El conflicto lácteo y la leche derramada

11 Agosto 2012
La imagen en nuestra tapa de ayer que muestra un arroyo de leche en la zona de Zárate Norte, en la ruta 311 que conduce a San Pedro de Colalao, seguramente provocó indignación en muchos tucumanos y más aún cuando se enteraron de que alrededor de siete millones de litros fueron arrojados por el sector tambero en el orden nacional, como protesta por la negativa de la industria a ajustar el precio de su producción, así como a la falta de soluciones por parte del Gobierno nacional. El reclamo también consistió en bloquear durante cuatro días  unas 30 plantas lácteas en Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. 

Esta realidad es el resultado de un largo conflicto entre los productores y la industria. Desde hace casi un año, los tamberos piden un ajuste del valor promedio que reciben actualmente en las tranqueras, que varía entre $1,30 y $1,50 por litro, según la cuenca lechera. Aspiran obtener $1,80, aunque el objetivo final es llegar un precio de $2 por litro de leche cruda. Se explicó que la imposibilidad de los camiones y tambos de remitir su producción a las usinas lácteas obligó a generalizar el derrame de leche a tierra. En la zona de Trancas, los tamberos derramaron miles de litros de leche, porque no podían mantener en frío la producción diaria. Varios de los 42 productores se comunicaron con el Gobierno provincial proponiéndole distribuir el alimento a reparticiones oficiales. La Dirección de Ganadería envió un camión para poder recibir la leche sin pasteurizar. Según se informó, se lograron rescatar 6.000 litros, se pasteurizaron y se entregaron al Ministerio de Desarrollo Social para que este los destinara a comedores y al Banco de Alimentos. 

Una productora afirmó que reciben $1,44, pero producir un litro de leche cuesta más de $1,90. "Producir en Trancas es más oneroso que hacerlo en Rafaela, en Santa Fe, donde el pasto crece solo y no hace falta regar la tierra. Pero cobramos menos", afirmó. También cuestionó a las organizaciones rurales nacionales por la ausencia de representatividad en las negociaciones por el campo. El conflicto entró ayer en una tregua, razón por la cual no se seguirá tirando la leche, por lo menos, hasta la semana que viene.

En toda cadena de comercialización, paradójicamente el peor pagado es quien provee la materia prima. En las góndolas, el precio del litro de leche (descremada o entera) oscila entre $5 y $7 o más. Algo parecido sucede en otros rubros como el de las hortalizas, la carne, las bebidas o la indumentaria, o en el mercado editorial, donde el que menos gana es justamente el escritor. Si bien el productor es el que menos gana en este circuito, el que siempre termina pagando los platos rotos es el consumidor, que con su bolsillo sostiene la actividad comercial. Sin consumidor no habría comercio.

A la luz de la experiencia, no sería difícil que de no llegarse a una solución, la industria argumentara problemas de abastecimiento y se incrementara el precio de la leche al productor final. También parte de responsabilidad en este entuerto la tiene el Gobierno que, en todo caso, podría subsidiar a los productores lácteos, sobre todo a los chicos.

Si con anticipación se sabe cuál será la modalidad de la protesta, deberían tomarse con tiempo los recaudos para evitar este hecho lamentable. Tirar la leche o cualquier otro alimento no deja de ser una suerte de soberbia de la opulencia.

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