Desarmando la bomba

Juan Manuel Montero
Por Juan Manuel Montero 05 Octubre 2012
La plaza es lugar de encuentros. Toda ciudad o pueblo tienen al menos una. Es allí donde los vecinos se reúnen, comparten alegrías y tristezas, se manifiestan, a favor o en contra, celebran y se quejan. Y en Tucumán la Plaza Independencia es el sitio neurálgico de la provincia. La estatua de Lola Mora es testigo privilegiada de marchas, festivales, reuniones, actos protocolares, misas y, obvio, de miles de besos entre adolescentes y no tanto. Fue allí donde alguien atacó. Y no fue una tragedia sólo porque la buena suerte estuvo del lado de los que la sufrieron.

Pasó una semana y la Policía sigue hablando de travesura. El hecho debiera haber sido tomado con la máxima seriedad. Pero aquí la principal fuerza de seguridad levantó el dedo acusador contra un grupo de chicos de colegio. El sábado, cuando LA GACETA llamó al jefe de Policía Jorge Racedo, este estaba durmiendo la siesta y se enteró por la periodista de que en ese mismo momento se estaba haciendo una inspección ocular en el lugar de la explosión. La fuerza del estallido fue brutal. Ocho bancos de concreto salieron despedidos. Ni entre los propios policías se ponían de acuerdo. Unos decían que habían sido estudiantes, pero otros explicaban que no, ya que se había impedido el paso al centro del paseo para evitar enfrentamientos. Todos, sin la más mínima preparación para un caso como este, aseguraron como expertos que se había tratado de una conjunción de factores: el gas que emanaba de una pila de basura (¿?), más el efecto de dos aerosoles que estallaron vaya uno a saber por qué razón. La fiscala María de las Mercedes Carrizo ordenó peritajes y que se revisaran casi 170 horas de videos. Y allí vieron que una mujer había dejado algo debajo de uno de los asientos, minutos antes de la explosión. La acompañaba un hombre, con quien se alejó luego. Para variar las mentadas cámaras de seguridad (hay siete en la zona) no tomaron "en foco" a la pareja, por lo que identificarlos será complicado.

La Policía no duda en acompañar a los inspectores del IPLA a una irrupción con tintes irregulares dentro de la Universidad, ámbito que no es de su jurisdicción, pero no son capaces de pedirle ayuda a los que más saben. Y los que más saben, justamente, están en la Universidad. ¿Sabrán en la Policía que existe una cátedra que se llama "Manejo de sustancias peligrosas", cuyos miembros están entre los investigadores más famosos del país, con actuaciones incluso en la investigación de la aún hoy impune voladura de la AMIA? ¿Sabrán que la UNT cuenta con una máquina capaz de analizar piedras, con los rastros que hubieran quedado, en este caso, de una explosión? ¿Sabrán que con tan sólo utilizar la tecnología no estarían diciendo a los cuatro vientos que todo fue una especie de juego y que dos latas de aerosol provocaron semejante estruendo?

El golpe, sin dudas premeditado, pasó casi inadvertido. ¿Qué hubiera sucedido si la explosión se producía el 24 de Septiembre? Hay quienes dicen que desde el Gobierno ordenaron bajarle el perfil al hecho. Que cuanto menos trascendencia tuviera, mejor. Que no se podía alimentar la "sensación" de inseguridad con un ataque ocurrido en el corazón del poder, a pesar de que dentro de la Casa de Gobierno causó más que preocupación. Sabiendo que quienes realmente cuidan al gobernador están entre los mejor entrenados del mundo -no se trata de los policías de Tucumán- era inconcebible que esto sucediera. Pero tampoco es aceptable que, para alejar la sensación de peligro, se inmiscuya a un grupo de chicos. La única travesura que pareciera ser cierta es la de tratar de desviar el foco de la atención. Como si con esto pudieran disimular las incapacidades.

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