Vecinos podan los árboles contra la inseguridad
A dos semanas del asesinato de Gonzalo Barrionuevo, los habitantes de Buenos Aires al 1.000 tratan de combatir la delincuencia. No esperaron a que la Policía les brindara la seguridad que les faltaba, sino que ellos mismos se pusieron a trabajar. Despejaron las veredas e iluminaron la cuadra
PREVENCIÓN. Aún con la luz del día, los vecinos mantienen las luces encendidas y las veredas despejadas. LA GACETA / FOTO DE EZEQUIEL LAZARTE
10 Mayo 2012 Seguir en 

Que la zona siempre fue insegura, dicen. Y que los arrebatos en esa cuadra ya se habían convertido en moneda corriente durante los últimos meses, agregan. Sin embargo, recién después del crimen de Gonzalo Barrionuevo los vecinos de Buenos Aires al 1.000 parecen haber tomado real conciencia de la situación que les toca vivir.
A las 20.45 de hoy se cumplirán dos semanas del hecho que acabó con la vida del joven estudiante de Educación Física, a quien con tanto sacrificio habían mandado sus padres desde Santa María, Catamarca, para que pudiera cumplir su sueño de enseñar.
El jueves 26 de abril Gonzalo caminaba por Villa Alem de regreso a su casa. De repente, tres hombres a bordo de dos motocicletas los interceptaron para robarle. Como el joven se resistió, le pegaron un tiro en el pecho y se dieron a la fuga llevándose la mochila y las zapatillas de la víctima, que quedó acostada sobre la vereda mojada por la lluvia.
Iniciativa vecinal
A partir de entonces, todo cambió para las personas que viven en esa cuadra. Si antes se sentían desprotegidas, ahora no saben cómo reaccionar y acuden a todo lo que esté a su alcance para intentar resguardarse.
No esperaron a que las autoridades se acordaran de ellas, sino que inmediatamente se pusieron a trabajar. Una de las primeras medidas fue podar los frondosos y añosos árboles que disminuían la visión en las aceras. Otra de las iniciativas fue colocar lámparas en las puertas de las casas. Pero eso no parece conformarlos y están decididos a evitar otra tragedia en el barrio.
"El otro día tuvimos la primera reunión y estamos poniéndonos en contacto para contratar un servicio de vigilancia privada para que nos cuide", anuncia José Luis Conterno, un jubilado que vive a pocos metros de donde mataron a Gonzalo. El hombre explica que fue el crimen del catamarqueño lo que determinó esta actitud.
Él, por su parte, vive detrás de una puerta casi blindada y evita salir a la calle en "horarios peligrosos". Lleva 30 años en el barrio, pero señala que "recién este año se puso peor la zona". Según relata, antes de salir de su casa mira con atención para ambos lados. "Me cercioro de que no haya nadie cerca que pudiera ser un potencial peligro", expresa.
Sobre la misma vereda, un grupo de mujeres conversa y cuida a los chicos que juegan en la puerta. "Estábamos hablando de cómo cambiaron las cosas; cuando éramos chicas jugábamos todo el día en la calle y ahora nos da terror salir a la puerta", dicen (y piden que no se publiquen sus nombres por temor). "Antes de la muerte de ese chico, ya habían asaltado a tres personas", agregan. Ellas también sienten que la Policía no les brinda protección.
A las 20.45 de hoy se cumplirán dos semanas del hecho que acabó con la vida del joven estudiante de Educación Física, a quien con tanto sacrificio habían mandado sus padres desde Santa María, Catamarca, para que pudiera cumplir su sueño de enseñar.
El jueves 26 de abril Gonzalo caminaba por Villa Alem de regreso a su casa. De repente, tres hombres a bordo de dos motocicletas los interceptaron para robarle. Como el joven se resistió, le pegaron un tiro en el pecho y se dieron a la fuga llevándose la mochila y las zapatillas de la víctima, que quedó acostada sobre la vereda mojada por la lluvia.
Iniciativa vecinal
A partir de entonces, todo cambió para las personas que viven en esa cuadra. Si antes se sentían desprotegidas, ahora no saben cómo reaccionar y acuden a todo lo que esté a su alcance para intentar resguardarse.
No esperaron a que las autoridades se acordaran de ellas, sino que inmediatamente se pusieron a trabajar. Una de las primeras medidas fue podar los frondosos y añosos árboles que disminuían la visión en las aceras. Otra de las iniciativas fue colocar lámparas en las puertas de las casas. Pero eso no parece conformarlos y están decididos a evitar otra tragedia en el barrio.
"El otro día tuvimos la primera reunión y estamos poniéndonos en contacto para contratar un servicio de vigilancia privada para que nos cuide", anuncia José Luis Conterno, un jubilado que vive a pocos metros de donde mataron a Gonzalo. El hombre explica que fue el crimen del catamarqueño lo que determinó esta actitud.
Él, por su parte, vive detrás de una puerta casi blindada y evita salir a la calle en "horarios peligrosos". Lleva 30 años en el barrio, pero señala que "recién este año se puso peor la zona". Según relata, antes de salir de su casa mira con atención para ambos lados. "Me cercioro de que no haya nadie cerca que pudiera ser un potencial peligro", expresa.
Sobre la misma vereda, un grupo de mujeres conversa y cuida a los chicos que juegan en la puerta. "Estábamos hablando de cómo cambiaron las cosas; cuando éramos chicas jugábamos todo el día en la calle y ahora nos da terror salir a la puerta", dicen (y piden que no se publiquen sus nombres por temor). "Antes de la muerte de ese chico, ya habían asaltado a tres personas", agregan. Ellas también sienten que la Policía no les brinda protección.







