Tío Rico, controlado

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 30 Diciembre 2011
La Argentina se ha convertido, definitivamente, en la casa de Gran Hermano. Nadie puede salir de vacaciones sin declarar cuántos dólares (ahora también se habla de reales) se lleva del país. Hay sabuesos que esperan a los turistas en las fronteras y en los aeropuertos para constatar si, dentro de las valijas, se esfuman algunos billetes verdes. Después de un mes de fuerte consumo, el fisco pondrá nuevamente bajo la lupa los resúmenes de las tarjetas de créditos sólo para cazar dentro del zoológico monotributista a aquellos que declaran ingresos de menos. Guillermo Moreno sigue tan atento como siempre a la evolución de los precios minoristas. El secretario de Comercio Interior también afina el lápiz para que 2012 tenga la misma inflación que cierra este 2011, estimada en menos del 10%. Por si esto fuera poco, en el año nuevo los contribuyentes de impuestos declarativos tendrán que declarar ante la Dirección de Rentas, vía online, sus ingresos. La base de datos del fisco es tan sofisticada que se guarda bajo siete llaves en un edificio supervigilado que se conoce como la " Sala Cofre". En los discos rígidos de esa sala informática (cada uno tiene nombre de un científico), está el ADN de cada contribuyente. Allí, los técnicos de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) siguen, al segundo, la recaudación y el dinero que ingresa y egresa de la Argentina. De norte a sur y de este a oeste.

Pero el poder de control del Gobierno nacional no se agota en los particulares (individuos y empresas). Desde hace algún tiempo, el Poder Ejecutivo sigue de cerca la evolución de las cuentas bancarias oficiales, cajas de ahorros y hasta plazos fijos abiertos por cada uno de los gobiernos provinciales en las entidades financieras. Lo hace a través de la reseña diaria que recibe el Banco Central de las instituciones que operan en distintos puntos del país. Por si esto fuera poco, además de incluir la obligación de declarar cuántos empleados se ocupan en cada distrito subnacional, ahora el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas ha puesto en letra de molde, dentro del convenio suscripto el miércoles por la presidenta Cristina Fernández y 17 gobernadores, un anexo que formaliza el control total de las cuentas públicas provinciales.

En ese contexto, Tucumán -como el resto de las provincias que rubricaron el acuerdo fiscal para perdonar deudas durante dos años- deberá remitir a la Nación un detallado resumen sobre el modo en que administra las finanzas públicas, incluyendo los ahorros que se generan y que, en definitiva, conforman el superávit financiero. La pauta es clara: si hay perdón para los distritos endeudados, estos deben mostrar todas las cartas a la Casa Rosada. Así, la declamada autonomía o independencia financiera del poder central es sólo un deseo porque, en los hechos, nada queda fuera de la lupa kirchnerista. Ni las cuestiones políticas, mucho menos las que tienen que tienen que ver con el manejo del dinero.

Hay fundadas sospechas en el corazón del poder cristinista acerca de que los gobernadores declaran de menos la situación fiscal del distrito a su cargo. Ahora le da la oportunidad de declarar todo en un plazo no mayor a los 30 días, según el texto publicado ayer en el Boletín Oficial de la Nación. El tucumano José Alperovich no será la excepción a la regla. Tucumán debe mostrar cada peso que ha acumulado en los años de vacas gordas. Este 2011 no será distinto. Para muestra basta un botón, señala el dicho. Sólo este mes, Rentas volverá a tener una recaudación récord (superará los $ 280 millones), mientras que por transferencias coparticipables, la Nación giró unos $ 550 millones. Mucha plata. Tío Rico estará más controlado que siempre por la Nación.

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