.

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