El trabajo es mucho y atenderlo full time sin colgarse es complicado. Igual, vas para adelante y seguís porque el reloj por acá no suele ser amigo. En el medio, los teléfonos no paran de sonar. Celulares y fijos se acoplan con el ruido de una peatonal Mendoza típicamente colmada, que se cuela siempre por los balcones. Claro, no es 25 de diciembre ni 1 de enero, días de trabajo en los que ese ruido casi ensordecedor suele extrañarse ante la sensación de soledad extrema. Pero la telefonía cotidiana no sólo es sinónimo de fragor o de buenas y malas noticias; también nos va transformando a todos en algo para lo que no estudiamos. Ring aquí y allá. Desean hablar con fulano y el hombre no está (se fue a atender una conferencia o aún no volvió de la práctica). El trabajo de recepcionista y secretario se alinea con el periodista posta. Todos toman los mensajes de todos, aunque olvidarse de pasarlos suele hacer que más de uno se agarre la cabeza.







