Fueron seis días de guerra y son 45 años de posguerra

06 Junio 2012

Carlos Duguech - Analista político - Especial para LA GACETA

Cuando el birmano Maha Thray Sithu U Thant , entonces secretario general de la ONU, accedió al pedido del presidente de Egipto, Gamal Nasser, para que ordenara la retirada de las fuerzas del organismo internacional (los "cascos azules") que custodiaban una endeble paz luego de la crisis del canal de Suez de 1956, no imaginó las consecuencias.

Equipado como estaba Egipto militarmente por la Unión Soviética -en plena guerra fría con todo el arco de Occidente- Israel imaginó que era necesario actuar "antes", particularmente por el bloqueo a los buques israelíes en el Golfo de Tirán, lugar estratégico. Así fue como el 5 de junio de 1967 (fecha de la que ayer se cumplió un nuevo aniversario) el Tsahal, las fuerzas del Ejército israelí, inicia una "guerra preventiva" cuya primera victoria aplastante sufrió Egipto, con su flota aérea moderna destruida en tierra. Le sigue Jordania y finalmente Siria.

Las consecuencias de la guerra: Israel ocupa militarmente el Sinaí (desocupado en acuerdos de paz Sadat-Beguin-Carter en 1978), Cisjordania y Gaza, el Este de Jerusalén y las Alturas del Golán, penetrando 15 kilómetros en la frontera siria. Moshe Dayan, el militar de un ojo con parche negro, estrena su cargo de ministro de Defensa de Israel el 1 de junio y su exitoso bautismo de fuego se concreta menos de una semana después.

Hoy, a 45 años del inicio de aquella guerra, se puede decir que diseñó un escenario como ninguna otra entre las partes: áspero, peligroso, que retroalimenta con el transcurso del tiempo su carga de injusticias, violencias y hasta de irracionalidad. De todas la guerras entre árabes y judíos, desde la creación del estado de Israel (la de 1948/9; la de 1956 -con intervención de coalición franco-británica por el canal de Suez-; la de los seis días de 1967; la de Iom Kipur de 1973, y la de Gaza de 2008 y 2009), ese país ha resultado con beneficios territoriales por encima de lo que la Resolución de "Partición de Palestina" (181/II, de 1947) dictada por la ONU ("la partera de los siameses") le asignaba, al final del régimen de mandato que ejercía el Reino Unido sobre ese territorio.

Pero lo que marca sensiblemente a una realidad ilógica y perturbadora, sin sosiego, es que 45 años después el asunto se agrava y se complica con los asentamientos sobre territorios ocupados militarmente, y el muro divisorio de cerca de 600 kilómetros, sobre el que la Corte Internacional de Justicia (CIJ), frente a una opinión consultiva, expresó que violaba el derecho internacional humanitario y de derechos humanos.

Transcurridos 45 años, las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU (Nº 242 de 1967, que ordena retirarse de los territorios ocupados y Nº 338 de 1973 que ratifica la anterior) fueron incumplidas. Y muchas otras más.

Pero lo más notable es que pese a los "Acuerdos de Oslo" (1993) son escasos los avances para la conformación del Estado Palestino. Y lo más deplorable es que el "Cuarteto para la paz en el Medio Oriente" esté conformado tan heterogéneamente y con ningún logro: representantes de la ONU, de Estados Unidos, de Rusia y de la Unión Europea.

Esta última conformación continental es representada por Tony Blair, tan criminal de guerra (sin juicios aún) como George Bush y José María Aznar, por liderar la guerra contra Irak, con muy notorias y falaces razones. Y, por otra parte, los ilógicos planteos y acciones de algunas organizaciones palestinas fundamentalistas y resistentes contra Israel, entre ellas Hamas.

Hubo una oportunidad perdida que Ronald Reagan (por EEUU) y Yitzak Shamir (por Israel) no aprovecharon en su tiempo: el 15 de noviembre de 1988, el Consejo Nacional Palestino (en el exilio, en Argelia) proclamó la independencia de Palestina aceptando la resolución de partición, lo que significaba reconocer a Israel, producto de esa resolución de la ONU. Hubo silencio cómplice de los líderes de EEUU e Israel. Hoy, todo hubiera sido distinto, con dos Estados conviviendo, sin injerencia de potencias extraregionales, que tan poco han aportado a la solución del conflicto.

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