El video de torturas en el patio de la comisaría de Güemes, Salta, recorrió el país y desde hace una semana ha dado lugar a la detención de seis agentes de esa seccional y a repudios por todo el territorio. Pero los comentarios de los lectores han estado, por lo general, en las antípodas. Hechas de emociones y de prejuzgamiento, han imperado las opiniones del tipo: "nadie es detenido sin motivos" (Nenita 2010) ... "los detienen y los liberan y los derechos humanos hacen problemas cuando se le pega una cachetada para que hable dónde están las cosas que robaron" (kettymporta)... "seguramente, ahora los van a premiar a estos delincuentes. Argentina país generoso!" (mauses)... "este país tiene leyes que están a favor del delincuente" (fabricio-tuc)... "muchachos cómo van a subir estos videos si saben que los derechos humanos defienden a estas lacras" (ojocritiko)... "esta lacra son lo que nos está matando de a poco; basuras antisociales; libertad a los policías" (charly-pool) y así, sin mencionar los comentarios suprimidos por el moderador por contener excesos vinculados con, por ejemplo, la incitación a la justicia por mano propia.
Estos comentarios... ¿son representativos de la sociedad en que vivimos? Alguien podría decir, como el ministro de Seguridad salteño, Eduardo Sylvester, que "no son policías, sino delincuentes vestidos de policías" (y por lo tanto, con este criterio, el video mostraría un episodio aislado); pero la impunidad con que se cometió el ataque en el patio de una comisaría genera la sospecha de la habitualidad de una práctica. Es más: el sexto policía detenido habló de obediencia debida: dice que lo obligaron a filmar la agresión.
Ha ocurrido en Salta, provincia que hace tiempo incorporó el 911 y las cámaras de vigilancia, que tiene Asuntos Internos y que ha elevando a rango de ministerio la secretaría de Derechos Humanos. Sin embargo, un periodista salteño, Oscar Correa, ha destacado que el video no hizo otra cosa que "poner imágenes a un relato conocido". O sea que es algo más que una "rémora de la dictadura", como describió Estela de Carlotto, de las abuelas de Plaza de Mayo.
Es bastante más. Cada cierto tiempo aparecen historias de abusos policiales y la característica es la impunidad con que se cometen, derivada de la falta de fiscalización a una fuerza de seguridad que ha impuesto el derecho a autocontrolarse y que puede caer en métodos parecidos a los de la dictadura. En los debates sobre la ley de Contravenciones, el camarista Pedro Roldán Vázquez advirtió sobre la facilidad con que en Tucumán se llegan a cometer excesos a causa de la ausencia de controles sobre procedimientos policiales. Recordó la muerte del puestero El Khalil, detenido por carecer de carnet de manejo. A eso se agrega el desinterés del mundo político: el 24 de marzo se aprobó en Tucumán, por la fecha y para conformar a Cristina, una ley contra la tortura... pero no ha sido promulgada ni reglamentada.
Lo que los comentaristas reflejan es la falta de educación en democracia de nuestra sociedad, que podría ser fácil presa de un cuerpo preparado para el exceso si la ocasión lo exigiera, aunque los funcionarios se llenen la boca con las palabras democracia y derechos humanos. Quizá se pueda aceptar la idea absurda de que un policía que no tiene pruritos en torturar defienda a la comunidad de quien él dice que es delincuente. Pero, como están las cosas, nadie protege a la comunidad del policía que se excede. Una comentarista, rosa-roja, expresó la confusión emocional que genera el video: "Me gustan los héroes en serio, esos de las historietas donde el bueno era bueno y el malo, malo. El bueno tenía valores inmutables y el malo terminaba mal. No este revuelto de conceptos indefinido".
Estos comentarios... ¿son representativos de la sociedad en que vivimos? Alguien podría decir, como el ministro de Seguridad salteño, Eduardo Sylvester, que "no son policías, sino delincuentes vestidos de policías" (y por lo tanto, con este criterio, el video mostraría un episodio aislado); pero la impunidad con que se cometió el ataque en el patio de una comisaría genera la sospecha de la habitualidad de una práctica. Es más: el sexto policía detenido habló de obediencia debida: dice que lo obligaron a filmar la agresión.
Ha ocurrido en Salta, provincia que hace tiempo incorporó el 911 y las cámaras de vigilancia, que tiene Asuntos Internos y que ha elevando a rango de ministerio la secretaría de Derechos Humanos. Sin embargo, un periodista salteño, Oscar Correa, ha destacado que el video no hizo otra cosa que "poner imágenes a un relato conocido". O sea que es algo más que una "rémora de la dictadura", como describió Estela de Carlotto, de las abuelas de Plaza de Mayo.
Es bastante más. Cada cierto tiempo aparecen historias de abusos policiales y la característica es la impunidad con que se cometen, derivada de la falta de fiscalización a una fuerza de seguridad que ha impuesto el derecho a autocontrolarse y que puede caer en métodos parecidos a los de la dictadura. En los debates sobre la ley de Contravenciones, el camarista Pedro Roldán Vázquez advirtió sobre la facilidad con que en Tucumán se llegan a cometer excesos a causa de la ausencia de controles sobre procedimientos policiales. Recordó la muerte del puestero El Khalil, detenido por carecer de carnet de manejo. A eso se agrega el desinterés del mundo político: el 24 de marzo se aprobó en Tucumán, por la fecha y para conformar a Cristina, una ley contra la tortura... pero no ha sido promulgada ni reglamentada.
Lo que los comentaristas reflejan es la falta de educación en democracia de nuestra sociedad, que podría ser fácil presa de un cuerpo preparado para el exceso si la ocasión lo exigiera, aunque los funcionarios se llenen la boca con las palabras democracia y derechos humanos. Quizá se pueda aceptar la idea absurda de que un policía que no tiene pruritos en torturar defienda a la comunidad de quien él dice que es delincuente. Pero, como están las cosas, nadie protege a la comunidad del policía que se excede. Una comentarista, rosa-roja, expresó la confusión emocional que genera el video: "Me gustan los héroes en serio, esos de las historietas donde el bueno era bueno y el malo, malo. El bueno tenía valores inmutables y el malo terminaba mal. No este revuelto de conceptos indefinido".







