19 Julio 2003 Seguir en 
Aunque las obras públicas (pequeñas, medianas o grandes) siguen sin aparecer, la construcción en la provincia va recuperando un nivel aceptable de actividad, después de la gran crisis. El sostén de la mayoría de los trabajos es el sector medio-alto, que hace construir en los countries y barrios privados, en las zonas veraniegas o vacacionales, y en Yerba Buena, entre otros lugares.
Según señaló Antonio Viola, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, filial Tucumán, otro de los aspectos que denota la existencia de una incipiente recuperación es el hecho de que se están terminando varios edificios ubicados entre las cuatro avenidas de la capital que estuvieron paralizados durante muchos meses después de la devaluación.
En los countries y barrios privados, según señaló José Luis Fernández, el ritmo de construcción es "bueno o muy bueno". El arquitecto consideró que la situación en ese sector tiende a mantenerse y hasta podría mejorar en los próximos meses, debido a la importante venta de lotes que se viene realizando desde principios de año. Un terreno de 800 a 1.200 metros cuadrados se cotiza en esos complejos a entre $ 80.000 y 120.000.
El sector medio, por su parte, debe conformarse con refaccionar o ampliar su vivienda (en el mejor de los casos), lo que beneficia directamente al pequeño contratista. En este escenario, las que siguen paralizadas son las grandes empresas constructoras (las que ocupan mayor cantidad de personal), que son las que se ocupan de las obras públicas o de la construcción de barrios de viviendas para los sectores medio-bajos.
Destacó Viola que las familias que no pueden acceder a la vivienda propia ni mejorar la que poseen son aquellas que viven de salarios (públicos o privados). "Los ingresos familiares se achicaron después de la convertibilidad y los préstamos les resultan inaccesibles, ya sea porque no tienen capacidad de pago o porque las tasas de interés aún no resultan razonables", explicó.
El déficit de viviendas en la provincia, de acuerdo con estimaciones del titular de la Cámara Tucumana de la Construcción, Oscar Mirkin, es de aproximadamente 120.000 unidades. "La carencia de viviendas es consecuente con la cantidad de comprovincianos que están por debajo de los índices de pobreza, unos 600.000, considerando que cada techo cobija a unas cinco personas", observó el empresario.
Plan para adjudicatarios de escasos recursos
Pese a que la actividad de la construcción privada puede mantener su ritmo de actividad en los sectores medios y altos, la obra pública de viviendas para los sectores medio-bajos y bajos sigue sin aparecer. "Construir barrios para los millones de argentinos de escasos recursos es la pata que le falta al taburete de nuestra actividad", dijo a LA GACETA el presidente del Consejo Nacional de la Vivienda, Hugo Nelson Agüero, antes de presentar a los empresarios tucumanos el Fondo Fiduciario Federal (FFF).
Dicho fondo se propone concretar una mayor masa coparticipable con el apoyo de los gobiernos de provincias, para construir viviendas en todo el país. En este sentido -detalló Agüero- se apunta a figuras como el fideicomiso y la aseguradora de hipotecas, que están en el mercado internacional desde hace varias décadas.
Como el FFF cuenta actualmente con sólo $ 600 millones (tenía antes de la devaluación U$S 900 millones), el Consejo propone crear una cartera social (con fondos públicos) y otra hipotecaria, lo que posibilitaría emitir títulos a colocarse en el mercado para que el sistema se autofinancie.
Según señaló Antonio Viola, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, filial Tucumán, otro de los aspectos que denota la existencia de una incipiente recuperación es el hecho de que se están terminando varios edificios ubicados entre las cuatro avenidas de la capital que estuvieron paralizados durante muchos meses después de la devaluación.
En los countries y barrios privados, según señaló José Luis Fernández, el ritmo de construcción es "bueno o muy bueno". El arquitecto consideró que la situación en ese sector tiende a mantenerse y hasta podría mejorar en los próximos meses, debido a la importante venta de lotes que se viene realizando desde principios de año. Un terreno de 800 a 1.200 metros cuadrados se cotiza en esos complejos a entre $ 80.000 y 120.000.
El sector medio, por su parte, debe conformarse con refaccionar o ampliar su vivienda (en el mejor de los casos), lo que beneficia directamente al pequeño contratista. En este escenario, las que siguen paralizadas son las grandes empresas constructoras (las que ocupan mayor cantidad de personal), que son las que se ocupan de las obras públicas o de la construcción de barrios de viviendas para los sectores medio-bajos.
Destacó Viola que las familias que no pueden acceder a la vivienda propia ni mejorar la que poseen son aquellas que viven de salarios (públicos o privados). "Los ingresos familiares se achicaron después de la convertibilidad y los préstamos les resultan inaccesibles, ya sea porque no tienen capacidad de pago o porque las tasas de interés aún no resultan razonables", explicó.
El déficit de viviendas en la provincia, de acuerdo con estimaciones del titular de la Cámara Tucumana de la Construcción, Oscar Mirkin, es de aproximadamente 120.000 unidades. "La carencia de viviendas es consecuente con la cantidad de comprovincianos que están por debajo de los índices de pobreza, unos 600.000, considerando que cada techo cobija a unas cinco personas", observó el empresario.
Pese a que la actividad de la construcción privada puede mantener su ritmo de actividad en los sectores medios y altos, la obra pública de viviendas para los sectores medio-bajos y bajos sigue sin aparecer. "Construir barrios para los millones de argentinos de escasos recursos es la pata que le falta al taburete de nuestra actividad", dijo a LA GACETA el presidente del Consejo Nacional de la Vivienda, Hugo Nelson Agüero, antes de presentar a los empresarios tucumanos el Fondo Fiduciario Federal (FFF).
Dicho fondo se propone concretar una mayor masa coparticipable con el apoyo de los gobiernos de provincias, para construir viviendas en todo el país. En este sentido -detalló Agüero- se apunta a figuras como el fideicomiso y la aseguradora de hipotecas, que están en el mercado internacional desde hace varias décadas.
Como el FFF cuenta actualmente con sólo $ 600 millones (tenía antes de la devaluación U$S 900 millones), el Consejo propone crear una cartera social (con fondos públicos) y otra hipotecaria, lo que posibilitaría emitir títulos a colocarse en el mercado para que el sistema se autofinancie.







