Brindis, intrigas y traiciones

Por Fernando Stanich 13 Septiembre 2012
Los años en el poder le dieron al gobernador José Alperovich un plus: saber cuándo es momento de dar ese abrazo pegajoso del que tanto abusaba en sus primeros pasos. Por eso, en la matiné que ofició el martes por la noche para los legisladores utilizó el inflador anímico a la perfección.

Es que si la política es un estado de ánimo, los comensales que participaron del asado oficial se retiraron con la panza llena y el corazón contento. En el Día del Maestro, el mandatario pasó revista a su ejército de parlamentarios sobre la situación política y económica. Sin titubeos, les garantizó que si Cristina Fernández sortea con éxito 2013, la reforma constitucional que tanto anhelan los políticos con cargos electivos caerá por decantación. Hasta admitió sus ganas de continuar en el cargo por otros cuatro años más.

Legisladores que estuvieron en esta cita y en aquella promocionada reunión de mayo, cuando Alperovich les dijo que si ellos querían habilitaría la reelección, están convencidos de que el mensaje del martes fue diferente. Entre aquel momento y este pasaron varios meses de incertidumbre financiera, principalmente. Alperovich, hombre de números, esta vez les dijo a sus alumnos que lo peor de la crisis ya pasó, y que a partir de ahora todo indica que se percibirá una recuperación económica.

Es decir, si la comida de mayo sirvió para endulzar los oídos de los inquietos, la de esta semana los terminó de relajar ante tanta dosis de azúcar.

¿Fue casual que Alperovich reactive la discusión sobre la continuidad de su proyecto en 2015? Un detalle no menor es que lo hizo en soledad; sin que su esposa, la senadora Beatriz Rojkés, participe de la tertulia. Y otro dato sugestivo es que a su lado estuvo el ministro de Salud nacional y vicegobernador en uso de licencia, Juan Manzur. Al enriquecido funcionario, obsesionado porque lo tengan presente en las oraciones diarias, le soplaron que salía humo de la chimenea de Crisóstomo Álvarez al 4.000 y se tomó el primer avión que encontró en Aeroparque. Cuanto menos, sugestivo, porque el sábado ya había estado en la provincia para acompañar a su discípulo Pablo Yedlin en una celebración familiar. A varios peronistas con los que se topó el fin de semana los mandó a preguntarle a "José" cuándo será el momento de regresar.

Pese a la contundencia del mensaje, si para los oficialistas locales el norte es difuso, para el alperovichismo lo es mucho más. Porque aunque el hombre que hace lo que quiere cuando quiere y porque quiere en suelo tucumano desee continuar en 2015, no podrá hacerlo si un consentimiento clave.

Su futuro, y lo admitió en el asado, está circunscripto al horizonte de un kirchnerismo que lo respeta y contiene, pero que no termina de arroparlo. El fin de semana, por caso, además de las reuniones oficiales con las que mimó al Gobierno, el senador cristinista Marcelo Fuentes se dio tiempo para cuchichear en el Catalinas Park con peronistas paralperovichistas y deslizar que el intendente Domingo Amaya "es un compañero" al que siguen de cerca. Fuentes dejó en claro que el cristinismo busca copar el Congreso en la elección de 2013 y que las listas de candidatos en cada provincia serán digitadas en la Casa Rosada. Se ve, los que vienen pueden ser años de traiciones en el oficialismo.

El alperovichismo brindó por anticipado el martes. El amayismo aún no quiere levantar la copa. Por ahora asegura su nicho en la capital y, cuando puede, se da el gusto de jugar a las intrigas con el Gobierno: la reunión de Amaya con Julio De Vido y el aterrizaje del ex policía José "Mono" Franco en el Concejo son los últimos ejemplos. En definitiva, todos en el oficialismo pelean por lo mismo: la subsistencia más allá de 2015.

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