Exigencia o excelencia, esa es la cuestión

Las personas comprometidas con la exigencia tienen dificultades para admitir las críticas o las sugerencias. En la oficina, según los expertos, debe prevalecer la excelencia. Con esa perspectiva, es más fácil aceptar los errores y aprovecharlos como una oportunidad para aprender de ellos. Eso -aseveran- puede contribuir a mejorar las habilidades laborales

PARA PENSAR. Los expertos han acuñado un nuevo término: la exilencia, que no es más que la combinación del quién y del qué hace. REUTERS PARA PENSAR. Los expertos han acuñado un nuevo término: la "exilencia", que no es más que la combinación del quién y del qué hace. REUTERS
14 Agosto 2012
¿Se considera exigente? ¿Lo es consigo mismo y con los demás? ¿O sólo con la gente que quiere? ¿Fundamenta esa exigencia en la "búsqueda de la excelencia"?

Cuando confundimos la exigencia con excelencia emerge la "exi-lencia", plantean los profesionales de GEVA Capacitación & Coaching (www.grupogeva.com.ar). ¿Pero la exigencia es lo mismo que la excelencia? "Postulamos que mientras la exigencia se enfoca en lo interno (quienes somos o cómo somos), la excelencia se enfoca en lo externo (qué hacemos y cómo lo hacemos)", indican los expertos.

¿De dónde viene la "exigencia"? Desde niños se nos inculca la importancia de esforzarnos para dar lo mejor de nosotros mismos, para ser los mejores, para superarnos en los estudios y en el trabajo, indica a su vez, Miriam Ortiz de Zárate, en su blog www.miriamortiz.es. La autora del libro No es lo mismo señala que, con frecuencia encontramos personas que asumen este tipo de creencias con gran convicción y que se exigen enormemente a sí mismos. Esta exigencia se orienta sobre todo a obtener resultados para cumplir con el "mandato" infantil y complacer a otras personas (un padre, un maestro, un jefe, sus propias expectativas…), olvidando muchas veces lo deseable, lo que alimenta el equilibrio en su vida laboral o profesional. La exigencia se enfoca en la meta olvidándose de quién debe lograrla, dice la experta.

En este proceso de complacer y de cumplir con mandatos, vengan del exterior o del interior, se encuentra mucha insatisfacción, porque la exigencia nunca se sacia, los logros nunca son suficientemente buenos, las cosas siempre pueden hacerse mejor. Desde este enfoque, son habituales los pensamientos enfocados a mirar lo que falta o lo que no se pudo completar y también las descalificaciones porque el esfuerzo no fue suficiente.

Tomando como referencia aquellas definiciones, GEVA Capacitación & Coaching indica que, en la exigencia aparece una relación obsesiva de control, de reclamo para que la persona "haga lo que tiene que hacer", lo que "le corresponde" por ser quién es. La exigencia se centra en el "deber" de la persona, no en la tarea a realizar. El modelo de la exigencia me conecta con el "tengo que" que da motivos en el corto plazo, pero que agobia y se constituye en un peso en el largo plazo. Las personas comprometidas con la exigencia tienen mucha más dificultad para aceptar otros puntos de vista y admitir críticas o sugerencias, puntualiza GEVA.

La excelencia, sin embargo, no mira tanto el hacer y los resultados, como el ser y mi compromiso con mis objetivos, con aquello que es prioritario para mí. La excelencia se centra en el proceso, en el camino, más que en la meta. En el camino hay aprendizaje, creatividad, potenciación de mis habilidades, disfrute, celebración del logro y reconocimiento al esfuerzo. Si algo sale mal, no soy yo: es una parte de mi hacer, que puede mejorar. En la excelencia la búsqueda es distinta, ya no tiene que ver con el deber sino con la necesidad de superarse, de aprender, de "hacer" las cosas que permitan sobresalir. Con la excelencia nos conectamos con el "querer" y no el "tengo que", con el deseo de mejorar, de desarrollarnos.

Las personas comprometidas con la excelencia viven el error como una oportunidad de aprendizaje, no como un fracaso. Buscan alternativas, aceptan otros puntos de vista, admiten las críticas y las sugerencias, porque no se sienten amenazadas y cualquier aportación es una oportunidad para seguir aprendiendo y avanzar hacia el objetivo. Desde esta perspectiva se crean relaciones de confianza no de control.

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