JUNTOS A LA PAR. Leonardo abraza a su papá, quien para los hinchas de Atlético siempre será el "Correcaminos", el que se cansó de brindarles felicidad y ahora lucha por la suya. LA GACETA / FOTOS DE EZEQUIEL LAZARTE
15 Mayo 2012 Seguir en 

"Este es el partido más importante que me tocó jugar y pienso ganarlo", confiesa casi con lágrimas en los ojos Luis Reartez, el inolvidable "Correcaminos" que, por culpa de una maldita enfermedad, está alejado de los campos de juego donde cosechó tantas alegrías. "Voy a pelear hasta que no pueda más", agrega. Sabe que va a ser duro, pero confía en salir airoso, como en su época de futbolista.
La palabra sacrificio está grabada a fuego en este delantero que casi llegó por casualidad al fútbol. Con 23 años fue descubierto cuando defendía los colores del combinado de la Liga Bancaria. Llegó a Atlético y allí triunfó, especialmente por ser el verdugo de San Martín en los clásicos, ya que al anotar ocho goles se trasformó en el máximo artillero de la historia de los clásicos liguistas.
"No te imaginás cómo recibo el cariño de la gente. Vienen a mi casa a mostrarme su apoyo o me paran en la calle para darme fuerzas. Todas son palabras de aliento. Por eso estoy convencido de que me voy a recuperar. Tengo las fuerzas necesarias para ganar este partido", repite una y otra vez para dejar en claro que no se rendirá. Leonardo, su hijo de 17 años, presta atención y se enorgullece cuando escucha a su padre hablar de su carrera y él también aporta. "Mi papá es un ídolo como persona, un gran ser humano. Es un tipo que permanentemente te está hablando. Él siempre me inculca que para ganarme un lugar en el equipo lo tengo que demostrar en cada práctica y no valerme el apellido, por lo que significa él en Atlético, donde se ganó en los años que estuvo la chapa de ídolo que tiene", asegura Leonardo. "Me sorprende el cariño que tienen todos", agrega.
En un partido de la Liga, sus compañeros salieron al campo con una bandera que decía "Fuerza 'Profe' Luis Reartez" cuenta su hijo, quien no es delantero, sino un volante creativo que a veces se desempeña de doble cinco. Hoy, en el torneo de la Sexta, donde ganaron todos los partidos, ya lleva marcados cuatro goles.
Amor incondicional
Y vaya que supo ganarse ese cariño del que habla su primogénito a base de un gran esfuerzo. "Trabajaba y jugaba al mismo tiempo. Me levantaba a las 6 de la mañana para ir al banco. Salía del laburo a las 15 y después a entrenar. Las inferiores las hice en una cancha de básquet", recuerda el delantero. Y su heredero, un zurdo exquisito, reconoce en el acto la ventaja que tiene al hacer las divisiones inferiores en el "decano", donde ganó el título de Séptima la temporada pasada. "Mi papá me da siempre indicaciones. Soy habilidoso, pero él quiere que sea pícaro, atrevido, que encare", avisa "Leo".
"El club a mí me cambió la vida. Me dio muchas cosas. Primero como jugador, a pesar de que me fui cuando tenía 31 años. Después me terminó de dar todo cuando me dieron la responsabilidad de entrenar a los chicos. Estoy más tiempo en el complejo que en mi casa", recuerda con emoción.
Reartez se siente orgulloso del trabajo que realiza actualmente en el club. Leonardo Díaz, ahora en Tigre, y Patricio Vidal, en Independiente, fueron algunos de sus pollos que ahora buscan hacerse un lugar en Primera. "No pasará mucho tiempo para que los chicos de la clase 94 lleguen al plantel liguista y después en el superior", anticipó Reartez, que ya salió a la cancha para el partido más duro.
La palabra sacrificio está grabada a fuego en este delantero que casi llegó por casualidad al fútbol. Con 23 años fue descubierto cuando defendía los colores del combinado de la Liga Bancaria. Llegó a Atlético y allí triunfó, especialmente por ser el verdugo de San Martín en los clásicos, ya que al anotar ocho goles se trasformó en el máximo artillero de la historia de los clásicos liguistas.
"No te imaginás cómo recibo el cariño de la gente. Vienen a mi casa a mostrarme su apoyo o me paran en la calle para darme fuerzas. Todas son palabras de aliento. Por eso estoy convencido de que me voy a recuperar. Tengo las fuerzas necesarias para ganar este partido", repite una y otra vez para dejar en claro que no se rendirá. Leonardo, su hijo de 17 años, presta atención y se enorgullece cuando escucha a su padre hablar de su carrera y él también aporta. "Mi papá es un ídolo como persona, un gran ser humano. Es un tipo que permanentemente te está hablando. Él siempre me inculca que para ganarme un lugar en el equipo lo tengo que demostrar en cada práctica y no valerme el apellido, por lo que significa él en Atlético, donde se ganó en los años que estuvo la chapa de ídolo que tiene", asegura Leonardo. "Me sorprende el cariño que tienen todos", agrega.
En un partido de la Liga, sus compañeros salieron al campo con una bandera que decía "Fuerza 'Profe' Luis Reartez" cuenta su hijo, quien no es delantero, sino un volante creativo que a veces se desempeña de doble cinco. Hoy, en el torneo de la Sexta, donde ganaron todos los partidos, ya lleva marcados cuatro goles.
Amor incondicional
Y vaya que supo ganarse ese cariño del que habla su primogénito a base de un gran esfuerzo. "Trabajaba y jugaba al mismo tiempo. Me levantaba a las 6 de la mañana para ir al banco. Salía del laburo a las 15 y después a entrenar. Las inferiores las hice en una cancha de básquet", recuerda el delantero. Y su heredero, un zurdo exquisito, reconoce en el acto la ventaja que tiene al hacer las divisiones inferiores en el "decano", donde ganó el título de Séptima la temporada pasada. "Mi papá me da siempre indicaciones. Soy habilidoso, pero él quiere que sea pícaro, atrevido, que encare", avisa "Leo".
"El club a mí me cambió la vida. Me dio muchas cosas. Primero como jugador, a pesar de que me fui cuando tenía 31 años. Después me terminó de dar todo cuando me dieron la responsabilidad de entrenar a los chicos. Estoy más tiempo en el complejo que en mi casa", recuerda con emoción.
Reartez se siente orgulloso del trabajo que realiza actualmente en el club. Leonardo Díaz, ahora en Tigre, y Patricio Vidal, en Independiente, fueron algunos de sus pollos que ahora buscan hacerse un lugar en Primera. "No pasará mucho tiempo para que los chicos de la clase 94 lleguen al plantel liguista y después en el superior", anticipó Reartez, que ya salió a la cancha para el partido más duro.







