Victimarios de los que nadie se hace cargo

Guillermo Monti
Por Guillermo Monti 22 Julio 2012
Michael Moore escarbó en su documental "Bowling for Columbine" en lo más profundo de la sociedad norteamericana. Fue en 1999 cuando dos alumnos del secundario mataron a tiros a 13 personas en el colegio (12 compañeros y un profesor) y después se suicidaron. La película -ganadora del Oscar- expuso cómo se manipuló la opinión pública para imponer la certeza de que la música de Marilyn Manson había desatado la furia asesina de Eric Harris y Dylan Klebold.

El cardumen de sociólogos, psicólogos, políticos, líderes religiosos y comunicadores de toda laya estigmatizó al músico. Pero lo mejor del documental es el reportaje de Moore al propio Marilyn Manson. Allí, el supuesto monstruo demuestra ser infinitamente más serio, racional y ubicado que sus detractores.

Sostener que la influencia de la música -o de un villano de Batman, en el caso del que está hablando el mundo- es responsable de un hecho de esta naturaleza implica barrer la mugre bajo la alfombra. Groseramente, además.

Como si las condiciones socioculturales (por ejemplo, la libertad con la que se consiguen armas en EEUU) no vinieran al caso. O -aterrizando en Tucumán- como si no contara la realidad de miles de chicos y jóvenes sin proyecto de vida. Esos que aprietan un gatillo y nadie, pero nadie, se hace cargo. Total, la culpa es de la cumbia villera.

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