El teléfono sonó pasado el mediodía del viernes y la llamada provenía de la Casa de Gobierno. La orden fue que se suspendiera la obra de la planta transformadora. Pero al anuncio del parate no lo hicieron los funcionarios que apenas comenzaron los cuestionamientos contra esa planta dieron la cara para explicar la importancia estratégica de esa estación transformadora. Los destinatarios del telefonazo fueron los ejecutivos chilenos que distribuyen la electricidad en Tucumán. El mismo alperovichismo que impulsó la obra terminó silbando bajito y enviando a los empresarios a colocar la otra mejilla. Cuentan que el gobernador fue el que tomó la decisión. Algunos merodeadores de los pasillos del palacio gubernamental juran que José Jorge lanzó varios gritos contra los funcionarios que dejaron pasar tantas improlijidades.
Tanto el Gobierno como la empresa intentaron poner en claro cómo iba a funcionar la estación transformadora con los hechos consumados. Fue demasiado tarde. Alperovich tuvo que dar marcha atrás y poco le agrada al mandatario que su "estamos trabajando fuerte" se choque con rechazos de grupos sociales.
No fue el único retroceso que el mandatario debió dar. Cuando se enteró del escándalo en la Facultad de Psicología por la violenta irrupción del IPLA en una fiesta por el Día del Estudiante volvió a oírse en los pasillos de la Casa de Gobierno el vozarrón de Alperovich pidiendo explicaciones. Esta vez los reclamos fueron para otro grupo de funcionarios de su Gabinete. Y, otra vez, puso reversa y mandó a pedir disculpas. Nuevamente, la acción de gobierno llegó tarde. Con los antecedentes escandalosos del accionar del IPLA ya debería estar establecido y sistematizado el accionar de ese organismo, de tal manera que se eviten situaciones como la que aconteció en Psicología. Al parecer, en el Poder Ejecutivo actúan cual adolescente que sale de casa de sus padres sin permiso: es más fácil pedir perdón que pedir permiso. Hay quienes apuntan al jefe de Gabinete. Advierten que es él quien debe ordenar la tropa y evitar que imprevistos de este tipo le estallen en la cara al gobernador.
En el Poder Judicial también se produjo un hecho que dejó preocupados a funcionarios tribunalicios y del Ejecutivo. Fue en este poder donde se dio -quizás- el peor de los retrocesos: se dejó libre a un sospechoso, capturado en plena fuga de un atraco y con antecedentes delictivos groseros. Se trata de "El loco de la escopeta", uno de los dos hombres que viajaban con Aristóteles Vázquez en el auto que volcó en La Reducción, luego de una persecución policíaca que incluyó disparos y que concluyó con la muerte del peligroso y -hasta entonces- muy buscado "Ari". "El loco de la escopeta" cometió dos homicidios en febrero de 1999 en Villa La Trinidad y a fines de ese año la causa fue elevada a juicio oral. Un año después, el delincuente fue condenado a 16 años y seis meses de prisión. En febrero de 2009 se le concedió la libertad condicional. Tres años después -la semana pasada- quedó internado tras el vuelco del auto de "Ari". Según la Brigada de Investigaciones, Vázquez, "El loco de la escopeta" y "Tripilla", el tercer ocupante del auto recién identificado (también tiene antecedentes y permanece internado), iban a perpetrar un asalto cuando comenzó la persecución. Pese a todos estos datos, "El loco" quedó libre por decisión judicial. En contrapartida, cuatro policías de la Seccional 10 permanecen en prisión por haber baleado a un ladrón que se daba la fuga luego de arrebatarle la cartera a una mujer. Por eso, en la Policía están que trinan contra algunos fiscales. Con tantos desacoples y malas decisiones en los poderes del Estado cada vez serán más los vecinos que ocuparán los espacios públicos para hacer valer sus derechos.







