29 Julio 2012 Seguir en 

2) Es cierto que se escribe más sobre los márgenes. Sea un margen socioeconómico o de cualquier otro orden. Historias que en general quedan por fuera de la noticia diaria, o de las noticias dominicales o semanales. En ese punto, sí: el margen entra en la crónica. Ahora, si entendemos margen por pobreza, sí, hay una cuestión de mucho morbo. Pero no es un problema de la crónica. Prendés la tele y ves qué tipo de noticias hay en los noticieros, qué tipo de programas funcionan con un rating razonable. Es un error pensar que es la crónica quien toca temas marginales: la crónica es un género que no escapa a las leyes del periodismo de hoy. El periodismo de hoy tiene una fascinación por los márgenes desde el punto de vista morboso.
3) Armar un podio con esto es meterse en una trampa. Los libros y la calle son dos formas del "afuera", y la riqueza de la escritura nace de ahí: del contacto con lo otro, aun cuando eso "otro" esté dentro de nosotros mismos, inexplorado.
4) La curiosidad es motor fundamental dentro del trabajo periodístico. Y en la crónica, más. El de la crónica es un trabajo desgastante, antieconómico. La curiosidad es lo que te puede traccionar. Y respecto a lo redituable: no sé, pienso en los americanos, Alma Guillermoprieto, los que trabajan en el New Yorker. Caparrós, también, imagino. Son muchas horas fuera de tu casa, es mucho tiempo de escritura, después. No sé si se hace por dinero, lo que no quita que uno quiera que se pague lo mejor posible. Destrabar, decodificar, ponerle nombre, ordenar un pedazo de mundo. Ganarle un puntito al caos puede ser bastante tranquilizador. Y capaz que es por eso que se hace este el trabajo.
5) Una buena crónica seduce cuando funciona como un cruce balanceado entre periodismo y literatura, cuando forma y fondo son trabajados a la par, cuando no se intenta moralizar al lector y cuando lo que se cuenta parte de un punto de vista honesto.






