Hay varios perfiles en el agresor. Por un lado, manejan una dualidad, una doble cara. Son personas reconocidas, que tienen un prestigio y su entorno tiene los mejores conceptos de él. En las situaciones de violencia, hay un abuso de poder, y como tal es una relación asimétrica. En esa relación hay un objetivo claro, un destinatario: la mujer, que es víctima de ese abuso de poder en sus distintas formas de violencia.
Por eso muchas veces se descree de las víctimas. Se dice que son buenos padres, que pueden serlo, pero pésimos maridos. A veces se los escucha decir "ella es el amor de mi vida", y es probable que sí lo sea. Su estructura de personalidad hace que se genere una relación dependiente, emocionalmente hablando, que faltándole ese objeto de amor siente que se desequilibran. Por eso tiene esos comportamientos compulsivos y no puede parar de hostigarla.
Muchas veces, estas situaciones de violencia se dan en la intimidad, donde no son partícipes los hijos. Para ellos muchas veces no es visible. Pero tenemos familias con un sesgo patriarcal, donde la violencia de género está naturalizada. Lo que tal vez para los hijos hayan sido conflictos cotidianos, para la mujer fueron situaciones de padecimiento. Hay otros casos en que los hijos son llevados a ser sostenedores de la violencia del padre. Si te repiten que tu mamá no sirve, que no hace nada, que vive saliendo, los chicos internalizan la situación, y ellos mismos se transforman en sostenedores de la palabra del padre.