Con o sin signos de pregunta

La sorpresa que generó la salida a la calles de miles de seres anónimos, disgustados con el Gobierno nacional, obligó a poner el freno y a repensar las estrategias para posibilitar continuismos o eternizaciones en el poder

Con o sin signos de pregunta
Por Juan Manuel Asis 16 Septiembre 2012
A barajar y dar de nuevo. ¿A barajar y de nuevo? Mismas palabras, un par de signos, dos sentidos, distintos estados de ánimo y una conclusión: el país está dividido. ¡Vaya novedad!, se podrá decir, y con razón. La semana que pasó dejó sucesos para ratificar, lamentablemente, que en la República conviven dos visiones limitadas, ni siquiera como una mala copia de la pelea entre demócratas y republicanos, sino como la peor versión de los Montescos y los Capuletos. Una más fanática que la otra. En la Argentina nadie puede quedar marginado, ni escaparle a las esquirlas, no se puede ser espectador; el ímpetu de los contendientes, sin terceros en discordia, obliga -sin más remedio- a involucrarse con un sector o, en el caso más tibio, a dar la razón a uno o a otro.
El jueves pasado, uno de esos grupos decidió mostrar la cara y plantear en la calle su disgusto con el Gobierno nacional. Hubo un detalle significativo: las movilizaciones se organizaron por las redes sociales, lejos de las cadenas nacionales del "desánimo" o de la "alegría". Cómo es inevitable, las lecturas fueron diferentes, y extremistas. Unos, envalentonados, arguyen que el cristinismo debe revisar conductas. Otros, los que ponen los signos de pregunta, tras los primeros minutos de duda, también sacaron pecho y, siguiendo la afirmación de la presidenta, Cristina Fernández, de que no la van a poner nerviosa; anunciaron que van a salir a la calle para contrarrestar la imagen y los efectos. Crispación de unos, y de otros.
Pocas horas antes de la sorpresa causada por las marchas de protesta -que alteraron agendas políticas, y periodísticas-, se produjo un encuentro fugaz entre el gobernador, José Alperovich, y su séquito de legisladores. Hubo una indicación clara para sus subordinados: trabajar "fuerte" para intentar reformar en 2014 la Constitución de 2006, aunque luego sobrevinieron desmentidas. Dos noches después el suceso callejero, sorprendente para propios y extraños por su magnitud, trocó la seguridad de aquel objetivo por sombras y dudas sobre la conveniencia de seguir adelante. También en preocupación por interpretar correctamente el mensaje que transmitía una parte de la sociedad al poder, nacional y provincial.

¿Miedo a debilitarse?

Alperovich sufre y teme a las movilizaciones porque dañan la imagen de una gestión, la horadan y la debilitan. Debilitarse, jamás; no lo concibe. En más de una ocasión alteró disposiciones por culpa de las manifestaciones callejeras al sólo efecto de disolverlas. En ese marco, el disgusto masivo del jueves, por mil razones, puso momentáneamente en estado de equilibrio inestable la aspiración reformista en marcha. Si bien el movimiento originado en una convocatoria por Facebook y Twitter ni siquiera se acerca a un jaque, la aparición de miles de anónimos en las plazas obligó a pisar el freno y a repensar las jugadas. La dinámica social, con actores inmanejables, autónomos y enojados, puso en situación de duda la eficacia de la planificación política a largo plazo.
Cuando el martes por la noche, antes de las 22.15, los legisladores oficialistas abandonaron la residencia del mandatario para ver tranquilos a Lionel Messi, la secuencia de las acciones a seguir estaban más que claras: 1)- trabajar para dar una pelea territorial que garantice el éxito electoral en 2013 (eso sería obtener tres, o las cuatro diputaciones nacionales en juego), 2)- convocar a elecciones de convencionales constituyentes en 2014 a partir de la eventual victoria del año anterior, y 3)- postular otra vez a Alperovich para que aspire a un cuarto mandato consecutivo en 2015. La mayoría lo entendió así, pese a que el titular del Ejecutivo negara al día siguiente su guiño para avanzar en el proceso reformista. Convencimiento unánime: es él o él, sin más para decir o especular. De tal forma, su esposa, la senadora Beatriz Rojkés, quedaba marginada de alcanzar esa chance, para congoja de los neorojkesistas que miran con simpatía la postulación de la primera dama para suceder a su marido dentro de tres años. Ya hay quienes acomodan sus acciones pensando en crecer a la sombra protectora de la presidenta provisional del Senado. Una apuesta de riesgo por el plan "B".
Frente a las quejas posteriores de algunos invitados, que permanecieron en silencio, sobre que ese tipo de reuniones no sirven para debatir ideas, otros apuntan que a esos encuentros sólo hay que ir a escuchar. ¿A oír qué? La bajada de línea. Algunos prestan atención, además de masticar, y otros piden la palabra para apurar brindis por el anfitrión. "Estoy feliz de ser gobernador", habría dicho el mandatario, y se decodificó que reconocía que quería seguir. Eso es sinónimo de reforma para habilitar la reelección indefinida. A ese cambio le sonríen más de 20 parlamentarios (cuyos mandatos vencen en 2015), 17 de los 18 intendentes y la mayoría de los comisionados rurales. En suma, todo bien la noche del martes, menos el empate de la Argentina con Perú.

¿Sorpresa por los irritados?
Al día siguiente Alperovich lanzó su desmentida y el jueves ocurrió lo inesperado: los indignados salieron en gran número en las principales ciudades del país. "Irritados" -como dijo un legislador peronista- de la clase media molestos con medidas del Gobierno nacional que les generaron "incomodidades" de vida. Son muchos los molestos con los "K", los distanciados de los sectores populares a los que el kirchnerismo trata de proteger con los beneficios del "modelo". Para qué molestarse por aquellos, si con estos últimos se obtuvo el 54% hace 11 meses. Lo admitía un funcionario alperovichista de segunda línea el jueves por la mañana, antes de las marchas, con un argumento básico: el tamaño del Estado clientelar le garantiza el triunfo al cristinismo. Lo decía convencido, sin un mínimo cuestionamiento al método. En síntesis: son tantos los que obtienen ventajas del Gobierno nacional que el resto sólo puede aspirar a la crítica, no al poder. Después de la noche del jueves -al que un anti-k, con mucho ingenio y gran cuota de ironía, propuso bautizar el "día del gorila"-, un sector del alperovichismo manifestó alguna inquietud por la foto. Hubo rostros de sorpresa, el número de "enojados" superó los cálculos. Entendieron que, entre otras cosas por la que muchos argentinos salieron a la calle, era para rechazar la re-reelección. Contra el continuismo indefinido, o contra la eternidad política.
Prestaron atención a esos anti-K (¿anti-k?), y parte integrante del pueblo, que emitían una opinión adversa. Los del círculo próximo afirman que Alperovich se preocupó, aunque luego haya dicho que estas situaciones no lo ponen nervioso. Claro, él tiene a quién ubicar en su sillón si no hay reforma: a su señora. En cambio, Cristina no tiene herederos, ni un delfín; entrampada en el relato de sus simpatizantes de que nadie está a su altura. Es irreemplazable. Ella sí necesita la reforma. Si no la obtiene, el kirchnerismo elegiría sucesor entre tres gobernadores: José Luis Gioja (San Juan), Jorge Capitanich (Chaco) o Alperovich, según una versión a la tucumana, surgida en los ámbitos parlamentarios.
En fin, la movilización contra el Gobierno nacional no va a marcar un hito, un antes o un después: será sólo un llamado de atención. Hay lecturas para todos los gustos. Lamentablemente, se sigue hablando de dictadura y de autoritarismo y de destituyentes y golpistas; ahondando la división en democracia. Preocupante. ¿Preocupante?

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios