Han transcurrido poco más de ocho años desde que José Alperovich patentó aquella frase de que el pago de los sueldos iba a dejar de ser noticia en Tucumán. Fue verdad en la medida en que el Estado provincial tuvo la espalda suficiente para cubrir con esa obligación financiera y hasta darse algunos lujos para mostrar que Tucumán era mucho más que una provincia modesta. No fue la prensa la que, en estos tiempos, debió hablar de peligros financieros. Fue la propia Casa de Gobierno la que alentó un discurso que, frente a las miradas desconcertantes de la Casa Rosada, debió abortarse rápidamente y pasarse al coro de distritos sin contratiempos fiscales.
Sin embargo, las negociaciones provincia-Nación siguen. Una visita al ministro de Economía, Hernán Lorenzino, dio cierta tranquilidad -la semana pasada- al mandatario tucumano. El titular del Palacio de Hacienda le había anticipado a Alperovich una buena noticia: habrá ayuda financiera. Claro que no le dijo cuándo se concretará. El gobernador sólo esbozó media sonrisa y empezó a mirar de reojo el calendario. Su gestión de Gobierno requerirá de la asistencia federal (pidió unos $ 350 millones) que, a juzgar por lo que recibieron otros gobernadores, no será la esperada. Sin embargo, necesita ese dinero para fines de noviembre o diciembre. En ese período es cuando más plata se vuelca al circuito financiero. El monto para cubrir dos planillas salariales y medio aguinaldo no está atesorado en cuentas oficiales ni en plazos fijos. Son nada más y nada menos que $ 1.500 millones, el monto equivalente a los reajustes salariales otorgados este año -mediante paritarias- a los 88.000 estatales.
A propósito de ese mayor gasto, aún no se sabe si será compensando a través de una ampliación presupuestaria. Generalmente, la Provincia suele pedir a la Legislatura la autorización debida para ampliar partidas en septiembre. Este año puede ser la excepción, ya que no hay ingresos de sobra; aunque suene increíble, el argumento oficial es que llega menos fondos federales de lo presupuestado, sin que ello implique disimular el crecimiento del gasto -vía erogaciones de Personal-. Hay un esquema alternativo que puede romper con esa vieja tradición de pedir la ampliación de partidas. En lo que va del año, el Poder Ejecutivo ha venido efectuando una serie de transferencias presupuestarias para compensar el mayor gasto. Nadie se anima a decir que hay menos plata para obras públicas o para adquirir bienes de capital. Con esta estrategias financiera, el Gobierno puede llegar a reducir $ 350 millones de los $ 1.500 millones del reajuste anual de salarios en el sector público. La parte más dolorosa para Alperovich es recurrir a los viejos ahorros de épocas de vacas gordas. Sin ampliación presupuestaria, puede suceder que el Estado deba utilizar no menos de $ 750 millones de los excedentes fiscales de períodos anteriores. El resto de los fondos que faltarían para cubrir el mayor gasto anual se explica en la autorización solicitada a la Legislatura para tomar $ 400 millones en préstamos del sector bancario.
Alperovich espera -por horas- que Cristina Fernández le extienda una mano para no gobernar con apuros financieros. No quiere ser parte del selecto grupo de provincias poderosas (las del centro) que hoy tienen serias dificultades financieras que afectan la gobernabilidad y la imagen del mandatario apremiado. Pero las finanzas son tan sólo una de las preocupaciones del mandatario. La otra es política, la de hombres y mujeres que responden a su proyecto político, pero que están sembrando una peligrosa interna partidaria. Menudo problema que puede tener síntomas en 2013 y una que otra enfermedad en 2015, dos años de elecciones.
Sin embargo, las negociaciones provincia-Nación siguen. Una visita al ministro de Economía, Hernán Lorenzino, dio cierta tranquilidad -la semana pasada- al mandatario tucumano. El titular del Palacio de Hacienda le había anticipado a Alperovich una buena noticia: habrá ayuda financiera. Claro que no le dijo cuándo se concretará. El gobernador sólo esbozó media sonrisa y empezó a mirar de reojo el calendario. Su gestión de Gobierno requerirá de la asistencia federal (pidió unos $ 350 millones) que, a juzgar por lo que recibieron otros gobernadores, no será la esperada. Sin embargo, necesita ese dinero para fines de noviembre o diciembre. En ese período es cuando más plata se vuelca al circuito financiero. El monto para cubrir dos planillas salariales y medio aguinaldo no está atesorado en cuentas oficiales ni en plazos fijos. Son nada más y nada menos que $ 1.500 millones, el monto equivalente a los reajustes salariales otorgados este año -mediante paritarias- a los 88.000 estatales.
A propósito de ese mayor gasto, aún no se sabe si será compensando a través de una ampliación presupuestaria. Generalmente, la Provincia suele pedir a la Legislatura la autorización debida para ampliar partidas en septiembre. Este año puede ser la excepción, ya que no hay ingresos de sobra; aunque suene increíble, el argumento oficial es que llega menos fondos federales de lo presupuestado, sin que ello implique disimular el crecimiento del gasto -vía erogaciones de Personal-. Hay un esquema alternativo que puede romper con esa vieja tradición de pedir la ampliación de partidas. En lo que va del año, el Poder Ejecutivo ha venido efectuando una serie de transferencias presupuestarias para compensar el mayor gasto. Nadie se anima a decir que hay menos plata para obras públicas o para adquirir bienes de capital. Con esta estrategias financiera, el Gobierno puede llegar a reducir $ 350 millones de los $ 1.500 millones del reajuste anual de salarios en el sector público. La parte más dolorosa para Alperovich es recurrir a los viejos ahorros de épocas de vacas gordas. Sin ampliación presupuestaria, puede suceder que el Estado deba utilizar no menos de $ 750 millones de los excedentes fiscales de períodos anteriores. El resto de los fondos que faltarían para cubrir el mayor gasto anual se explica en la autorización solicitada a la Legislatura para tomar $ 400 millones en préstamos del sector bancario.
Alperovich espera -por horas- que Cristina Fernández le extienda una mano para no gobernar con apuros financieros. No quiere ser parte del selecto grupo de provincias poderosas (las del centro) que hoy tienen serias dificultades financieras que afectan la gobernabilidad y la imagen del mandatario apremiado. Pero las finanzas son tan sólo una de las preocupaciones del mandatario. La otra es política, la de hombres y mujeres que responden a su proyecto político, pero que están sembrando una peligrosa interna partidaria. Menudo problema que puede tener síntomas en 2013 y una que otra enfermedad en 2015, dos años de elecciones.







