Aullando bajito

Por Silvina Cena 18 Mayo 2012
Lo esperable ahora será que, con cada luna llena, el real Gonzalo Heredia sienta mareos y dolor de cabeza al recordar la ficción que empezó provocándole insomnio por adrenalina y terminó desvelándolo por un fracaso precoz. Cincuenta y cuatro capítulos después, "Lobo" se marchó el miércoles de la pantalla con finales felices para todos los personajes buenos, y muerte y plantones para los malvados. Si se pensaba en la despedida como una suerte de reivindicación, la esperanza fue vana. No estuvo mal el capítulo final, pero tampoco llamó la atención: confinado a un horario devaluado (en la grilla, las 23.30, pero en realidad debería decir "cuando sea que 'Soñando por cantar' termine"), consiguió unos 15,9 puntos de rating, un poquito más que los 13 que promedió en su corta vida.

Ocurrió lo que más o menos se había anunciado: Lisandro (Osvaldo Laport), que esperaba agazapado en el bosque para cazar al lobo (Heredia), termina cayendo en su propia trampa -un hilo invisible que, al pisarlo, dirige una flecha al corazón de la víctima- y muere desangrado. Primer problema resuelto. El otro gran momento crítico sucede cuando Lucas, convertido en lobo en pleno día como consecuencia de un eclipse de sol, interrumpe la boda de Ana (Vanesa González) y Andrés (Esteban Pérez) para recuperar a su amor de una vez y para siempre. Lo sorprendente es que tanto la muerte de Lisandro como el sabotaje de la ceremonia se resuelven sin suspenso, emoción ni peleas, en bloques aislados y de pocos segundos. Como si los guionistas quisieran sacarse definitivamente los conflictos de encima y pasar a la parte fácil, esa que empieza con la frase "Seis meses después..." y muestra a las parejas ya formadas y con nuevos proyectos.

Y pasó "Lobo", aullando bajito y con el rabo entre las piernas, con lo cual el prime time de El Trece queda sin ficción ("Los Únicos" ya agoniza) y enteramente entregado a los deseos de Mariano Iúdica y los soñadores. Ya llegará Marcelo Tinelli con su orquesta de polleras y escándalos, a recuperar el rebaño extraviado. Ese sí que dará el zarpazo.

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