Como un zorzal en el pasaje Gardel

Por Miguel Velardez 28 Agosto 2012
Fue al corazón del barrio Obispo Piedrabuena, se ganó el aplauso de los vecinos y quedó como un Zorzal. Pero también cosechó enemigos. Desde que asumió como presidente de la comisión de Seguridad, el legislador Gerónimo Vargas Aignasse decidió sacar ventaja para tener una gran vidriera donde mostrarse. Esa actitud le costó elogios, reproches y varios faltazos. En la comisión legislativa promovió los debates para modificar la ley de contravenciones policiales, después citó a los comisarios a que rindieran cuentas de su tarea, y más adelante se reunió con Susana Trimarco. Todos esos movimientos atrajeron los flashes de los fotógrafos y la exposición mediática despertó los celos dentro del bloque alperovichista.

Uno de los últimos movimientos se centró en el pasaje Gardel en el barrio Piedrabuena. Vargas Aignasse pagó la instalación de un sistema de alerta comunitario para bajar el índice de robos en esa zona que él tanto conoce por haberse criado en ese barrio. Adquirió las alarmas y los controles para su activación a fin de beneficiar a los propietarios del pasaje Gardel al 900. Cada vecino recibió un control que activa una alarma y se escucha en toda la cuadra. En caso de robo, todos los propietarios deben salir a la calle para dejar en evidencia al delincuente, mientras llaman a la Policía. Además, Vargas Aignasse prometió cumplir -más adelante- con las otras cinco cuadras del mismo pasaje.

El sábado al mediodía, el legislador estaba exultante y se movía como pez en el agua. Saludaba a los vecinos uno por uno y conversaba con ellos. La gente no sólo le agradecía, sino que además lo trataba como a un héroe del momento. En política, la cantidad de flashes es inversamente proporcional a la cantidad de celos que florecen alrededor. El sistema de alarma comunitaria cuesta $ 3.500 para su instalación. Si cada vecino quiere tener más de un control de alarma (repartir entre el padre, la madre y los hijos), el aparato adicional tiene un costo de $ 500. Los adversarios políticos del legislador especularon que si el sistema funciona bien -en el futuro-, el Estado se vería obligado a comprar más alarmas para otros sectores de la ciudad. O podría ocurrir que los vecinos buscarían el modo de adquirirlo por cuenta propia. De hecho, Vargas Aignasse dejó el teléfono de la empresa proveedora a los vecinos que estén interesados en adquirir más controles.

¿De dónde saca el dinero para comprar las alarmas?, se preguntan los alperovichistas que ya le quitaron el saludo a Vargas Aignasse. En su defensa, el legislador argumenta que usa los fondos sociales que recibe como cualquier otro legislador. Es la misma partida de fondos públicos que usa la legisladora alperovichista Camila Khoder para repartir dinero en efectivo entre los vecinos más necesitados de Banda del Río Salí tal como lo reflejó LA GACETA cuando la gente hacía colas en el edificio de la Legislatura.

Mientras una legisladora entrega plata en mano; otro prefiere apostar contra la inseguridad. También comenzó a circular un rumor sobre las pretensiones políticas de Vargas Aignasse de llegar a ser, cuanto antes, el próximo ministro de Seguridad Ciudadana.

Los alperovichistas desconfían de Gerónimo Vargas Aignasse, pero él parece disfrutar y fogonear esos comentarios que generan más rencillas todavía. Los remezones también llegaron a la esfera de la Policía, donde deslizaron que -en realidad- Vargas Aignasse sólo pretende promover un negocio con el nuevo sistema de alarma. El legislador aduce que seguirá adelante con su movida, los vecinos agradecidos y el alperovichismo agazapado. Al fin y al cabo, en la política y en cualquier pasaje, cada dirigente lo que pretende es quedar como un Gardel.

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