Proyectos y vida sana mejoran la tercera edad

03 Octubre 2012
Por ese deseo de emular a los dioses y convertirse en inmortal o, por lo menos, en extremadamente longevo como Matusalén, el hombre aspiró siempre a la eterna juventud. El avance de la ciencia, la tecnología y la medicina han hecho posible en las últimas décadas que la expectativa de vida haya aumentado en muchos países. Hasta hace poco tiempo atrás se asociaba la vejez como una etapa, por lo general, inactiva, en la que las personas se dedicaban a atender a los nietos. Sin embargo, estos pasaron a convertirse en adultos mayores, en particular, aquellos para quienes la vida continúa. Muchos prosiguen trabajando o armando nuevos proyectos de realización. El lunes se recordó el Día Internacional de las Personas de Edad, cuyo lema es este año "La longevidad: forjando el futuro".

"La longevidad es un logro de la salud pública, no una responsabilidad social o económica. En este Día Internacional de las Personas de Edad, prometamos asegurar su bienestar y lograr su participación de manera significativa en la sociedad a fin de que todos podamos beneficiarnos de sus conocimientos y capacidad", ha señalado Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas.

Los gerontólogos suelen hacer una diferencia entre la vejez y el envejecimiento. Este último se define como un proceso progresivo de desgaste orgánico que comienza cuando el cuerpo se ha desarrollado y ha dejado de crecer.

Más allá de los adelantos en las ciencias médicas, gozar de una buena capacidad funcional, lograr autonomía para continuar viviendo solos y desarrollando actividades profesionales y sociales se consigue cuando uno tiene proyectos. Y para eso es necesario desplegar al máximo las funciones físicas y psíquicas, afirmó el director del centro médico Hirsch de San Miguel (Buenos Aires), que se ocupa del cuidado de los ancianos. "Seguir trabajando no es fácil para el adulto mayor, sobre todo cuando las personas más jóvenes tienen tantas dificultades para conseguir empleo", dijo el experto.

Un buen ejemplo de estos viejos jóvenes son quienes asisten al programa de Educación Permanente para Adultos Mayores (EPAM) de la UNT, creado en agosto de 1985 durante la gestión del rector Eugenio Flavio Virla. La institución cuenta con más de 30 talleres, y asisten varios centenares de personas de entre 50 y 95 años. Muchos de ellos han encontrado en ese lugar un espacio para concretar proyectos postergados.

En muchos aspectos, esta sociedad discrimina a los adultos mayores, especialmente en el campo laboral, donde suelen ser desplazados por los jóvenes porque estos representan menos costos para las empresas. No se aprovecha la experiencia que dan los años. "No estamos en un país en el que se planifiquen acciones para tratar mejor y cuidar a sus ancianos. No hay programación gerontológica en la Argentina", fue una de las conclusiones del 12º Congreso de Gerontología y Geriatría realizado en Buenos Aires. Con $1.925 mensuales que percibe alrededor del 70% de los jubilados argentinos, resulta, por cierto, difícil vivir una vejez saludable y con proyectos.

Sería importante que el Estado diseñara programas que promovieran la buena alimentación, la actividad física, la vida sana, las tareas comunitarias para llegar a la vejez con "la máquina" en buen estado. Los adultos mayores son a menudo el reflejo del buen o mal trato de la sociedad.

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