Retrato de un hombre duro y misterioso

16 Febrero 2012
Uno de los filmes más esperados del año llegará hoy a las salas tucumanas. Se trata de "J. Edgar", la película que dirigió el gran Clint Eastwood y que narra la vida del controvertido creador del FBI J. Edgar Hoover, uno de los hombres más poderosos de Estados Unidos.

Con el protagónico de Leonardo DiCaprio, la película es una pasarela de estrellas, entra las que se encuentran Naomi Watts, Judi Dench, Josh Lucas, Dermot Mulroney y Lea Thompson.

El argumento es completamente biográfico y retrata la vida de quien comandó el FBI con mano firme por más de 50 años. Con ocho presidentes y tres guerras de por medio, Hoover libró batalla contra amenazas tanto reales como inventadas, muchas veces quebrando las reglas para mantener a salvo a sus hombres. Sus métodos eran a la vez despiadados y heroicos. Hoover era un hombre que valoraba enormemente los secretos -en particular los secretos de otros- y no temía utilizar esa información para ejercer la autoridad ante los personajes líderes de la nación.

"Mantener el personaje y luchar contra las ganas de rasgarlo y no sentirse encerrado en ese envoltorio es muy difícil. Es como estar embadurnado con miel y envuelto en un acolchado de plumas", confesó DiCaprio, quien dedicó meses a investigar el personaje para caracterizarlo. Viajó a Washington a visitar el Departamento de Justicia y una de las casas en las que vivió Hoover. También se encontró con las pocas personas que trabajaron con él y aún viven. "Quería que me contaran cómo caminaba, cómo hablaba, cómo eran sus manos, cómo era su escritorio. La investigación de estos papeles es mitad divertido y mitad desafío. Eso es lo emocionante", agregó.

Para transformarse en Hoover viejo, DiCaprio se sentó horas frente a maquilladores que le agregaron manchas en la cara, dientes amarillos y pulposos rollos de gordura.

Además, DiCaprio, que se caracteriza por salir siempre con supermodelos en la vida real, tuvo que forcejear con un hombre y después besarlo, ya que la película narra también la ambigua relación afectiva que Hoover mantuvo con uno de sus colaboradores más estrechos.

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