09 Agosto 2012 Seguir en 
Se suele afirmar, no sin razón, que las manifestaciones artísticas no sólo estimulan la creatividad, sino que incorporadas a la educación, potencian la enseñanza y se convierten en un incentivo permanente en los alumnos y en los mismos docentes. El martes, en el teatro San Martín se entregaron las distinciones del concurso regional "Imágenes del Norte", promovido por las secretarías de Cultura de las provincias del NOA. El cortometraje que ganó el primer premio fue "Los cuentos de Eudoro", de la escuela secundaria "Lizondo Borda", de Los Ralos. En la ocasión se proyectaron los filmes galardonados. Otros fueron realizados por la escuelas secundarias "Lucía Benjamín Zorrilla", "Miguel Lillo" y la Sarmiento de la UNT.
Fueron dos certámenes. En el primero, se seleccionaron cuatro textos que redactaron alumnos de 6° y 7° grado de 15 escuelas de la provincia. Luego se eligieron a cineastas locales, que se ocuparon de guionar los textos y filmaron los cortos con alumnos actores. Una docente de la Lizondo Borda explicó que los chicos se inspiraron en leyendas del lugar y que su tarea fue la de orientarlos en el trabajo colectivo.
Uno de los realizadores destacó el acierto de trabajar con las escuelas. "Son un buen lugar de producción, porque lo que falta en todos lados son recursos humanos. Es difícil contar con 20 actores que tengan ganas de hacerlo, que se vuelvan locos y le dediquen todo el día, y los adolescentes son los más dispuestos. Me parece que así como tiene que haber más salas de cine para los jubilados, también tiene que haber más espacios para que los chicos actúe", aseveró.
Se trata este concurso, por cierto, de una saludable iniciativa por todo lo que ello implica como hecho educativo y artístico.
En otras oportunidades, hemos reflexionado en esta columna acerca de la importancia de la educación por el arte. Si se abordara la educación en forma integral, por ejemplo, a partir de la asignatura música podrían surgir coros. Sería fantásticos que cada escuela primaria y colegio secundario tuviesen un conjunto coral y que se realizaran conciertos y festivales. Para ello habría que capacitar debidamente al docente de música. Otro tanto podría suceder con el teatro. Contamos en la Universidad Nacional de Tucumán con una Escuela de Teatro. Son escasos los establecimientos que han incluido en su currícula el teatro. Al mismo tiempo, se generaría en una fuente de trabajo importante para los egresados de la Facultad de Artes. En esta asignatura o si se creara una de medios audiovisuales, los alumnos podrían aprender a sacar fotografías, a escribir guiones, y a realizar un corto o un documental.
En los últimos lustros, el desarrollo de la tecnología ha concentrado múltiples funciones en los teléfonos móviles con los cuales se puede fotografiar y filmar. En las miles de netbooks que ha distribuido el Gobierno nacional y a través de programas de montaje audiovisuales, cada estudiante podría editar su propio video, previa escritura de una historia.
Las posibilidades del arte en la enseñanza y en el desarrollo de la sensibilidad de un ser humano son infinitas. Si este se implementara con una presencia significativa en el hecho educativo cotidiano, seguramente surgirían generaciones con un mayor sentido de la solidaridad y de la participación en proyectos colectivos, más creativas y tolerantes, orientadas hacia la búsqueda del bien común.
Fueron dos certámenes. En el primero, se seleccionaron cuatro textos que redactaron alumnos de 6° y 7° grado de 15 escuelas de la provincia. Luego se eligieron a cineastas locales, que se ocuparon de guionar los textos y filmaron los cortos con alumnos actores. Una docente de la Lizondo Borda explicó que los chicos se inspiraron en leyendas del lugar y que su tarea fue la de orientarlos en el trabajo colectivo.
Uno de los realizadores destacó el acierto de trabajar con las escuelas. "Son un buen lugar de producción, porque lo que falta en todos lados son recursos humanos. Es difícil contar con 20 actores que tengan ganas de hacerlo, que se vuelvan locos y le dediquen todo el día, y los adolescentes son los más dispuestos. Me parece que así como tiene que haber más salas de cine para los jubilados, también tiene que haber más espacios para que los chicos actúe", aseveró.
Se trata este concurso, por cierto, de una saludable iniciativa por todo lo que ello implica como hecho educativo y artístico.
En otras oportunidades, hemos reflexionado en esta columna acerca de la importancia de la educación por el arte. Si se abordara la educación en forma integral, por ejemplo, a partir de la asignatura música podrían surgir coros. Sería fantásticos que cada escuela primaria y colegio secundario tuviesen un conjunto coral y que se realizaran conciertos y festivales. Para ello habría que capacitar debidamente al docente de música. Otro tanto podría suceder con el teatro. Contamos en la Universidad Nacional de Tucumán con una Escuela de Teatro. Son escasos los establecimientos que han incluido en su currícula el teatro. Al mismo tiempo, se generaría en una fuente de trabajo importante para los egresados de la Facultad de Artes. En esta asignatura o si se creara una de medios audiovisuales, los alumnos podrían aprender a sacar fotografías, a escribir guiones, y a realizar un corto o un documental.
En los últimos lustros, el desarrollo de la tecnología ha concentrado múltiples funciones en los teléfonos móviles con los cuales se puede fotografiar y filmar. En las miles de netbooks que ha distribuido el Gobierno nacional y a través de programas de montaje audiovisuales, cada estudiante podría editar su propio video, previa escritura de una historia.
Las posibilidades del arte en la enseñanza y en el desarrollo de la sensibilidad de un ser humano son infinitas. Si este se implementara con una presencia significativa en el hecho educativo cotidiano, seguramente surgirían generaciones con un mayor sentido de la solidaridad y de la participación en proyectos colectivos, más creativas y tolerantes, orientadas hacia la búsqueda del bien común.







