24 Julio 2003 Seguir en 
"Hace cuatro años mi vida quedó destrozada. Pero por mis hijos seguí adelante. Ahora, con un poco menos de dolor, siento otra vez que no voy a poder. Volvieron a destruirme". Con estas palabras María de los Angeles Lizárraga, la viuda del taxista Miguel Mamaní, asesinado en noviembre del 1999, graficó el momento que vive. Luego de la muerte de su marido, la mujer, por orden del gobernador Julio Miranda, fue contratada como ecónoma en la cárcel de mujeres, pero ayer le comunicaron que su contrato no iba a ser renovado, por lo que quedará sin trabajo.
"No entiendo por qué me hicieron esto, si yo cumplía con todo lo que me pedían. Lo que pasa es que como llega un nuevo gobierno todos quieren poner a su propia gente", aseguró la mujer.
Mamaní fue asesinado mientras trabajaba con su taxi. Tres adolescentes lo abordaron, y lo mataron a balazos. El hecho causó profunda conmoción. A partir de ese ataque, los tucumanos conocieron a uno de los delincuentes más peligrosos de los últimos tiempos: "Huguito", que ahora tiene 20 años y está internado en un sanatorio, reponiéndose de una herida de bala en la cabeza. Nunca hubo juicio, ya que los tres acusados eran menores.
"Desde que el gobernador me dio trabajo, yo todos los meses firmaba un contrato. Trabajaba todos los días, de lunes a viernes, y los fines de semana intercalados. Nunca tuve un problema, hasta que asumió la nueva jefa del penal", denunció Lizárraga.
La mujer tiene dos hijos, Cristian, de 17 años y Noelia, de 15, a quienes mantenía con los $ 450 que ganaba. "No sé qué voy a hacer ahora. Estoy desesperada. Lo único que pido es que si me dan otro trabajo en el Gobierno sea en forma permanente y no contratada, para poder planificar el futuro de mi familia", aseguró. Lizárraga ni siquiera puede vender el Peugeot 504 del taxista, ya que está en sucesión.
Informe demoledor
El director de Institutos Penales, Raúl Pereyra, negó los dichos de Lizárraga. "Recibí un informe de la directora del penal (Emilia Somoza), en el cual se especificaba que ella no iba a trabajar, no entregaba la llave del armario de los víveres y tenía muchos problemas con las internas. Yo cumplí órdenes del ministro de Gobierno (Manuel Pedernera), quien me dijo que el que no trabajara se tenía que ir, y así pasó en este caso", indicó.
"La mentira del poder siempre aplasta a los más humildes -dijo Lizárraga-. Yo quiero trabajar. Es la única forma en la que mis hijos puedan seguir viviendo dignamente".
"No entiendo por qué me hicieron esto, si yo cumplía con todo lo que me pedían. Lo que pasa es que como llega un nuevo gobierno todos quieren poner a su propia gente", aseguró la mujer.
Mamaní fue asesinado mientras trabajaba con su taxi. Tres adolescentes lo abordaron, y lo mataron a balazos. El hecho causó profunda conmoción. A partir de ese ataque, los tucumanos conocieron a uno de los delincuentes más peligrosos de los últimos tiempos: "Huguito", que ahora tiene 20 años y está internado en un sanatorio, reponiéndose de una herida de bala en la cabeza. Nunca hubo juicio, ya que los tres acusados eran menores.
"Desde que el gobernador me dio trabajo, yo todos los meses firmaba un contrato. Trabajaba todos los días, de lunes a viernes, y los fines de semana intercalados. Nunca tuve un problema, hasta que asumió la nueva jefa del penal", denunció Lizárraga.
La mujer tiene dos hijos, Cristian, de 17 años y Noelia, de 15, a quienes mantenía con los $ 450 que ganaba. "No sé qué voy a hacer ahora. Estoy desesperada. Lo único que pido es que si me dan otro trabajo en el Gobierno sea en forma permanente y no contratada, para poder planificar el futuro de mi familia", aseguró. Lizárraga ni siquiera puede vender el Peugeot 504 del taxista, ya que está en sucesión.
Informe demoledor
El director de Institutos Penales, Raúl Pereyra, negó los dichos de Lizárraga. "Recibí un informe de la directora del penal (Emilia Somoza), en el cual se especificaba que ella no iba a trabajar, no entregaba la llave del armario de los víveres y tenía muchos problemas con las internas. Yo cumplí órdenes del ministro de Gobierno (Manuel Pedernera), quien me dijo que el que no trabajara se tenía que ir, y así pasó en este caso", indicó.
"La mentira del poder siempre aplasta a los más humildes -dijo Lizárraga-. Yo quiero trabajar. Es la única forma en la que mis hijos puedan seguir viviendo dignamente".
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