Última oportunidad para salvar al euro

Hoy será un día clave para la Unión Europea. En la cumbre de Bruselas, Alemania y Francia intentarán nuevamente convencer a las demás naciones europeas de que es imprescindible una mayor unión fiscal del bloque. Si ello no ocurre, Merkel y Sarkozy ya dijeron que optarán por un nuevo Tratado de Lisboa, pero sólo para 17 de los 27 países de la UE

09 Diciembre 2011
BRUSELAS.- Los líderes europeos se reunirán hoy en Bruselas para buscar una salida a la acuciante crisis financiera en medio de continuos pero resistidos esfuerzos de Alemania y Francia para salvar la moneda común y a la gran banca europea mediante una reforma institucional profunda.

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, dijo que el encuentro será la última oportunidad para evitar un colapso del euro, pese a que la canciller alemana, Angela Merkel, admitió poco después que la crisis de deuda de la Eurozona tomará años en solucionarse del todo y no se superará "en un solo paso".

En vísperas de la esperada cumbre, Sarkozy y Merkel buscaron el apoyo a sus planes de sus pares los jefes de Estado y de Gobierno que pertenecen también al centroderechista Partido Popular Europeo (PPE) durante el Congreso de la agrupación en el sur de Francia.

"Cuanto más tardemos, más costosa y menos productiva será la solución", dijo Sarkozy a los dirigentes del partido, la principal fuerza del Europarlamento, durante el encuentro en Marsella. "Si no llegamos a un acuerdo el viernes, no habrá una segunda oportunidad", advirtió.

Con un tono menos apocalíptico, Merkel afirmó minutos después en el mismo foro que la crisis del euro tardará años en resolverse definitivamente, pero prometió que la cumbre de Bruselas acabará con soluciones. "Necesitamos más, no menos Europa. Pero la crisis no se termina de golpe. Lo que ha surgido en las últimas décadas no se puede superar en un solo paso", sostuvo la canciller alemana. La UE se encuentra bajo fuerte presión de los mercados y de sus socios económicos de todo el mundo para dejar atrás, de una vez por todas, una crisis de deuda de dos años que ya obligó a rescatar a Grecia, Portugal e Irlanda, y que amenaza a economías más grandes como las de Italia y España.

En el centro de la urgencia se hallan los bancos europeos, sobre todo los alemanes y franceses, los mayores tenedores de bonos de los endeudados países de la Eurozona y que ahora enfrentan serios problemas en caso de un default de esas naciones.

La agencia calificadora Standard & Poor's elevó sus presiones sobre Europa al amenazar con rebajar la nota de la deuda de toda la UE en su conjunto, que ostenta la preciada AAA desde 1976, y la de los grandes bancos del continente. Antes, S&P había advertido sobre una posible rebaja de la calificación individual de 15 de los 17 países que usan el euro, incluyendo los seis que tienen AAA, entre ellos Alemania y Francia. Enfrentados a esta amenaza, Merkel y Sarkozy propusieron esta semana reforzar los controles presupuestarios y centralizar la toma de decisiones económicas mediante un cambio en el Tratado de la UE.

Si alguno de los 27 países no acepta adaptar el Tratado de Lisboa, que demandó ocho años en ser negociado, para avanzar hacia una mayor unión fiscal del bloque, Merkel y Sarkozy ya dijeron que optarán por un nuevo Tratado para los 17 países de la Eurozona.

Países que no forman parte del euro, como el Reino Unido o Suecia, temen que este escenario futuro los deje afuera del proceso de toma de decisiones que tendrán un fuerte impacto sobre todo el bloque en su conjunto.

La propuesta franco-alemana prevé sanciones automáticas para países que infrinjan el límite de déficit del 3% del PBI y un techo del 60% del PBI de deuda pública, un impuesto común para las corporaciones, un gravamen a las transacciones financieras y regulaciones a los mercados laborales de los estados miembros.

El presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, sostiene que hay una forma más fácil de imponer una mayor disciplina fiscal, que es enmendar la reglas ya existentes sobre endeudamiento que se aplican a las 17 naciones del euro. Van Rompuy dice que esto ahorrará a los líderes europeos el más accidentado camino de tener que requerir que cada país de la UE apruebe un nuevo Tratado con votaciones de ratificación en los parlamentos nacionales, un proceso que tardaría meses.

Estas diferencias y otras -como incluir o no las sanciones automáticas- tienen el potencial de demorar cualquier acuerdo entre los gobernantes europeos, que esperaban alcanzarlo al final de su cumbre en Bruselas, que arrancó formalmente anoche con una cena. (Télam-DPA)

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