Puntos calientes

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 07 Agosto 2012
En la teoría policial, los "hotspots" o "puntos calientes" de la inseguridad son ciertos lugares de la ciudad que son responsables de una cantidad desproporcionada de infracciones a la convivencia, problemas y delitos. Los agentes de las comisarías los conocen empíricamente y trabajan sobre las consecuencias de esas infracciones. La nota de ayer de LA GACETA trata sobre uno de esos puntos calientes, una barriada que parecía invisible hasta que la imaginación de algún vecino inquieto le puso el nombre de una emblemática película brasileña sobre la violencia y la marginalidad en las favelas: "Ciudad de Dios".
No apareció de la nada: las casas han surgido como un intento de del Estado de cambiar la situación de familias totalmente desamparadas que hace una década se habían ubicado en un gigantesco descampado al fondo del Obarrio, junto a una vía. Daban al barrio Alberdi Norte (antes llamado Trulalá) que en esos tiempos comenzaba a recibir algunos beneficios del progreso y cuyos vecinos, entonces, comenzaban a hacer rondas, armados, para prevenir la inseguridad. Los de la vía estaban realmente al margen de todo y no tenían agua, luz, ni siquiera letrinas. Ellos fueron a las nueve manzanas de la nueva barriada, que quedó en el centro del triángulo que forman "Trulalá", "El Sifón" y "La Bombilla", al Oeste de la capital.
La urbanización les ayudó a estos tres barrios a zafar algo de la marginalidad. Aun cuando siguen arrastrando las dificultades en que se vive en esa zona (dos enormes descampados, el del Obarrio y el del Campo Norte) y el estigma de sus apodos, lo cierto es que otros lugares de la ciudad, como un amplio sector de Villa 9 de Julio, han cobrado más triste celebridad.
Pero las nuevas barriadas llegan con los viejos estigmas: marginalidad, violencia, explosión de la droga. La "Ciudad de Dios" llama la atención también porque forma parte de esos bolsones de urbanización precaria que, como la Villa Piolín o El triángulo y El Triangulito, son curiosos emplazamientos en medio de sectores de clase media, que generan inquietud vecinal y problemas que las autoridades no saben resolver. La Policía lo único que hace es catalogarlos como puntos calientes, pero no sabe resolver sus conflictos sociales y termina siendo como una fuerza enemiga para sus habitantes, cuyos códigos no puede entender. Por eso los agentes son recibidos a pedradas.
Tratar de erradicar esas barriadas genera conflictos: cuando se habló de trasladar Villa Piolín a El Manantial temblaron los vecinos de esta última localidad e hicieron marchas en contra. Y vecinos de 40 años de la Villa Piolín reclamaron para que no les cambien la vida. No se puede eliminar esas nuevas comunidades, porque su surgimiento no es espontáneo, sino que son puntas del iceberg socioeconómico, como ocurre ahora con la ocupación de un predio en Alderetes o como viene sucediendo desde hace años al costado de la avenida de Circunvalación y en la periferia capitalina. Esos puntos calientes van constituyéndose en parte del paisaje y de nuestra identidad urbana.
En Brasil hubo varias opciones frente a los dramas que generan las barriadas empobrecidas y las favelas: desde los enfrentamientos con equipos militarizados que muestra la película "Tropa de elite" hasta el trabajo social coordinado con salud, educación y obras públicas, más una policía de proximidad en el corazón del vecindario. La "Ciudad de Dios" de la película fue medianamente rescatada desde 2009, con la expulsión de los narcotraficantes y la visualización de las personas que estaban tapadas por la imagen de violencia; la visitó Barack Obama en 2011. Nuestra "Ciudad de Dios" acaba de aparecer a la luz pública. Es, como toda la periferia, un gran desafío que urge atender.

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