11 Junio 2012 Seguir en 
BARCELONA, España.- Una nueva costumbre refleja la crisis por la que atraviesa España: cada vez más chicos de escuelas públicas llevan su vianda, en vez de asistir al comedor escolar. Las federaciones de asociaciones de padres y madres de alumnos (AMPA) calculan que entre un 15% y un 20% las familias han prescindido del servicio de comedor escolar por motivos económicos. Los 150 euros al mes que cuesta comer en la escuela es demasiado cuando uno de los padres, o los dos (714.000 familias en 2010 según la consultora Eurostat), está desempleado.
Los datos, que proporcionó el diario español "El País", reflejan una práctica inexistente hasta ahora en las escuelas públicas primarias. Plantea además varios interrogantes a las autoridades educativas y a las asociaciones de padres, como la seguridad alimentaria, la organización de los comedores y cómo hacer con las empresas que se ganan la vida con los menús escolares.
Los últimos indicadores publicados por organismos oficiales y entidades son alarmantes respecto al efecto de la crisis sobre los niños. Unicef alertó la semana pasada de que 2,2 millones de menores españoles viven en hogares que están por debajo del umbral de la pobreza, y que esta ya afecta a más niños que adultos. En Cataluña, la Federación de Entidades de Atención a la Infancia y Adolescencia (Fedadia) ha alertado de que la desnutrición ya alcanza al 4,4% de los niños.
Ante este escenario, las dos grandes federaciones de AMPA de Cataluña le han pedido a la Generalitat (el gobierno de la comunidad) que intervenga para aclarar cómo funcionará este nuevo sistema. Hay dudas acerca de quién se hará cargo de instalar la infraestructura necesaria para conservar y calentar los alimentos, o de verificar que el menú sea nutritivo.
En España, según las asociaciones de padres, cinco de cada 14 comidas importantes de la semana se hacen en la escuela, una cifra que alcanza una gran dimensión cuando algunas entidades están alertando de que cada vez son más los niños cuya única comida completa del día es la que hacen en la escuela.
La inquietud en torno a este asunto se ha hecho patente en Cataluña, pero empieza a extenderse a nivel estatal. El presidente de la Confederación Estatal de Asociaciones de Padres de Alumnos (CEAPA), Jesús Sánchez, es muy crítico con la posibilidad de autorizar oficialmente que los chicos lleven su propia comida. "No se podría garantizar la calidad de la comida escolar como se ha conseguido, desde el punto de vista organizativo sería un caos, pero sobre todo porque el comedor es una enseña de la escuela inclusiva y compensadora de desigualdades".
Hace unas semanas, en una información a propósito de la reducción de las becas de comedor, el director de una escuela de Badalona, alertó sobre el drama que puede suponer que algunos niños no puedan comer en la escuela. "Muchos no comerán, o no harán una comida en condiciones, o comerán si su madre ha podido vender tres calcetines y tiene tres euros", advirtió Casto García ante las cámaras de televisión.
La directora de Fedaia, la entidad que alertó del aumento de menores malnutridos, Sònia Martínez, también muestra reservas ante este fenómeno. "Lo importante -dice- son los derechos de los niños. Su derecho a una alimentación sana y equilibrada que les permita crecer y rendir bien a nivel educativo". Y añade: "Si el tupper debe ser una solución para que coman bien, valorémoslo; pero si pensamos en las familias sin recursos para alimentar a sus hijos cabe preguntarse qué les podrán preparar para llevar a la escuela".
Quien defiende firmemente la inclusión del "tupper" en la escuela es la federación que agrupa a las AMPA de escuela públicas en Cataluña. Su presidente, Pere Farriol, admite que la cuestión podría poner en riesgo a las empresas que gestionan las cocinas y comedores existentes, pero asegura que en estos momentos tienen identificados muchos chicos que comen sentados en la vereda de la escuela, a falta de instalaciones para hacerlo adentro. "No buscamos acabar con las cocinas ni los comedores, que son garantía de inclusión, sino dar respuesta a los chicos cuyas familias no tienen recursos para pagar los 150 euros del comedor", aseguró Farriol. (Elpais.com-Europapress.es)
Los datos, que proporcionó el diario español "El País", reflejan una práctica inexistente hasta ahora en las escuelas públicas primarias. Plantea además varios interrogantes a las autoridades educativas y a las asociaciones de padres, como la seguridad alimentaria, la organización de los comedores y cómo hacer con las empresas que se ganan la vida con los menús escolares.
Los últimos indicadores publicados por organismos oficiales y entidades son alarmantes respecto al efecto de la crisis sobre los niños. Unicef alertó la semana pasada de que 2,2 millones de menores españoles viven en hogares que están por debajo del umbral de la pobreza, y que esta ya afecta a más niños que adultos. En Cataluña, la Federación de Entidades de Atención a la Infancia y Adolescencia (Fedadia) ha alertado de que la desnutrición ya alcanza al 4,4% de los niños.
Ante este escenario, las dos grandes federaciones de AMPA de Cataluña le han pedido a la Generalitat (el gobierno de la comunidad) que intervenga para aclarar cómo funcionará este nuevo sistema. Hay dudas acerca de quién se hará cargo de instalar la infraestructura necesaria para conservar y calentar los alimentos, o de verificar que el menú sea nutritivo.
En España, según las asociaciones de padres, cinco de cada 14 comidas importantes de la semana se hacen en la escuela, una cifra que alcanza una gran dimensión cuando algunas entidades están alertando de que cada vez son más los niños cuya única comida completa del día es la que hacen en la escuela.
La inquietud en torno a este asunto se ha hecho patente en Cataluña, pero empieza a extenderse a nivel estatal. El presidente de la Confederación Estatal de Asociaciones de Padres de Alumnos (CEAPA), Jesús Sánchez, es muy crítico con la posibilidad de autorizar oficialmente que los chicos lleven su propia comida. "No se podría garantizar la calidad de la comida escolar como se ha conseguido, desde el punto de vista organizativo sería un caos, pero sobre todo porque el comedor es una enseña de la escuela inclusiva y compensadora de desigualdades".
Hace unas semanas, en una información a propósito de la reducción de las becas de comedor, el director de una escuela de Badalona, alertó sobre el drama que puede suponer que algunos niños no puedan comer en la escuela. "Muchos no comerán, o no harán una comida en condiciones, o comerán si su madre ha podido vender tres calcetines y tiene tres euros", advirtió Casto García ante las cámaras de televisión.
La directora de Fedaia, la entidad que alertó del aumento de menores malnutridos, Sònia Martínez, también muestra reservas ante este fenómeno. "Lo importante -dice- son los derechos de los niños. Su derecho a una alimentación sana y equilibrada que les permita crecer y rendir bien a nivel educativo". Y añade: "Si el tupper debe ser una solución para que coman bien, valorémoslo; pero si pensamos en las familias sin recursos para alimentar a sus hijos cabe preguntarse qué les podrán preparar para llevar a la escuela".
Quien defiende firmemente la inclusión del "tupper" en la escuela es la federación que agrupa a las AMPA de escuela públicas en Cataluña. Su presidente, Pere Farriol, admite que la cuestión podría poner en riesgo a las empresas que gestionan las cocinas y comedores existentes, pero asegura que en estos momentos tienen identificados muchos chicos que comen sentados en la vereda de la escuela, a falta de instalaciones para hacerlo adentro. "No buscamos acabar con las cocinas ni los comedores, que son garantía de inclusión, sino dar respuesta a los chicos cuyas familias no tienen recursos para pagar los 150 euros del comedor", aseguró Farriol. (Elpais.com-Europapress.es)







