Facebook me amplió la familia

Por Mirta Isabel Lazzaroni 02 Octubre 2012
La crítica más recurrente hacia las redes sociales, particularmente a Facebook, es que hicieron de conocimiento público lo que hasta hace muy pocos años se reservaba al ámbito privado, o al espacio restringido de los amigos íntimos. No es una crítica gratuita. Estar en Facebook implica riesgos. Y tanto jóvenes como adultos hemos tenido que ir aprendiendo a resguardar la intimidad a costa de desagradables experiencias ajenas o propias.

Sin embargo, la red social más popular tiene su costado positivo. Ese que no tiene que ver con la exposición de la vida personal sino con la comunicación interpersonal.

Nos da la posibilidad de sentar posición respecto de nuestras ideas o nuestras creencias; de compartir proyectos, de contar pequeños o grandes logros, de debatir, de reflexionar con palabras propias o "robadas" a grandes poetas o pensadores. Y hasta de intercambiar puntos de vista con gente de otras partes del país o del mundo con las que nos sabemos unidas por una vocación o empresa comunes.

En mi caso, vivo la feliz circunstancia de que Facebook me haya "devuelto" sobrinos, primos y alguna tía. Algunos que están lejos, fuera del país, desde hace muchos años. Otros, más cerca geográficamente pero alejados a causa de las actividades y de los intereses diferentes, propios de cada generación.

Y ha sido gracias a la red que hemos podido, nuevamente y de verdad, sentirnos "conectados".

De "muro a muro" vamos dándole forma a la expresión del afecto, ya sea con saludos cumpleañeros o felicitaciones por un objetivo cumplido, otras veces con fotos que relatan momentos especiales de la vida de cada uno.

Hace solo dos años no hubiese creído que Internet pudiera consolidar estos puentes de afecto, de emociones y de sensibilidad. Facebook me amplió la familia, la memoria y los sentimientos.

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