16 Septiembre 2012 Seguir en 
En LA GACETA del 19 de enero de 1932, la Crónica Social mostraba en una típica postal de verano a "dos niños tucumanos en Mar del Plata". Los niños, dice el epígrafe, eran David León y Raquelita Medina Mantegazza. A 80 años de la publicación de esa foto, Raquel Medina Mantegazza (hoy de D' Onofrio) escribe, emocionada, que mientras hurgaba entre sus papeles de infancia, se le apareció esa imagen amarillenta; y que con esa imagen le volvió la niñez. ¡"Vi con sorpresa que yo ya figuraba en la Crónica Social del martes 19 de enero de 1932". Hace 80 años!, escribe la lectora, y cuenta cómo desde entonces LA GACETA la acompañó en la escuela y en el ritual de leer el diario todas las mañanas. "Cuando cursaba el primer grado inferior tenía como maestra a una excelente educadora: Elena Acuña. Nos enseñó nuestras primeras letras, y tenía por costumbre traernos el diario LA GACETA para hacernos practicar la lectura. Pero no solamente para leer el diario, sino que nos enseñó a informarnos con él, a discernir lo que era importante en cada edición. Luego discutíamos y nos hacía recortar el artículo que nos pareció importante y los guardaba prolijamente con sus respectivas fechas. Así encontré en esos viejos recortes amarillentos jalones de mi vida...en Sociales, las crónicas de los bailes de gala del 9 de julio, con profusión de fotos, luego los bautismos, las noticias de Deportes y las crónicas Musicales, cuando traían prestigiosos artistas en los años 60...". "Como ahora tengo 80 y pico de años, sigo fielmente leyendo LA GACETA. Los viejos a veces tenemos insomnio, y nos levantamos a las cinco y media de la mañana. A esa hora me levanto y voy hasta la puerta a ver si llegó el diario. MI fiel gacetero, Don Juan, ya me lo dejó, y allí está LA GACETA, esperándome. Leo la primera página, luego, el Editorial y las cartas de Lectores. Y luego, los avisos Fúnebres, porque muchos de mis amigos contemporáneos se están muriendo...", continúa la lectora Medina Mantegazza, y se despide con un ¡Gracias¡ a LA GACETA por haber compartido, literalmente, su vida.






