Es durísimo recibir el diagnóstico. Impacta, moviliza internamente; genera una opresiva mezcla de angustia, temor, ansiedad, desazón y desconcierto. María Alejandra Iglesias lo vivió en 2002, cuando le dijeron que tenía cáncer de mama. Además, hasta que se recuperó tuvo que pasar por un largo proceso debido a su desconocimiento sobre la afección, a las dificultades de su obra social (Osplad) y a la negligencia médica. Ella contó su historia en el taller "Cáncer de mama avanzado: nuevo tratamiento", que se dictó en Buenos Aires para periodistas especializados en salud, y al que asistió LA GACETA.
La charla con María Alejandra fue extensa y pormenorizada. No quiso dejar ningún detalle librado al azar. Su testimonio perseguía un único fin: alertar a las mujeres sobre los inconvenientes y la pérdida de tiempo que genera la desinformación sobre el mal.
- ¿Te detectaron el tumor en un control de rutina?
- No. Mi esposo me descubrió una dureza en el pecho. Como mi ginecóloga se había desvinculado de la obra social busqué otra. No le dio importancia. No me hizo la palpación mamaria. Volví tranquila a casa porque le había contado que yo tenía displasia mamaria (lesión benigna) y me dijo: "volvé con la mamografía del año anterior". No regresé ni quedé preocupada... - ¿No volviste a la consulta...?- No, creo que por mi falta de información. Después fui a otro ginecólogo. Tampoco me hizo la palpación clínica en la primera visita, aunque sí el Papanicolau y la colposcopia. Cuando regresé en busca de los resultados (habían pasado cuatro meses desde la primera visita) me palpó las mamas, detectó el tumor y me derivó a un mastólogo. Este me pidió estudios, pero tuve tanta mala suerte que cuando me dieron los resultados se había desvinculado de Osplad... - Perdiste mucho tiempo. - ¡Por supuesto! Y todo por no saber nada del cáncer de mama. Y eso que soy profesora de Educación Física... La cuestión es que me detectaron el tumor a mediados de 2002 y me operaron en febrero de 2003. El tumor medía 3 cm y para extirparlo me sacaron sólo un cuadrante de la mama y 15 ganglios...
- ¿Por qué no te sacaron primero el ganglio axilar centinela?
- No sé... Hace una década se hablaba poco del ganglio centinela... - Tenías metástasis...- ¡No! Pero el tumor era muy agresivo... Por eso me hicieron seis sesiones de quimioterapia, 40 de rayos, y durante cinco años estuve con terapia hormonal, que terminé hace cinco años. - ¿Cómo viviste este proceso? - Me habían operado y yo creía que estaba todo bien... Mi interés por aprender más sobre el cáncer de mama se despertó cuando fui al cirujano para que me controlara la herida de la operación y me dijo: '¡pedí el informe al patólogo y tus ganglios están bien!' No le respondí. El médico insistió: 'Alejandra, ¿escuchaste lo que te dije? ¡No tenés metástasis!' Ahí caí en cuenta... Pasó el tiempo y en 2004 me contacté con Macma (Movimiento Ayuda Cáncer de Mama) debido a unos folletos que me habían dado antes de operarme y a los que yo no les había dado importancia. - Ahí tomaste conciencia. - Recibí mucha información y contención. Tomé conciencia y me ayudaron a llevar adelante las distintas etapas de mi enfermedad y de las terapias. También sentí la necesidad de brindar apoyo a otras mujeres con cáncer de mama. Me quedé en Macma y desde 2008 soy la presidenta de la asociación. -¿Cómo te sentís ahora?- Con renovadas ganas de vivir, con la oportunidad de ver la vida de otra manera, de disfrutar de las cosas simples, de pasar más tiempo con mi marido y mis hijos, de ocuparme de las cosas en su justa medida.
-Después de tu experiencia, ¿qué consejo les das a las mujeres?
- Que hablemos del cáncer de mama porque no es mala palabra; que el temor no las paralice; que frente al diagnóstico tengan una actitud activa; que pregunten al equipo de salud todas las dudas; que pidan explicaciones y que se informen y que busquen apoyo psico-oncológico. A partir de los 20 años tienen que palparse mensualmente las mamas y las axilas para reconocer las irregularidades del tejido, y poder detectar cualquier diferencia: inflamación, nódulo, bultos, etc. A partir de los 40 deben hacerse una mamografía anual. La detección precoz y el tratamiento adecuado brindan amplias posibilidades de cura o de control de la enfermedad.
La charla con María Alejandra fue extensa y pormenorizada. No quiso dejar ningún detalle librado al azar. Su testimonio perseguía un único fin: alertar a las mujeres sobre los inconvenientes y la pérdida de tiempo que genera la desinformación sobre el mal.
- ¿Te detectaron el tumor en un control de rutina?
- No. Mi esposo me descubrió una dureza en el pecho. Como mi ginecóloga se había desvinculado de la obra social busqué otra. No le dio importancia. No me hizo la palpación mamaria. Volví tranquila a casa porque le había contado que yo tenía displasia mamaria (lesión benigna) y me dijo: "volvé con la mamografía del año anterior". No regresé ni quedé preocupada... - ¿No volviste a la consulta...?- No, creo que por mi falta de información. Después fui a otro ginecólogo. Tampoco me hizo la palpación clínica en la primera visita, aunque sí el Papanicolau y la colposcopia. Cuando regresé en busca de los resultados (habían pasado cuatro meses desde la primera visita) me palpó las mamas, detectó el tumor y me derivó a un mastólogo. Este me pidió estudios, pero tuve tanta mala suerte que cuando me dieron los resultados se había desvinculado de Osplad... - Perdiste mucho tiempo. - ¡Por supuesto! Y todo por no saber nada del cáncer de mama. Y eso que soy profesora de Educación Física... La cuestión es que me detectaron el tumor a mediados de 2002 y me operaron en febrero de 2003. El tumor medía 3 cm y para extirparlo me sacaron sólo un cuadrante de la mama y 15 ganglios...
- ¿Por qué no te sacaron primero el ganglio axilar centinela?
- No sé... Hace una década se hablaba poco del ganglio centinela... - Tenías metástasis...- ¡No! Pero el tumor era muy agresivo... Por eso me hicieron seis sesiones de quimioterapia, 40 de rayos, y durante cinco años estuve con terapia hormonal, que terminé hace cinco años. - ¿Cómo viviste este proceso? - Me habían operado y yo creía que estaba todo bien... Mi interés por aprender más sobre el cáncer de mama se despertó cuando fui al cirujano para que me controlara la herida de la operación y me dijo: '¡pedí el informe al patólogo y tus ganglios están bien!' No le respondí. El médico insistió: 'Alejandra, ¿escuchaste lo que te dije? ¡No tenés metástasis!' Ahí caí en cuenta... Pasó el tiempo y en 2004 me contacté con Macma (Movimiento Ayuda Cáncer de Mama) debido a unos folletos que me habían dado antes de operarme y a los que yo no les había dado importancia. - Ahí tomaste conciencia. - Recibí mucha información y contención. Tomé conciencia y me ayudaron a llevar adelante las distintas etapas de mi enfermedad y de las terapias. También sentí la necesidad de brindar apoyo a otras mujeres con cáncer de mama. Me quedé en Macma y desde 2008 soy la presidenta de la asociación. -¿Cómo te sentís ahora?- Con renovadas ganas de vivir, con la oportunidad de ver la vida de otra manera, de disfrutar de las cosas simples, de pasar más tiempo con mi marido y mis hijos, de ocuparme de las cosas en su justa medida.
-Después de tu experiencia, ¿qué consejo les das a las mujeres?
- Que hablemos del cáncer de mama porque no es mala palabra; que el temor no las paralice; que frente al diagnóstico tengan una actitud activa; que pregunten al equipo de salud todas las dudas; que pidan explicaciones y que se informen y que busquen apoyo psico-oncológico. A partir de los 20 años tienen que palparse mensualmente las mamas y las axilas para reconocer las irregularidades del tejido, y poder detectar cualquier diferencia: inflamación, nódulo, bultos, etc. A partir de los 40 deben hacerse una mamografía anual. La detección precoz y el tratamiento adecuado brindan amplias posibilidades de cura o de control de la enfermedad.








