06 Abril 2012 Seguir en 
Incondicionales. El público formaba lentamente la cola para ingresar al teatro San Martín. Amantes de la música clásica y neófitos estaban allí. Familias con niños y alumnos de la Escuela de Música convergieron para disfrutar del II Encuentro Internacional de Clarinetes, organizado por el Ente Cultural.
Se dio sala y el público tomó ubicación. Llegó la hora señalada. Tras un paréntesis de unos 15 minutos una joven fue la encargada, desde el escenario, de comunicar cambios en el programa del concierto sinfónico de clarinetes. Se anunciaba la presencia de solistas de nivel internacional y el acompañamiento de la Orquesta Estable de la Provincia. Que la cosa funcione. Ese es el título de una obra del genial cineasta Woody Allen y ese fue el propósito que asumieron los jóvenes integrantes de un cuarteto venezolano. Con aplomo y versatilidad arrancaron los primeros aplausos de la platea al interpretar obras del maestro Astor Piazzolla. Su repertorio se convirtió, por el sentimiento puesto en la interpretación y la dulzura del instrumento, casi en canciones de cuna. El bache inicial había sido subsanado por los jóvenes músicos.
Llega lo mejor
La segunda parte tenía reservada otra sorpresa. Esta vez, de las mejores. Respaldado por una formación de profesionales llegó el turno del maestro carioca Cristiano Alves. El sonido de su clarinete marcó un ritmo contagioso y convirtió al San Martín en un rincón de Río de Janeiro.
Otro de los momentos más destacados de la noche se produjo cuando el intérprete brasileño se amalgamó en un desempeño sin fisuras con la Orquesta guiada por el maestro Jeff Manookian y con la actuación de la solista Amalia Del Giudice. Aparecieron los "¡bravo!" para acompañar los aplausos.
El concierto sinfónico fue elevando su nivel hasta alcanzar un final excepcional con la interpretación del concierto para dos clarinetes y orquesta Op. 35 de Franz Krommer.
En ese punto los instrumentistas Del Giudice y Alves dieron muestra de su talento y se ganaron una ovación. Invadidos por la emoción, los clarinetistas se fundieron en un interminable abrazo.
Se dio sala y el público tomó ubicación. Llegó la hora señalada. Tras un paréntesis de unos 15 minutos una joven fue la encargada, desde el escenario, de comunicar cambios en el programa del concierto sinfónico de clarinetes. Se anunciaba la presencia de solistas de nivel internacional y el acompañamiento de la Orquesta Estable de la Provincia. Que la cosa funcione. Ese es el título de una obra del genial cineasta Woody Allen y ese fue el propósito que asumieron los jóvenes integrantes de un cuarteto venezolano. Con aplomo y versatilidad arrancaron los primeros aplausos de la platea al interpretar obras del maestro Astor Piazzolla. Su repertorio se convirtió, por el sentimiento puesto en la interpretación y la dulzura del instrumento, casi en canciones de cuna. El bache inicial había sido subsanado por los jóvenes músicos.
Llega lo mejor
La segunda parte tenía reservada otra sorpresa. Esta vez, de las mejores. Respaldado por una formación de profesionales llegó el turno del maestro carioca Cristiano Alves. El sonido de su clarinete marcó un ritmo contagioso y convirtió al San Martín en un rincón de Río de Janeiro.
Otro de los momentos más destacados de la noche se produjo cuando el intérprete brasileño se amalgamó en un desempeño sin fisuras con la Orquesta guiada por el maestro Jeff Manookian y con la actuación de la solista Amalia Del Giudice. Aparecieron los "¡bravo!" para acompañar los aplausos.
El concierto sinfónico fue elevando su nivel hasta alcanzar un final excepcional con la interpretación del concierto para dos clarinetes y orquesta Op. 35 de Franz Krommer.
En ese punto los instrumentistas Del Giudice y Alves dieron muestra de su talento y se ganaron una ovación. Invadidos por la emoción, los clarinetistas se fundieron en un interminable abrazo.







