Superaron las adversidades y ponen sus capacidades para combatir la delincuencia
En la Policía hay 30 cabos que son no videntes, con disminución motriz o auditiva, que se ganaron su lugar con empeño y dedicación. Son radiooperadores, administrativos o comisionistas. Vencieron los prejuicios y desde hace ocho años aportan sus virtudes y valores para enfrentar la inseguridad.
Si vencer los prejuicios que la sociedad ya de por sí tiene con las personas con capacidades especiales es difícil, ¿se imaginan cuánto debe serlo en una institución como la Policía? Ellos saben que tienen mucho para aportar a la seguridad de la provincia. Le hicieron frente a lo que para muchos es una dificultad, y de a poco se abrieron paso en la fuerza.
Tienen dificultades motrices, visuales o auditivas. Pero a la hora de enfrentar el delito, desde su lugar, son parte de un eslabón indispensable para sus compañeros. Son 30 personas con capacidades especiales que forman parte de la Policía desde hace ocho años.
En 2004 formaron un grupo que impulsó el cumplimiento en la Policía de la ley que establece la incorporación del 4% del personal a la administración pública. Ocho de ellos son no videntes, cinco tienen problemas auditivos y 17 con distinta capacidad motriz.
Pizarra y punzón Liliana Elizabeth Gabriela Naranjo es no vidente de nacimiento. Sus compañeros la llaman "Gaby", y destacan que es de las más rigurosas al exigir el cumplimiento de las tareas. "Los tengo zumbando", admite. "Es que al tener tan pocos móviles, soy exigente en el sentido de que me digan cuál es su ubicación, para poder responder más rápido ante un llamado", cuenta Naranjo.
La mujer trabaja como radiooperadora en la Regional Norte. Todas las mañanas carga en su cartera su pizarra y su punzón, con los que escribe en sistema Braille las novedades del día.
"Datos de un accidente, por ejemplo, lo tomo en Braille, y después los paso en mi computadora, que está equipada con parlantes y todo lo demás", comenta. Cuando en algún descuido la pizarra quedó en casa, recurre a su buena memoria. "Por suerte, me acuerdo de muchas cosas", comenta.
"Gaby" llegó a ser policía por una vocación hereditaria. Su padre, que falleció hace 11 años, también era miembro de la fuerza. "Desde chica me inculcaron lo que es el servicio a la comunidad. Es bueno que la gente vea que el trabajo del policía no es sólo del que está en la calle, detrás hay muchos otros, como los radiooperadores, que somos quienes los movilizamos. A veces de nuestras órdenes depende la vida de un compañero", dice.
Naranjo cuenta que tuvo que romper con un doble prejuicio. A su ceguera, le sumó el ser mujer. "En la fuerza policial hay una cuestión muy masculina. Transmitía órdenes y decían 'me manda una mujer y encima que no ve'. Fue un poco difícil pero se pudo", afirma.
"Recuerdo que una vez, cuando estaba de guardia, entró un nuevo jefe. Tenemos que pararnos y hacer el saludo 1, como indica el protocolo. Pero me quedé sentada. El jefe me dijo '¿pero usted no ve el rumbo?'. 'No', le contesté. Después me pidió disculpas. Para mí no hay saludo 1 ni juntar los talones; son los jefes los que tienen que venir y presentarse", relata.
"Los discapacitados no necesitamos que nos valoren por lo que no tenemos, sino por lo que somos", dice Luis Alberto Naranjo, hermano de "Gaby", que también integra la Policía y es no vidente.
"Cuando entramos hubo un choque social, porque la Policía tenía una mirada diferente a la nuestra; fue una experiencia nueva para los compañeros", explica el cabo de Policía. De a poco, sus colegas fueron entendiendo que el trabajo que realizaban no era diferente.
Este policía de 38 años, y cuya fortaleza principal es su hija Brenda, según destaca, afirma que mas allá de los elementos que necesitaría como no vidente, prefiere que se compren más autos y motos.
"Esto significa atender un llamado telefónico para salvar una vida, como en un accidente, o un tipo ebrio apuntando con un arma a su familia, y tener las herramientas para responder", dice el radiooperador de la Regional Norte. "Tenemos 25 comisarías a nuestro cargo, seis patrulleros y 22 motos. Es difícil. Son muchos los diablos y pocas aguas benditas", afirma.
Diseñador de cuadrículas
Cuando tenía cuatro años, Julián Ledesma perdió el brazo izquierdo en un accidente con una máquina agrícola. El policía destaca que el abogado Eduardo Ruiz, que es no vidente, fue uno de los que motorizó que se cumpla en la fuerza policial el cupo que exige la ley.
"Se fue armando el grupo. Trabajaba en la biblioteca del instituto Decroly, y quise ser parte de este proyecto", afirma. "Nos hicimos valer en cuanto a nuestras capacidades. 'Gaby', por ejemplo, es una de las mejores operadoras de la Policía, maneja las radios como muy pocas personas", comenta Ledesma.
"Todos los compañeros que he tenido me enseñaron un montón de cosas. La mejor experiencia es en la cancha", dice el cabo de Policía. Ledesma fue convocado en 2010, por sus conocimientos en informática, a formar parte del equipo que diseñó el Programa Integral de Protección Ciudadana. "Vimos la ubicación de las cámaras, la cantidad. Armamos las cuadrículas", cuenta.
"Al principio no teníamos uniforme. La gente nos veía en las comisarías y nos preguntaba qué hacíamos ahí. Estamos haciendo valer que tenemos nuestras virtudes y necesidades como cualquier otro", dice.
Entre su servicio, Ledesma también transmite la seguridad de que se puede seguir adelante. "Tengo que encontrarme en estos días con un chico al que le amputaron un brazo. Le explicaré que tendrá que vestirse más lento, hacer algunas cosas de manera distinta, pero que hay que empujar para adelante", manifiesta.
Los 30 cabos con capacidades especiales cumplen funciones de radiooperadores, telefonistas, comisionistas, administrativos. Uno incluso realiza tareas de investigación. "Son responsables, ponen mucho empeño y tienen un sentido de la responsabilidad muy destacable. Son un orgullo para la fuerza", afirma el jefe de Policía, Jorge Racedo.
Tienen dificultades motrices, visuales o auditivas. Pero a la hora de enfrentar el delito, desde su lugar, son parte de un eslabón indispensable para sus compañeros. Son 30 personas con capacidades especiales que forman parte de la Policía desde hace ocho años.
En 2004 formaron un grupo que impulsó el cumplimiento en la Policía de la ley que establece la incorporación del 4% del personal a la administración pública. Ocho de ellos son no videntes, cinco tienen problemas auditivos y 17 con distinta capacidad motriz.
Pizarra y punzón Liliana Elizabeth Gabriela Naranjo es no vidente de nacimiento. Sus compañeros la llaman "Gaby", y destacan que es de las más rigurosas al exigir el cumplimiento de las tareas. "Los tengo zumbando", admite. "Es que al tener tan pocos móviles, soy exigente en el sentido de que me digan cuál es su ubicación, para poder responder más rápido ante un llamado", cuenta Naranjo.
La mujer trabaja como radiooperadora en la Regional Norte. Todas las mañanas carga en su cartera su pizarra y su punzón, con los que escribe en sistema Braille las novedades del día.
"Datos de un accidente, por ejemplo, lo tomo en Braille, y después los paso en mi computadora, que está equipada con parlantes y todo lo demás", comenta. Cuando en algún descuido la pizarra quedó en casa, recurre a su buena memoria. "Por suerte, me acuerdo de muchas cosas", comenta.
"Gaby" llegó a ser policía por una vocación hereditaria. Su padre, que falleció hace 11 años, también era miembro de la fuerza. "Desde chica me inculcaron lo que es el servicio a la comunidad. Es bueno que la gente vea que el trabajo del policía no es sólo del que está en la calle, detrás hay muchos otros, como los radiooperadores, que somos quienes los movilizamos. A veces de nuestras órdenes depende la vida de un compañero", dice.
Naranjo cuenta que tuvo que romper con un doble prejuicio. A su ceguera, le sumó el ser mujer. "En la fuerza policial hay una cuestión muy masculina. Transmitía órdenes y decían 'me manda una mujer y encima que no ve'. Fue un poco difícil pero se pudo", afirma.
"Recuerdo que una vez, cuando estaba de guardia, entró un nuevo jefe. Tenemos que pararnos y hacer el saludo 1, como indica el protocolo. Pero me quedé sentada. El jefe me dijo '¿pero usted no ve el rumbo?'. 'No', le contesté. Después me pidió disculpas. Para mí no hay saludo 1 ni juntar los talones; son los jefes los que tienen que venir y presentarse", relata.
"Los discapacitados no necesitamos que nos valoren por lo que no tenemos, sino por lo que somos", dice Luis Alberto Naranjo, hermano de "Gaby", que también integra la Policía y es no vidente.
"Cuando entramos hubo un choque social, porque la Policía tenía una mirada diferente a la nuestra; fue una experiencia nueva para los compañeros", explica el cabo de Policía. De a poco, sus colegas fueron entendiendo que el trabajo que realizaban no era diferente.
Este policía de 38 años, y cuya fortaleza principal es su hija Brenda, según destaca, afirma que mas allá de los elementos que necesitaría como no vidente, prefiere que se compren más autos y motos.
"Esto significa atender un llamado telefónico para salvar una vida, como en un accidente, o un tipo ebrio apuntando con un arma a su familia, y tener las herramientas para responder", dice el radiooperador de la Regional Norte. "Tenemos 25 comisarías a nuestro cargo, seis patrulleros y 22 motos. Es difícil. Son muchos los diablos y pocas aguas benditas", afirma.
Diseñador de cuadrículas
Cuando tenía cuatro años, Julián Ledesma perdió el brazo izquierdo en un accidente con una máquina agrícola. El policía destaca que el abogado Eduardo Ruiz, que es no vidente, fue uno de los que motorizó que se cumpla en la fuerza policial el cupo que exige la ley.
"Se fue armando el grupo. Trabajaba en la biblioteca del instituto Decroly, y quise ser parte de este proyecto", afirma. "Nos hicimos valer en cuanto a nuestras capacidades. 'Gaby', por ejemplo, es una de las mejores operadoras de la Policía, maneja las radios como muy pocas personas", comenta Ledesma.
"Todos los compañeros que he tenido me enseñaron un montón de cosas. La mejor experiencia es en la cancha", dice el cabo de Policía. Ledesma fue convocado en 2010, por sus conocimientos en informática, a formar parte del equipo que diseñó el Programa Integral de Protección Ciudadana. "Vimos la ubicación de las cámaras, la cantidad. Armamos las cuadrículas", cuenta.
"Al principio no teníamos uniforme. La gente nos veía en las comisarías y nos preguntaba qué hacíamos ahí. Estamos haciendo valer que tenemos nuestras virtudes y necesidades como cualquier otro", dice.
Entre su servicio, Ledesma también transmite la seguridad de que se puede seguir adelante. "Tengo que encontrarme en estos días con un chico al que le amputaron un brazo. Le explicaré que tendrá que vestirse más lento, hacer algunas cosas de manera distinta, pero que hay que empujar para adelante", manifiesta.
Los 30 cabos con capacidades especiales cumplen funciones de radiooperadores, telefonistas, comisionistas, administrativos. Uno incluso realiza tareas de investigación. "Son responsables, ponen mucho empeño y tienen un sentido de la responsabilidad muy destacable. Son un orgullo para la fuerza", afirma el jefe de Policía, Jorge Racedo.







