Reacciones frente a las multas en el tránsito

27 Agosto 2012
Ven que no hay nadie en la ruta 157, a la altura de Bella Vista, y pasan a toda velocidad, aunque saben que es zona urbanizada y no se debe circular a más de 40 km/h. Pero tiempo después les llega la fotomulta detectada por una cámara, y ellos se dirigen a la Defensoría del Pueblo para recurrir la sanción, justificándose en que no se dieron cuenta de que estaban violando una norma.

Esta es la primera queja de los conductores fotografiados en infracción en esa zona de la ruta, donde se han labrado 5.000 actas en un año y que ha requerido una intervención especial de las autoridades, debido a que es un sector muy peligroso, donde había muertes por choques, según detalló el director de Tránsito de esa ciudad.

Remarcó que desde que están las cámaras no hubo más víctimas fatales. Antes se usaba como método de control un radar, pero las autoridades lo cambiaron por las cámaras a causa de problemas con los automovilistas.

Óbice de esta política, que parece efectiva en ese sector de la ruta 157, es el hecho de que no ha ayudado a cambiar la conducta transgresora. "En Tucumán, muere una persona por día en accidentes y, en la mayoría de los casos, estos hechos se producen por imprudencias", explicó el defensor del Pueblo, quien destacó que es llamativo que la gente no busque ayuda para mejorar la seguridad vial, sino porque cuestionan las multas.

Negarse a reconocer el problema es síntoma de que se seguirá actuando del mismo modo, sería la primera conclusión de esta sentencia.

Importa, entonces, analizar en profundidad las razones del fenómeno que señala el informe de la Defensoría y que refleja tendencias de comportamiento social que un abogado consultado por nuestro diario ha calificado como "síntoma de una anomia boba", porque "genera situaciones sociales altamente ineficaces en las que todos resultan altamente perjudicados".

Con semejante diagnóstico, los expertos explican que el primer problema es que hay errores de procedimiento legal -como la falta de notificación- que terminan dándoles la razón a los infractores, y que un problema fundamental es que en el carácter de la sanción parece primar el fin recaudatorio antes que el preventivo.

A esto se añade que, según los especialistas, los conductores creen poco en las normas y en quienes están para vigilar que se cumplan.

Todos los informes como el que nos ocupa deberían llevar hacia un análisis global sobre la política de Tránsito y sus efectos.

En ese sentido, sería importante ver las estrategias que han resultado exitosas frente a problemas similares. En Bogotá (Colombia), por ejemplo, en la última década se hicieron estadísticas y campañas de satisfacción y compromiso ciudadano, para luego actuar con la idea de seducir a los habitantes cultivando su sentido de pertenencia, a la vez que se sanciona al transgresor.

Aceptar que la idea de crear ciudadanía como modo de enfrentar los conflictos propios de la vida urbana es una estrategia difícil que tuvo buenos resultados.

Más que la sanción, importa el cambio de la conducta, y la multa en eses sentido debería formar parte de un programa vasto y discutido como política de toda la provincia.

Obrar con la idea de que ciudadanos y funcionarios pueden ponerse de acuerdo debería ser un norte: si las estadísticas muestran una situación negativa, corresponde una actitud positiva en busca de un cambio. Y en eso las autoridades tienen mucha más responsabilidad que los ciudadanos.

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