29 Julio 2003 Seguir en 
Un matrimonio y sus dos hijos fueron violentamente atacados por tres delincuentes que los golpearon, los maniataron con alambre y luego se llevaron $ 2.000 y algunas otras pertenencias de poco valor, en lo que evidentemente fue una "entregada".
Ayer a las 3.30, los asaltantes rompieron primero el portoncito de rejas de la casa de Emilio Castelar al 2.400, donde viven Mario Nazar y Claudia Agüero, junto a sus hijos de 17 y 12 años. Luego, con un viguetín de cemento destrozaron la puerta y entraron. "Estábamos durmiendo, y cuando me asomé al pasillo me dieron dos culatazos en la cabeza. Después me patearon mientras me ataban las manos a la espalda y me pedían la plata", contó el hombre. Nazar se negó a entregar sus ahorros y el producto de una buena racha de varios días en la venta de pescados, hasta que empezaron a amenazar a su esposa y a sus hijos. "Cuando me dijeron que se iban a llevar a mi hijo más chico les dije dónde estaba todo", explicó, resignado.
El hombre está sin trabajo desde hace dos años, y hace unos meses empezó a vender pescado, aprovechando su pasión por la pesca, sus contactos en el ambiente y sus conocimientos en la materia. Con eso logró subsistir y hasta había empezado a soñar con ampliar el espectro comercial de su negocio. "Pero me dejaron sin nada, no puedo comprar ni un pescado", se lamentó.
Los ladrones estuvieron alrededor de media hora en la casa. No obstante, dejaron en su lugar los aparatos electrónicos, algunas prendas caras de vestir y otras cosas de valor. "Buscaban la plata... sabían que el domingo vendí hasta el último pescado", dijo y afirmó que está convencido de que algún conocido les pasó el dato a los maleantes.
Ayer a las 3.30, los asaltantes rompieron primero el portoncito de rejas de la casa de Emilio Castelar al 2.400, donde viven Mario Nazar y Claudia Agüero, junto a sus hijos de 17 y 12 años. Luego, con un viguetín de cemento destrozaron la puerta y entraron. "Estábamos durmiendo, y cuando me asomé al pasillo me dieron dos culatazos en la cabeza. Después me patearon mientras me ataban las manos a la espalda y me pedían la plata", contó el hombre. Nazar se negó a entregar sus ahorros y el producto de una buena racha de varios días en la venta de pescados, hasta que empezaron a amenazar a su esposa y a sus hijos. "Cuando me dijeron que se iban a llevar a mi hijo más chico les dije dónde estaba todo", explicó, resignado.
El hombre está sin trabajo desde hace dos años, y hace unos meses empezó a vender pescado, aprovechando su pasión por la pesca, sus contactos en el ambiente y sus conocimientos en la materia. Con eso logró subsistir y hasta había empezado a soñar con ampliar el espectro comercial de su negocio. "Pero me dejaron sin nada, no puedo comprar ni un pescado", se lamentó.
Los ladrones estuvieron alrededor de media hora en la casa. No obstante, dejaron en su lugar los aparatos electrónicos, algunas prendas caras de vestir y otras cosas de valor. "Buscaban la plata... sabían que el domingo vendí hasta el último pescado", dijo y afirmó que está convencido de que algún conocido les pasó el dato a los maleantes.
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