La vitalidad de la crónica II

Frente al aluvión digital, la crónica será el paracaídas del periodismo tradicional. Para dimensionar el valor de la crónica basta con revisar la explosión de publicaciones que han surgido, en formato de libro, en los últimos meses en toda Latinoamérica.

Miguel Velardez
Por Miguel Velardez 29 Julio 2012
Hay exponentes de lujo en Colombia, México, El Salvador, Venezuela, Ecuador y Argentina, entre otros países de Latinoamérica. Se sabe que la primicia ha muerto. No existe más. El auge de las redes sociales mató a la primicia en el periodismo. Una noticia se dispara en las redes sociales y se multiplica en cuestión de segundos entre miles y miles de personas que reproducen un dato simplemente haciendo un click. Las noticias son de las redes sociales, pero las crónicas son de los diarios. La vitalidad de la crónica está latente en grandes plumas como Alberto Salcedo Ramos (Colombia), Carlos Martínez (El Salvador), David Izazaga (México), Boris Muñoz (Venezuela), Juan Pablo Meneses (Chile), Leila Guerriero (Argentina) y tantos otros que siguen el camino que trazaron Gabriel García Márquez, Tomás Eloy Martínez, Osvaldo Soriano, Gay Talese, Tom Wolfe, Ernest Hemingway…

La crónica es una herramienta para entender el mundo. A todas las personas nos gusta que nos cuenten historias. Desde siempre ha sido así. Pero nos gustan las buenas historias. Una crónica es buena cuando parte de un punto que parece minúsculo, pero que encierra una realidad universal. Gabriel García Márquez dice que la crónica es un cuento, pero que es verdad. Los excelentes cronistas saben que es necesario confluir dotes de escritor con habilidades de investigador. La hibridez que combina los recursos de la literatura con el rigor del mejor periodismo hace que las buenas crónicas tengan voz propia.

En los últimos años, mucho se habló de los lectores, que son cada vez menos, que dedican menos tiempo a la lectura, que la gente no lee, sino que "escanea". Sin embargo, cuando un texto está bien escrito, el lector aparece dispuesto a devorar una crónica como el más exquisito de los alimentos. El lector de este género periodístico lee por placer. Y un lector que lee por placer es un lector fiel, ávido de nuevas historias, hambriento de textos. Por eso la crónica tendrá larga vida, siempre y cuando los cronistas escriban con los cinco sentidos.

© LA GACETA Miguel Velárdez - Periodista de LA GACETA, becario de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.

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