Por Mariano Pérez de Aulate - Columnista NA
BUENOS AIRES.- La política suele tener esas paradojas. Con la salida del Procurador General luego de la denuncia que le hiciera Amado Boudou, el vicepresidente parece fortalecerse en su peor momento político. La aceptación de la renuncia de Esteban Righi resulta un mensaje muy fuerte, contundente, hacia adentro y hacia afuera del kirchnerismo. Puesta a optar, la Presidenta eligió a su vice por sobre el abogado ligado al peronismo, defensor del matrimonio "K" en alguna pasada causa judicial, funcionario de Héctor J. Cámpora, el ex presidente que fue erigido como " mito" por los jóvenes que ahora conforman la defensa del "cristinismo".
Boudou denunció al estudio jurídico de Righi por supuesto tráfico de influencias. El vicepresidente aseguró que desde ese bufete le vinieron a ofrecer servicios de lobby, cuando era titular del Anses y luego ministro de Economía, para hacerlo zafar de eventuales contratiempos judiciales. La denuncia de Boudou resulta impensable sin el respaldo de Cristina Fernández, quien no se ha expresado aún sobre el Caso Ciccone, pero habría ordenado a sus operadores cerrar filas detrás de él. Es, en definitiva, la defensa a una designación que fue de ella. En esta línea, entre dirigentes de la oposición y hombres del Derecho se sostiene que Righi recibió el embate del Gobierno porque se le achaca el pecado de no haber controlado al fiscal Carlos Rívolo, quien ha mostrado la decisión de investigar a Boudou.
Por eso ahora se habla de los desafíos y las incógnitas con las que llegaría a la Procuración Daniel Reposo, el candidato del Gobierno para reemplazar a Righi.
¿Buscará generar respeto y reconocimiento político y judicial? ¿O llegará para cumplir un rol disciplinador y para actuar más como un defensor de funcionarios en problemas que como un fiscal? (NA)









